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Capítulo 1: Un sexi guardia

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—¿Y ahora qué demonios haré? No puedo llegar a casa y decir: "Mamá, papá, les tengo dos noticias, la buena es que no voy tan mal en la universidad y la mala es que perdí a su hija menor" —. Grace gritó mirándome con ojos enloquecidos.

¿Debía darle otra cachetada? No niego que sería divertido, pero...era mi amiga, por lo que técnicamente no debía de golpearla a cada oportunidad que se me presentara.

Antes de que pudiera decidirme, Esmeralda también conocida como Mer, la tercera integrante de nuestro trío de amigas, llegó sosteniendo un vaso de...una bebida con alguna clase de alcohol. Vete tú a saber el nombre de esa cosa. Es decir, ¿por qué había miles de nombres de bebidas? Jamás lograría aprenderme ninguna, es por eso que no tomaba, y además, no veía el sentido en la palabra "diversión" si no tenías todos los sentidos alerta para, realmente, disfrutar el momento. Yo no bebía ni para "divertirme", ya muy bien lo hacía estando sobria.

—¿Qué pasó? —. Preguntó gritándonos mientras no paraba de bailar moviendo sus caderas.

Mis oídos deseaban decirle que no hacía falta gritar, pero bueno...ella era una borracha gritona...y exhibicionista. No, de verdad no quiero prestar atención a esa última parte y me niego a explicar cómo es que sé eso.

Ugh.

Tenía un par de locas como amigas.

"Dios los hace y ellas se juntan" susurró mi conciencia con voz burlona. ¿Era la única rara que hablaba consigo misma? En la mayoría de las ocasiones tenía este alter ego al que llamaba conciencia, y que en noventa por ciento de las ocasiones me criticaba a mí misma o me molestaba. Supongo que yo hacía mal uso de la palabra "conciencia" al agredirme a mí misma con ella. ¿Eso era correcto? En fin, debía dejar de divagar y comenzar a preocuparme por una pequeña perra que posiblemente estaba follando a un tipo sexi.

—Jade se perdió...o más concretamente, la maldita perra se escapó de nosotras—gruñó Grace, entrando en fase de QUIERO-MATAR-A-MI-HERMANA.

Nunca querrías verla en esa fase, literalmente se volvía una asesina en serie hasta llegar a su hermanita y estrellar su cabeza contra la pared más cercana. Literalmente. Ese par tenía su propia manera de lidiar entre sí: a golpes y gritos. Supongo que eran unas hermanas comunes y corrientes. Nuevamente me alegré de no tener un molesto hermano menor o mayor.

Esmeralda emitió una mueca, luego me miró con sus ojos entrecerrados.

Volteé detrás de mí. Nop. Nadie se encontraba detrás de mí.

Cuando volví a girar en dirección a ella, ambas me miraban atentamente. ¿Tenía monos en la cabeza o un grano en la punta de la nariz? ¡Por favor que no sea ninguna de las dos! Sí, sonará raro pero tenía un tremendo pánico a los monos y tenía esta secreta fantasía/trauma de que algún día un mono se escaparía y pasaría sobre mi cabeza y se aferraría a mi cabello hasta arrancarlo. ¡Locos traumas de infancia que nunca te abandonan sin importar cuán irracionales sean, los detesto!

—¿Qué?

Ambas negaron con la cabeza, luciendo decepcionadas por mi respuesta.

Grace resopló mientras aclaró: —Vamos, perra, las tres sabemos que te estás muriendo por hacer tu patética interpretación de policía/detective y ponerte a cargo de la situación para encontrar a Jade. ¿Qué esperas? Eres la líder, tienes el control.

Y sí...solté un chillido de emoción porque era exactamente lo que quería hacer. Aunque se tratara de un retorcido juego de "policías y ladrones", en el que existía la más mínima posibilidad de que Jade no haya huido y realmente estuviera en peligro—cosa que no creo ni por asomo.

Diamante (The Week, 1)¡Lee esta historia GRATIS!