Capítulo 4: Celos

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A James no le gustaba que le llamaran James. Él era el gran y temible Capitán Garfio. Decía que nunca dejaría de ser el mejor pirata de todos los mares. Sin embargo, todos en el orfanato lo llamaban James. Menos Peter. No volvió a llamarlo James desde el primer día en que el ojiazul metió el puño en la manga de su propia camisa y sacó el dedo índice en forma de garfio. Desde ese día, para Peter, él era su Capitán Garfio. Aunque no solía decirle capitán, solo lo llamaba Garfio. Porque Peter también era un capitán, el de los niños perdidos. Por su parte, James llamaba al pequeño castaño Pan. 

Había una conexión impresionante entre los dos niños. Y tan fuerte era que a veces, cuando ambos estaban separados por algo, ocurrían pequeños problemas. Un día, cuando James tenía doce años y supongamos que Peter había llegado a los diez, ocurrió más o menos lo siguiente:

Peter y James estaban en el Jolly Roger, que así se llamaba el barco del Capitán Garfio. Eran unas cuantas maderas viejas que ambos chicos se habían encargado de reunir en un rincón del patio del orfanato para poder instalar su nave. Incluso tenía elevada una vela negra con una calavera blanca que ambos habían dibujado con tizas. Era perfecto.

Ambos chicos no habían borrado las sonrisas de sus rostros en toda la tarde. Hasta que llegó el resto de los niños perdidos. Y los labios de James, por alguna razón, dejaron de arquearse. Primero todo iba bien, aunque Peter se había ido del Jolly Roger y estaba con los niños perdidos en alguna parte de la isla. James se había desconcentrado de su juego de Capitán y observaba a lo lejos a Pan con los otros niños, mientras que su ceño se fruncía. El resto de los piratas no lo notaban.

— ¡Entrégenme a Pan! — Gritó Garfio con su dedo curvado, llegando a la isla. Había abandonado su nave. Esta vez actuó mejor que nunca.

— No lo haremos. — Respondió Curly, uno de los niños.

— ¡¿Dónde está él?! — Cuestionó el ojiazul mirando hacia todos lados. Realmente Peter no se encontraba allí.

— Él está muy bien protegido. — Habló ahora Tootles, cruzando sus brazos.

— Basta, chicos. Díganme dónde está Pan. — Insistió el chico enfadado. Dejó de formar el garfio con sus dedos y sus manos estaban normalmente estiradas. Nadie lo notó. Solo Peter, que estaba escondido detrás de una planta. 

— ¡Eres un tonto, James! — Dijo Slightly, el más engreído. — Se supone que no debías venir hasta que Nibs silve.

— Tú eres tonto. — Respondió James casi en un grito.

— ¡Arruinas el juego! — Replicó Slightly aún más enfadado.

— ¡No estoy jugando, estúpido! — Exclamó James.

Slightly dio unos pasos hacia adelante con intenciones de pelea. O al menos eso notó James, entonces hizo lo mismo. 

— Peter juega con nosotros. Él es nuestro. — Alcanzó a decir el niño, antes de que James le de un golpe en su cara.

Todos los niños se alborotaron alrededor de los dos, y en especial intentando ayudar a Slightly que se encontraba en el suelo con su nariz sangrando. James se quedó parado allí. No se arrepentía de haberlo hecho. Hasta que vio a Peter salir de atrás de la planta en donde se estaba ocultando. El ceño del pelinegro se relajó y sus ojos azules comenzaron a aguarse. Las mujeres que trabajaban en el orfanato estaban viniendo para ayudar a Slightly y seguramente para reñir o castigar a James. Éste observó a Peter inmóvil, mientras el pequeño lo miraba igual. El ojiazul comenzó a correr, dirigiéndose hacia adentro del orfanato.

— Garfio. — Habló Peter ingresando despacio a su habitación y encontrando a su mejor amigo tendido en su cama, boca abajo.

— Déjame Pan. — Dijo James con su rostro aún hundido en el colchón.

— Pero... ¿Qué te pasa? — El niño se sentó en misma cama donde yacía el pelinegro.

— Nada.

— ¿Por qué le pegaste a Slightly?

— Slightly es un estúpido.

— Pero... él solo estaba jugando. — Peter tomó un largo mechón de cabello azabache de la cabeza de su amigo y comenzó a jugar con él, enroscándolo en su dedo índice.

— Siempre hace lo mismo. 

— ¿Qué es lo que hace?— Cuestionó con inocencia.

— ¡Peter, no te hagas el tonto! Él siempre quiere estar contigo y no quiere que estés conmigo. ¿No te das cuenta? Me dijo que les perteneces a ellos y eso es mentira. Porque eres mi mejor amigo. Mío. 

— Garfio... — Dijo Peter en un sollozo. James pudo oír la voz cortada del pequeño, entonces se dio vuelta para verlo, aunque permaneció acostado. — Me... me llamaste Peter.

— Ese es tu nombre. — Respondió James también en una voz quebrada. 

— Pero tú nunca me dices Peter. Tú me dices Pan. ¿Estás enojado conmigo?

— Sí. — Replicó el de cabello largo.

James se puso de pie y se retiró de la habitación, dejando solo a Peter. El castañito cubrió su rostro con ambas manos y, por primera vez en su vida (o al menos que se lo haya visto) lloró.

— No le hagas caso a James. Es un tonto.

Peter oyó una voz mientras que sentía una mano posarse sobre su rodilla, a modo de consuelo. Quitó sus manitos del rostro y vio a Slightly sentado junto a él, con una sonrisa, aunque con la nariz vendada. 



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