Capitulo 50.

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CAPITULO 50

Me levanté de un golpe, un poco enojada por la situación que acababa de pasar (el hecho de que no contestara), y fui al departamento. Eran las dos de la tarde, y me estaba muriendo de hambre. Eso me recordó a Niall, ya que él siempre tiene hambre; y eso me recordó otra cosa: tenía que llamarlo cuando salga de rendir, y no lo había hecho. Sólo le había mandado un mensaje, pero estaba segura que con eso no bastaba. Pongo a calentar en el microondas pollo de la noche anterior y llamo a Niall.

*conversación telefónica*

-Hey Niall.-empiezo tranquila, tomando un sorbo de agua.

-¡¡Sam!!-responde él exaltado, como si la tercera mundial estaría por desarrollarse en frente de sus ojos.- ¡No sabes que acaba de pasar!- estaba por contestarle cuando Niall sigue hablando, muy emocionado. -¡Haremos una película!

-¡¿Qué?!-respondo aún más sorprendida y excitada que él. -¿Es enserio Niall?

-¡Si, Sam!-responde, como si me preguntara hubiera sido más que obvia.-Te lo explicaré cuando nos veamos mañana, ahora tengo que irme al estudio: tenemos más reuniones sobre el tour; hoy tenemos el día repleto.

-¡Me alegro Niall! A mí me fue genial en el examen y también...- hago una repentina pausa, y de repente me surge una duda. -Espera, ¿dijiste que tienen el día repleto? Pero… Por la noche están libres, ¿no?

-Oh, em…-hace una pequeña pausa, pensando que harían hoy por la noche, aunque seguramente no lo sabía.- Aún no lo sé, ¿por qué?

-No, por nada, suerte Niall. Saludos a los chicos, ¡nos vemos mañana!-termino de decir rápido, como una máquina, sin dejarlo contestar; y me apresuro en cortar.

Mi duda era que, si tenían el día realmente muy ocupado, ¿cómo iba a salir con Harry? Sin embargo, mientras hablaba con Niall, en un remoto segundo, mi mente pensó que si Harry me dijo que saldríamos, lo haríamos: sin excepción. Así que decidí no preocuparme durante todo el día, y eso hice.

Con Harry nos encontraríamos a las ocho, y, sin darme cuenta, la tarde se había pasado muy rápido. Cuando era casi la hora de irme, seguía en mi  debate sobre que ponerme: estaba muy indecisa, y eso se debía a lo ansiosa que estaba. En medio de la desesperación, elegí esto: http://www.polyvore.com/cgi/set?id=86746603&.locale=es.  Era bastante informal, pero estaba segura de que iba a ser algo tranquilo si lo comparábamos con la última vez que habíamos salido. Cuando vi el reloj ya eran las ocho en punto, así que decido dirigirme al bar. Cuando salgo, me doy cuenta de que se había largado a llover muy fuerte: las gotas eran grandes y pesadas, y cruzar la calle (que estaba realmente oscura y muy poco transitada) fue aterrador. Sin embargo, el bar sí que estaba bien iluminado, y dentro había un ambiente muy cálido y acogedor. Me siento en una mesa ratona con pequeños sillones color verde a esperar a Harry, y no habían pasado más de cinco minutos que se me acerca una mesera: era Angie.

-Buenas noches, ¿quiere que…? ¿Sam?-exclama sorprendida, interrumpiendo su prólogo de mesera. -¿Qué haces aquí?

-¡Angie!-le respondo igual de sorprendida que ella. -Olvidé por completo que trabajabas aquí.

-Ríe con su típica risa alegre y contagiosa, y responde-: Seguro porque sales con Harry Styles… ¿Eh?

-Sí.- respondo algo ruborizada.- Pero ni siquiera se molestó en llegar.

-Ya vendrá, no te preocupes. -responde sonriendo, y me deja una carta en la mesa.- Si quieres pedir algo llámame, estaré en la barra.

-Dirijo mi mirada hacia la barra, que estaba justo en frente mío, y allí estaba Theo limpiando unas copas. Todo tuvo sentido para mí en ese momento.-Con que por eso trabajas aquí eh…

-No lo digas muy fuerte. -dice mientras se me abalanza y me pone un dedo en la boca.- Mañana te contaré todo.

-Eso espero.- digo largando una carcajada, y quitándole el dedo de encima.

Angie se dirige riendo hacia la barra, mientras atendía gente y hablaba con Theo. Se notaba que estaba enamorada de él, y no había que ser muy inteligentes para darse cuenta. Sin embargo, mis pensamientos alegres se iban desvaneciendo de a poco: eran las ocho y media y Harry no llegaba, y cuando se habían hecho las nueve decidí que debía ponerme triste. De vez en cuando, Angie me dirigía algunas miradas que muy claramente decían que no quería verme ahí abandonada, pero estaba tan adentro de mis pensamientos que no quise prestarle atención e irme. Pero, aunque no quisiera, creo que ella y sus miradas tenían razón.

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