Capítulo 8

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A Louis le importa lo que la gente piense de él pero de repente también le importa Harry.

Louis odia tener miedo, por lo que ahora con su espalda pegada a las taquillas eso no cambia. Louis tiene miedo y lo odia. Y todo es saliva siendo tragada con dificultad, un nudo en la garganta que parece burlarse de él no dejándole respirar ni hablar, sus ojos abiertos mostrando patéticamente el terror que siente y dos sonrisas malévolas y ojos brillantes mirándole de cerca.

Y todo es negro y tonos de gris y rojo oscuro filtrándose, y bordes quebradizos. Porque al final Louis es solo paredes agrietadas, suelos tambaleantes y cuadros rotos. Y por un segundo añora los colores de Harry, su estabilidad, su calidez, su seguridad algo que le recuerda que Harry seguramente le odia, y por otro pequeño segundo eso se siente como algo demasiado doloroso al menos hasta que un puño impacta contra su rostro y es su nariz la que duele y sangra ahora.

Pero no logra doler tanto como haber despertad aquella mañana sabiendo que su padre seguía ahí, que había vuelto. Y que con una amplia sonrisa y una mirada esperanzada y arrepentida dijo que quería que todo volviese a ser como antes, que volviesen a ser un familia. Y Louis intentó reprimir la risa irónico que sus labios buscaban emitir, porque hacia demasiados años que habían dejado de ser una familia, al menos una a la que él perteneciese.

Y quiso gritarle que ya nada volvería a ser como antes, que un día les abandonó y ese mismo día perdió cualquier derecho a volver, que no podía pretender que nada había pasado. Su madre sonrió con suavidad ante las palabras de su padre y Louis quería vomitar, murmuró una despedida y se fue no queriendo seguir escuchando.

Y un nuevo puñetazo seguido de una sonrisa burlona consiguió enrojecer su ojo derecho obligándole a cerrarlo por el dolor, su nariz seguía sangrando y un rastro rojo iba desde ahí hasta su barbilla cayendo finalmente al suelo.

Un empujón

Otro

Un puñetazo

Una patada

Otro empujón, su cabeza impactando contra las taquillas. Las lágrimas saliendo dolorosamente de sus ojos, gritos pidiendo ayuda y como respuesta solo insultos.

Un último empujón y después nada, pasos alejándose y estruendosas risas. Se sentía pequeño, diminuto, y todo parecía ser asfixiante, agobiante y habían piezas rotas y nuevas grietas y más negro y un gris más oscuro y el rojo seguía ahí pero ahora era solo el color de su sangre aún descendiendo por su rostro. Y su cabeza dolía y su alrededor daba vueltas y de repente todo parecía demasiado grande y él era demasiado pequeño.

Intentó avanzar por el pasillo perdiendo el equilibrio al menos tres veces hasta llegar al baño, y lloro con más fuerza al ver su magullado rostro reflejado en el espejo.

Lo que empezaron siendo insultos, burlas durante los primeros cursos de la secundaria terminaron por convertirse en golpes que a veces sustituían a los insultos. Al principio no le dio importancia, y cuando el acoso y las humillaciones se agravaron no se atrevió a decir nada.

Llegaba a casa siempre con un nuevo golpe y le mentía diciendo a su madre que se había dado con una mesa, una puerta o con su taquilla por accidente y después puede que se encerrarse en su habitación solo para llorar. Y tenía miedo, terror a andar por aquellos pasillos, y pánico a lo que ocurría en su mente como consecuencia.

Secó sus lágrimas y seguidamente limpió la sangre de su nariz con agua y unos pañuelos que quizás llevaban décadas en los bolsillos de su chaqueta. Se miró una última vez en el espejo y pensó que Michael tenía razón y él era sencillamente patético y asqueroso.

Rules of beauty ; Larry StylinsonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora