Capítulo 14

2.8K 409 22


Hay momentos en la vida que deseas guardarlos para siempre en tu memoria. Tomar un frasco o tal vez alguna canasta, sacarlos de tu mente y almacenarlos ahí para que más adelante puedas tomar uno y observarlo para vivirlo nuevamente.

Este es uno de los tantos momentos, desde que escape de mí anterior vida, que quiero resguardar para siempre. Aquí, viendo el rostro de mi bebé en el monitor.

Cinco meses.

Ha pasado dos semanas más y he llegado a mi quinto mes y a mi tercera cita médica. Con casi veinte semanas, es posible que pueda saber el sexo de mi bebé, pero justo en este momento, sólo quiero seguir contemplando en la pantalla, como succiona su dedo.

Es lo más hermoso que he visto en mi vida.

Una mano áspera pero con delicadeza, limpia las lágrimas que se han derramado por mi mejilla.

Rafael.

Él ha sido un gran apoyo en mi vida. Desde que llegué a esta ciudad y lo conocí, después de hacerle caer con mi basura, él y su hermana, mis vecinos de la siguiente puerta a la derecha, y Alfonso, se han convertido en mis ángeles guardianes. Han estado en cada paso y en cada momento, bueno o malo, ahí están.

No voy a mentir y decir que los veo sólo como mis amigos. No, Sofía es mi mejor amiga, Alfonso es mi mejor amigo y Rafael... él es algo más. Cada vez que le veo, mi corazón late más rápido, mis ojos lo buscan cada vez que llego a un lugar, lo extraño, lo pienso, es... no sé qué sucede. Jamás había vivido algo así, sentido, experimentado esto y me confunde y asusta demasiado.

Le doy una sonrisa agradeciendo su gesto, me corresponde una propia, el doctor nos pregunta si deseamos conocer el sexo el bebé y sin pensarlo ambos decimos que "sí" a la vez.

—Es una niña.

Una niña... tendré una princesita para mí.

—¡Vaya! —susurra con admiración, Rafael.

—Felicidades a ambos, la bebé está muy sana. Todo está perfecto.

Le agradezco con lágrimas en mis ojos y permito que me ayude a limpiar para poder acomodar mi ropa e ir a casa, a presumir a mi bebé.

—Mamá va a enloquecer. —La diversión en la voz de Rafael es inconfundible.

Frunzo el ceño sin perder la sonrisa. —¿Será?

—Ya viste todo lo que ha comprado para el bebé, ahora que se entere de que es una niña... Dios no quiero ni imaginarla.

Me rio y froto mi estómago. Connie, como me obligó a que la llamara, ha sido realmente buena conmigo y mi bebé. Ha ido varias veces a casa para visitarme junto a Augusto, al principio fue algo desconcertante la forma en la que me aceptaron y se apegaron a la idea de mi bebé, no pensé que alguien a parte de mí, contara los días y lo anhelara tanto.

—¿Cuál será su nombre? —pregunta cuando ya estamos dirigiéndonos de regreso a casa. Es sábado en la tarde y no hay trabajo hoy.

—No lo sé. Iré a comprar ese libro de nombres que vi la otra vez en la librería.

—Podemos ir ahora si quieres —Se encoje de hombros y sonríe—. La verdad es que me gustaría dejar de decirle "El bebé de Lily".

—Me gustaría, gracias.

—Bien, vamos. Es hora de darte un nombre, amiguita —dice. Su mano va hacia mi estómago y lo frota suavemente. Esa pequeña caricia me tiene ahogando un grito, es la primera vez que toca mi panza y no quiero que sea la última. Se siente... perfecto.

¿Amor y Amistad? Siguiente Puerta a la DerechaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora