Capítulo 24: La charla del día antes de irse

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La razón por la que Dale dejaba el trabajo y decidió marcharse de viaje fue algo que tenía que pasar sin importar qué. Su abrigo bueno de cuero se le estaba quedando justo a pesar de ser un equipo de protección excelente.
-Mmm... Supongo que aún tengo que crecer...
No lo entendía del todo pero así era. El abrigo estaba hecho un poco más grande y para adaptarlo se usaban cinturones, por eso, le había encantado usarlo durante años, pero, al parecer, ya estaba en su límite.
-Llevar una armadura normal después de tanto tiempo también es un fastidio... De todos modos hace tiempo que no vuelvo... Supongo que iré a por uno nuevo...-Fue este pequeño monólogo el que lo empezó todo.

Normalmente, iba a la capital usando dragones voladores pero esta vez, a petición propia, galopó a caballo hasta allí. La distancia entre Kroix y la capital real era de mínimo tres días a caballo y de, aproximadamente, una semana si llevabas carruaje y demás, sin embargo, él llegó a la capital en tan sólo dos días. Su caballo estaba completamente exhausto. Dale había usado hechizos mágicos para hacerle recuperar el aguante en intervalos regulares mientras lo montaba. Era un método que sólo los magos podían usar y también era un método bastante cruel.
Se había puesto en contacto con la familia del duque con antelación pero era totalmente imposible conseguir una audiencia inmediatamente. Normalmente, cuando Dale se quedaba en la capital solía usar una habitación en casa del duque pero, esta vez, alquiló su propio aposento.
El hecho de que tenía un contrato significaba que necesitaba la aprobación del duque para irse de Kroix por asuntos personales. SI tan sólo fuera para un par de días no sería necesario de conseguir la aprobación, sin embargo, su pueblo natal estaba en la frontera del reino Raband.
Para llegar allí ya se tardarían varias semanas. Era un viaje que acabaría durando más de un mes.
Siendo así, Dale ya se lo había comunicado al duque por carta. No hay nada por lo que podrían rechazarle el viaje, pero en el contrato especificaba que tenía que verse directamente y en persona con el duque. A pesar de que él pensaba que era un fastidio, la razón por la que había vuelto a la capital era por la aprobación para volver a casa.
-Latina también necesita cosas para el viaje.-Pensaba Dale caminando con los hombros caídos por la capital.-Estaría bien si tuviese una capa para chicas. A Latina le gusta el rojo y el rosa. Sería una pena que fuese algo demasiado aburrido... Las armaduras mágicas no sólo tienen el poder de defender sino que también son difíciles de manchar, con lo que es práctico... Sí, derrochar en la armadura de Latina no es algo nada para nada. ¡Sí!
Como es obvio de la capital con el mayor poder, en Raband había más variedad de objetos en comparación con Kroix. Se podía notar con sólo mirar a los escaparates de las tiendas. Por eso, había muchos objetos con precios distintos.
-Una mochila y... En cualquier caso, sería mejor que tuviese una varita para protegerse... y también...-Dale murmuraba sus pensamientos en voz alta inconscientemente.
-Vaya, ¿no eres Dale? ¿Qué tal? ¿Trabajo?
Exacto, una cara conocida le llamaba. Dejando ver la nuca llevaba el pelo elegante cabello rubio recogido, seguramente porque era plenamente consciente de sus encantos, su vestimenta era tan interesante y algo lasciva. Era el tipo de ropa que las otras mujeres sabían que sólo podían llevar aquellas con seguridad con su figura. La que lo llamaba era una persona con buena figura a la que llamaban: la hermosa mujer de ojos azules.
-Hermine, eh.
-Pero no he oído hablar de algún trabajo por el que te pudieran llamar... ¿Hay alguna buena historia por esto?
-Sólo he venido de compras.
Dale no frunció el ceño abiertamente pero estaba sudando por dentro pues se le daba bastante mal ocuparse de esta persona. Hermine era alguien que no dudaba en usar el hecho de que es una mujer como arma. Él también tenía un mal recuerdo pasado. Un pasado que quería olvidar.
A la mujer se le daba bien usar magia por lo que los habían puesto juntos en bastante ocasiones pero, no eran tan cercanos como para saber lo que les gustaba y lo que no.
-¿De compras?
Aunque Hermine simplemente le sonreía, Dale estaba preparado para lo peor.
Quería preparar lo mejor que pudiese para Latina. Sin embargo, aunque podía usar magia, él era un guerrero que se centraba en ataques físicos, no tenía mucha confianza en preparar los objetos necesarios para magos, por lo que pedirle a esta excelente que le ayudase, seguramente, sería lo mejor, todo por el bien de Latina.
Dale le sonrió a Hermine.
-Mira que encontrarme con Hermine aquí, qué suerte tengo. Si no tienes nada que hacer, ¿por qué no te vienes conmigo de compras?
-Vaya, qué raro que seas tú el que invita.
-No lo creo.
-Bueno, vamos.
Para Dale incluso sus risitas que parecían cascabeles le sonaban como gruñidos de algún tipo de zorro grande o algo. En cualquier caso, decidió hacer lo mejor que pudiese mientras se grababa la cara sonriente de su adorable Latina, su hija, en la mente.

El dios principal del reino de Raband era Ahmar, el dios rojo, el dios de la guerra. Por eso, el ejército que el rey y la princesa tenían era algo bastante substancial a pesar de no tener un nivel como el de un país centrado en el ejército.
La tienda que Hermine recomendó parecía ser una tienda de ropas para magos con una variedad de colores y diseños en el expositor. En efecto, hasta Dale que no estaba informado sobre el equipo para magos podía darse cuenta que los bienes de la tienda tenían un diseño exquisito.
En vez de protegerse el cuerpo con una armadura pesada, los magos que carecen de aguante y fuerza física prefieren usar ropa mágica con un alto poder defensivo al añadirle fuerza mágica. Seguramente era la armadura más apropiada para una niña tan joven como Latina.
-¿Dale? Estás mirando a uno muy pequeño, ¿no?
-Es porque me han pedido que venga a comprarle algo a la hija de un conocido. Pensaba que te lo había dicho.
-Sí, me lo has dicho. No obstante, pareces sorprendentemente entusiasmado para esta tarea.
Dale mostró una sonrisa forzada ante la suave risa de Hermine. Kenneth y Gregor, un amigo suyo, le habían dicho que de alguna manera, últimamente, cada vez que pensaba en Latina su expresión se suavizaba y aflojaba.
En esos momentos, su mayor debilidad era Latina. Si no quería que esa zorra acabase sabiendo sobre Latina, tenía que evitar contárselo a toda costa.
-¡No puedo con esto! ¡Esta de aquí no está mal, pero no paro de pensar que Latina estaría más mona con esa de allí...! Estoy escogiendo esto para Latina, no puedo evitar tenerla en la cabeza e imaginarme cosas es una acción involuntaria. –Pensaba Dale.-En realidad, en comparación con el de antes... Este parece mucho mejor... Parece que será fácil decidirme... Mmm...
-Eso no está mal, pero si es para una niña, te recomiendo ese de allí. Es un poco caro pero es porque lo han hecho para que sea difícil ver que es una herramienta mágica desde fuera.
Dale, que estaba inmerso en sus propios pensamientos, se dio la vuelta al oír la voz de Hermine. Tenía una capa con un diseño más simple que el que Dale tenía en mente.
La mujer se lo paso con cuidado y él lo examinó con cautela. Al parecer le habían puesto la fórmula de protección en las costuras. El material de fuera era simple pero, hasta la costura era de un matiz brillante, parecía como algo que le gustaría a una chica.
-Una niña llevando algo como una capa mágica es casi como si estuviera diciendo: "por favor, secuéstrame", ¿sabes? Es como decir: "así de rica soy". Por eso, han hecho esta para que no lo parezca.
-Claro...
-De lo contrario, no obstante, no importa donde mires, hay capas mágicas y objetos por todos lados. Ese tipo de capas son las que llevan los nobles ricos para que la gente de su alrededor sepa qué son. "A pesar de lo joven que es, este niño ya tiene talento" o "nuestra familia puede hacer que su hijo lleve algo así puesto", cosas así.-Acabo de hablar soltando una risa elegante mezclada con una pizca de veneno.
-¿Buscas algo para una chica?
-¿Qué dices de sopetón?
Su corazón dio un vuelco ante sus palabras que no venían a cuento, pero Dale consiguió responder rápidamente con esa otra pregunta luchando porque su expresión no le delatase. Sin embargo, Hermine le confesó como si nada que le había engañado.
-O sea, has aceptado muy deprisa la que te acabo de dar. Si fuera para un chico habrías evitado algo tan mono, ¿no?
Dale un sudor frío volvió a recorrerle la espalda por segunda vez.
Cuando Dale acabo de comprar lo último que necesitaba, la varita, ya había acabado soltando toda la información sobre Latina además de su nombre a Hermine que no dijo nada y que tampoco interrogó a Dale directamente.
Tras acabar las compras, mientras se despedían, Hermine dijo lo siguiente:
-Bueno, Dale. A la próxima preséntame a esa chica, ¿vale? Dado que puede controlar la magia a tan corta edad, como maga, tengo mucho interés.
Mientras Dale veía la espalda de Hermine alejarse entre risas y moviendo la mano, se preguntó a sí mismo:
-Por supuesto, si hubiese estado solo no habría podido comprar todo lo que quería, aun así, me pregunto por qué no puedo asegurar que esta haya sido la mejor opción.
Y así, el joven sintió un indescifrable sentimiento de derrota.

Por  mi hija, lucharé hasta contra el peor de los enemigos¡Lee esta historia GRATIS!