Capítulo 24 (II)

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Tras aquella charla con su cuidadora, Madison se fue cambiar de ropa a su habitación. De todos sus amigos, la única que ya no se ponía lo que llevaba cuando llegaron a Ancör era ella. Por una parte, quería olvidarse de todo aquel asunto de la guerra y volver con ellos a la tierra, pero siempre que pensaba en ello su mente la llevaba inevitablemente a su familia. No quería irse sin antes saber que había sido de ellos, por lo menos conocer la suerte que habían tenido su madre y su hermana con el ataque.

Eso era lo único que deseaba para poder estar tranquila consigo misma, el problema es que todavía no se atrevía a decírselo a Anna. Estaba segura de que cuando le dijera aquello a la mujer, esta se sentiría muy decepcionada por sus ansias de llevar una vida normal. Como cualquier adolescente de dieciséis años.

—¿Madison? ¿Estás ahí?... Yuhëen ya nos quiere ver en el cuarto ese.

—Sí, ya voy.

La chica se acomodo la extraña falda con divisiones entre las piernas y short integrado, y después salió del cuarto para ser recibida por Carter. El chico no pudo reprimir el silbido que salió de sus labios.

—Órale. Tú sí que te vez bien en esas ropas... Yo cada que intento ponerme lo que me dejan parezco salchicha.

—Esa si no te la creo. Tú estás bi... —, viendo hacía qué punto iba dirigido su comentario, la morena calló al tiempo que unas manchas coloreaban su rostro y cuello, dándole la apariencia de estar afiebrada.

Carter no notó y dejo salir unas cuantas carcajadas, posando su mano sobre el hombro de la morocha para terminar diciendo.

—Oh, gracias... Tu comentario ya me sonrojo.

—No te burles.

—Lo siento. Es que tu cara me dijo todo.

Sin apartar su brazo de la chica, el castaño cobrizo la encaminó por el pasillo hasta donde se encontraba la habitación de reuniones. De vez en cuando rompían el silencio con algún comentario, pero lo cierto era que no necesitaban hablar para sentirse cómodos entre ellos.

Madison ya había notado que poseía ciertos rasgos parecidos a Carter, pero el chico apenas estaba descubriéndolo. Cuando llegaron a la puerta ornamentada, el muchacho agitó a su acompañante y preguntó.

—¿Qué crees que nos quiera decir? La verdad es que ya ni quiero entrar. Cada que lo hacemos sucede algo nuevo...

—No sé. Tal vez nos va a decir algo del entrenamiento, o algo parecido... ¿Ya estás listo? —, con la mano en la madera, Madison posó sus ojos sobre Carter y después señaló la puerta. Este suspiro y asintió.

—Hazlo. De todos modos tenemos que entrar.

Con un fuerte suspiro, la joven abrió y ambos entraron al lugar.

Este volvía a refugiar a varias creaturas, y en medio de todos esos seres se encontraban los demás chicos junto con Anna. Mientras caminaban hacía ellos, la morocha alcanzó a vislumbrar a las gemelas en las filas de enfrente, por lo que se obligo a alejar sus pensamientos de aquella palabra tan peculiar.

—Bienvenidos...Por fin. Ahora que están todos reunidos, creo que ha llegado el momento de aclararles que es lo que sucederá a continuación con ustedes —, la álfyr se puso de pie y señaló otra puerta, mucho más cercana que por donde habían entrado los chicos. —Por favor, pasen.

La madera se abrió, y uno a uno, varias creaturas fueron entrando por el acceso. Cada una más diferente que las demás, todas portaban una tela blanca sobre sus ropas y algunos llevaban parte del rostro cubierto. Los seres se alinearon detrás de los chicos y cuando el último entró, Yuhëen extendió los brazos y volvió a tomar la palabra.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!