Capítulo 4. [DESENLACE]

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Esto me tranquilizó, reanudé el recorrido y me miré las piernas. Nada anormal, casi siempre dormía con pijamas cortos, aunque fuese invierno.

Subí la mirada por encima de las rodillas y ya no apreciaba mi pijama de siempre. Alcé más la vista y en lugar de mi pijama me encontré con una especia de camisón súper provocativo el cual estaba lleno de trasparencias. Por llevar, no llevaba ni sujetador puesto solo un tanga a conjuntos. A leguas se podía apreciar que era de alta costura.

Sin duda, me escandalicé inmediatamente y me lo quité quedándome simplemente con el tanga tan incómodo, más bien esto no era un tanga era una venganza ¡Vaya tirachinas espantoso! Quien lo haya hecho ya se lo podía haber puesto de sombrero

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Sin duda, me escandalicé inmediatamente y me lo quité quedándome simplemente con el tanga tan incómodo, más bien esto no era un tanga era una venganza ¡Vaya tirachinas espantoso! Quien lo haya hecho ya se lo podía haber puesto de sombrero. Me pregunté una y mil veces porque narices lo llevaba yo puesto, mejor no voy a pensar en lo que pude llegar a hacer con el sin estar en mis cabales.

Lancé la trasparencia al suelo y seguí subiendo mi mirada hasta llegar al cuello. Como me lo esperaba, este se encontraba totalmente desnudo.

Mi pulso empezó a acelerarse cuando llegué al rostro. Me quedé asombrosamente impactada.

Me miré con terror y empecé a detallarme minuciosamente. Mis labios eran más gruesos y carnosos, estaban pintados en un color muy llamativo. En segundo lugar, me encontré con una nariz retocada al igual que mis labios.

Poco a poco llegué hasta los ojos y los tenía e igual, pero... los tenía bastante exagerados pintados. Mucho lápiz de ojos, sombras, rímel y todo lo demás.

En tercer lugar, me miré el rostro completo y tenía que decir que estaba horrorizada. Esta persona no era yo, era alguien sin alma y de plástico. Estaba maquillada como cualquier actriz del cine o cualquier chica que busca lo que ya sabéis.

Escandalizada bajé la mirada y me observé los pechos, como no artificiales y súper hinchados. Eran como dos melones del supermercado.

En cuarto lugar, me dispuse a mirarme el cabello, esto fue lo que realmente me impactó. Temblando me acaricié el pelo, tampoco quedaba nada de mi cabello moreno, sencillo y liso. Era rubio, ondulado y con mucho brillo. Digno de una mujer deslumbrante y admirable para todos, la cual todo hombre quisiera alcanzar y tener.

Tenía enfrente de mí una mujer totalmente artificial. Provocativa, frívola y sin alma. Lo peor de todo esto es que se había apoderado de mi cuerpo y de mi ser, me había robado toda la sencillez que habitaba en mí y me había quitado absolutamente todo lo que yo era.

Por último, lugar noté como sobre mis mejillas se resbalaban lágrimas, pero no trasparentes sino como de sangre. Producto del dolor y de la desesperación.

Me quité lo poco que llevaba, me duché llorando y me arranqué de la piel hasta el maquillaje más profundo que podía tener. Tras acabar, salí con una toalla y me puse el vestido menos escandaloso que vi junto a unos tacones no muy altos. Al igual que con el vestido hice lo mismo con la lencería.

Imperfecta. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora