Capítulo 39: Una boda, toda una vida.

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Aomine observaba desde el banquillo, con un portafolios lleno de papeles con tácticas y datos, a todos esos jugadores de diferentes edades darlo todo en la cancha con tal de conseguir la victoria, incluso aunque sólo se tratase de una práctica. Tomó nota del fallo que acababa de ver en la estrategia y apuntó a su lado posibles ideas para mejorarla, justo cuando el sonido del silbato del entrenador, que estaba sentado a su lado, retumbó en todo el pabellón.

Aomine volvió a su trabajo, explicando al entrenador los fallos que había visto y alguna manera de solventarlo. Akashi, capitán del equipo, miraba absorto a su chico, siempre le había gustado cuando ese morenazo se ponía serio, le excitaba mucho aunque no era el momento oportuno para entrar en sus juegos. Quizá mañana sería otro día, era la gran boda de Kagami y Tetsu, seguramente tendrían muchos escondrijos donde esconderse y tener algún desliz sexual sin que nadie les pillase.

Cuando todos se marcharon al vestuario, Aomine cogió la única muleta que llevaba ahora y caminó con ella hasta la oficina del entrenador para ultimar algunos detalles. Pronto se quitaría también esa muleta que, según él, ya no le hacía falta, pero los médicos insistían en que la mantuviera de apoyo un poco más hasta que su rodilla se fortaleciera.

El sonido de alguien tocando a la puerta abierta captó la atención tanto del entrenador como de Aomine. Los dos se giraron inmediatamente para ver a Akashi allí de pie, con su bolsa al hombro observándoles.

- ¿Habéis terminado? – preguntó Akashi – voy a ir a por el coche. Te espero en la puerta, Dai – le aclaró a su novio.

- Voy enseguida, Sei – le comentó Dai con una sonrisa.

Momoi que entraba en ese momento, se disculpó al igual que lo hizo Akashi al girarse y chocar contra ella. Aomine no podía discutir que los primeros meses trabajando allí había sido algo extraño, Momoi no terminaba de darle buena espina o quizá era simplemente porque aún recordaba el beso que su novio le había dado aquella noche donde le tendieron la trampa, sin embargo, con el paso de los días, se fue dando cuenta de que no tenía que preocuparse por aquel asunto. Momoi era una chica sencilla, muy directa, una chica que no quería problemas y asumía las cosas, sabía perfectamente sobre la relación de ambos y al final... hasta Aomine le había cogido cariño, tanto... que casi la veía como a una hermana pequeña. Ahora hasta miraba de reojo a los chicos con los que salía y trataba de aconsejarle. ¡Nunca había un chico bueno para ella! Pero es que Aomine... los miraba siempre con ojos críticos y protectores.

Una vez Aomine llegó hasta el coche, Akashi quiso bajar para abrirle la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo, Aomine ya se estaba subiendo al coche.

- De verdad que no hay quien sea romántico contigo – aclaró Akashi sonriendo.

- ¿Ibas a abrirme la puerta? ¿Crees que soy una damisela en apuros o qué?

- No he dicho eso, pero quería ser romántico.

- Arranca el coche, Sei, quiero llegar pronto a casa y descansar. Mañana es la gran boda.

- Ni me lo recuerdes...

- ¿Piensas ponerte tu elegante vestidito? – preguntó un divertido Aomine.

- Jamás me pondré esa cosa que Kagami desea.

- Le arruinaste su pedida de mano.

- Y ya me disculpé por eso, pero fue vuestra culpa por hacerme creer cosas que no eran.

- ¿Nuestra culpa? ¿Es mi culpa que te pusieras así de celoso?

- Sí – dijo claramente – sabes lo posesivo que soy con mis cosas y me estabais mintiendo.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora