CAPÍTULO 1

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Draco Lucius Malfoy Black, aquel chico cruel, arrogante, con aquellos ojos grises llenos de prepotencia, bello cabello rubio con un brillo extravagante había desaparecido, no quedaba ni la sombra de lo que alguna vez había sido, ahora parecía un terrible cuerpo sin vida, más delgado que nunca, más pálido de lo normal, sus ojos vacíos, nada quedaba en él.

Dos meses habían pasado de aquella guerra, todo volvía a la normalidad, todos debían regresar a Hogwarts a terminar o continuar sus estudios, aunque él por obvias razones no quería hacerlo, pero su madre termino por convencerlo, argumentando que no tenía nada de qué avergonzarse, ya que solo él sabía lo que en realidad había pasado, solo él podía juzgarse.

Era el primer día, todos estaban en los comedores, desayunando, hablando con sus amigos, excepto él, a pesar de que sus amigos no lo habían abandonado su expresión triste y melancólica no había cambiado en lo absoluto.

Por otro lado estaba Harry, más brillante y sonriente que nunca, la guerra también había logrado cambiarlo, ahora ya no era el mismo chico temeroso y torpe de siempre, ahora era seguro de sí mismo y tal vez, según su amiga castaña un poco arrogante. Se encontraba aun en su habitación, esperando que Ron, su mejor amigo, se decidiera a salir del baño.

-¡vamos, apúrate!- volvió a tocar la puerta con más fuerza que antes- si no te apresuras se va a acabar la comida- gruñó con molestia.

-¡agh!, eres muy molesto, Harry- por fin su mejor amigo había salido del baño.

-Hermione nos matará- tomó su varita y salió de la habitación lo más rápido posible

Mientras el trio de oro caminaba por los pasillos hacia el gran comedor, tres miembros de Slytherin se encargaban de sus propios problemas

-vamos Draco tienes que comer algo- hablo una molesta Pansy, quien ahora parecía más su madre que su amiga.

-ya te dije que no tengo hambre- murmuró el rubio levantándose de su lugar- con permiso- dijo para luego dirigirse a la salida.

-eres realmente terco, amigo- se acercó Blaise rápidamente, para así salir con él a paso lento.

Continuaron su camino en silencio por los pasillos del castillo, su caminar era lento demasiado a decir verdad, pero no porque no quisieran ir más rápido, sino porque el estado en el que se encontraba Draco en estos momentos era deplorable, sentía que a cada paso sus piernas se quebrarían. Mientras seguían un largo camino hasta su salón de pociones, al dar la vuelta en una esquina, se encontraron con los tres Gryffindor.

-¡vaya!, veo que tuviste tu merecido, hurón- mencionó el peli-rojo con desprecio en cada palabra.

-déjalo en paz, Weasley- se adelantó Blaise listo para golpearlo si era necesario.

-vámonos, Blaise- habló quedito el rubio.

-¿tienes miedo?- preguntó con burla Harry- ¿Dónde está tu padre para que te defienda?- soltó una fuerte carcajada.

-¿hay algún problema, Draco?- llegó rápidamente Pansy posicionándose al lado de su amigo el rubio- ¿Qué quieren idiotas?- mencionó con molesta al ver la mirada llena de tristeza de su mejor amigo.

-¡oh no! Nosotros no queremos nada de un Mortífago- dijo Harry y miró a Draco con una mueca de asco.

-¡él no es un Mortífago!- gritó Blaise con enojo.

-pues la marca que tiene en el brazo dice todo lo contrario- agregó Ron.

-vámonos, por favor- susurró Malfoy para luego caminar lo más rápido que daban sus piernas.

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