Capitulo 49

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CAPITULO 49

Camino por el largo pasillo y salgo por la enorme puerta que daba a la transitada calle de Londres. Un fuerte aire cálido me pegaba en la cara que me hizo sonreír; y, mágicamente, se escapaban algunos rayitos de sol por entre las copas de los árboles. Caminé alegre, como si el mundo estaría de mi lado: después de todo lo que me había tocado pasar, mirándolo desde otro ángulo, yo estaba en Londres, que es una hermosa ciudad, con nuevos y grandiosos amigos, una persona que de la nada se volvió muy importante para mí (Harry), y además estaba estudiando y trabajando de lo que me gusta. Y, aunque tenga los problemas con mi mamá y mi papá, tenía muchos motivos para sonreír.

Ya que tenía el humor por las nubes, decidí pasar por el hospital y ver el estado de mi mamá. Quizás si era malo iba a entristecerme, pero en ese momento no me importaba que pasaría después. Cruzo las frías puertas del hospital y me encuentro con el médico.

-¡Sam!-exclama sorprendido.-Siempre apareces cuando te necesito.

- Hola Doc.- digo sonriendo.- ¿Qué hay de nuevo?

-Bien, tu mamá sigue en terapia.-dice esbozando una sonrisa triste.-Pero lo bueno –agrega viendo mi reacción, más animado.- es que la trasladamos a una habitación más amplia y agradable. Ella se encuentra sola, así que podrás visitarla cuando quieras. No hay horarios, excepto la madrugada.-dice mientras se agacha y toma unos papeles.- Y también, -hace una pausa y me entrega esos papeles.- le conseguí actividades: un curso de cocina, pintura y también un pastelero vendrán a la habitación para que este entretenida. Tú puedes venir y compartir alguna actividad con ella, o con alguno de tus amigos. Simplemente para que se distraiga y no se sienta sola. ¿Qué opinas?

-Sonrío y me pongo en puntitas para abrazarlo a través del mostrador de la recepción.- ¡Me parece genial! Gracias Doc, enserio, esto es muy importante para mí y mi mamá.

-Me alegro Sam, me gusta verlas felices.- dice separándose de mí, sonriendo.- Igual quiero que sepas que todo esto está pagado por el director del hospital de tu país.

-Al oír eso, estuve igual de desconcertada como todas las veces que este hombre es nombrado; rápidamente, le digo-: Doc, tú tienes que saber algo de él. Nos paga todo, se encarga de mi mamá y solo es el director de un hospital.

-Lo siento Sam. -dice bastante tenso.- Esos asuntos deberías hablarlos con tu mamá, o con alguien muy cercano a ti. -escribe algo en un papel y me lo entrega.- Este es el número del hermano de tu padre, Smith. –Cuando vio mi cara de desconcierto, sonríe ligeramente.- Sam, no soy solo el médico de tu mamá, soy también su psicólogo. -hace una pausa, tomando aire y preparándose para lo que se venía, y continúa hablando-: El director del hospital de tu país me contacto, sabe que soy profesional y me dedico a estos casos. Así que hacía varias semanas que yo ya había estado hablando con tu mamá, sobre su vida, sobre ti. Yo sé todo, y más de lo que crees. Pero no debo ser yo quien te cuente y explique cosas de tu vida, por eso te doy este número. Llámalo, ¿quieres? Él sabrá sacarte muchas dudas.

-Está bien, gracias Doc.- digo tomando el papel. Hago una ligera pausa, pensando que decir, ya que la sorpresa de lo que acababa de decirme me controlaba. -Al menos sé que podré contar contigo si tengo algún problema.

-Claro que sí, Sam.- dice sonriendo, con la mirada iluminada.- Te espero mañana, ven a ver a tu mamá; es su primera clase de pastelería.

Salgo del hospital y me cruzo hacia la plaza de en frente, a la que normalmente acostumbro a ir. Me siento en el “hueco” que es de Harry y mío, no con esperanzas de encontrarlo, sino con la esperanza de poder encontrar paz en mi mente.

Me siento e intento meditar todo lo que había pasado en los últimos momentos: Doc era parte del plan de recuperación de mi mamá desde hace mucho, sabe mi vida entera y yo no, me dio este número para poder enterarme de una gran parte de ella; y no tengo ni la menor idea de qué hacer. Por un lado, me sentía muy segura y contenta de que Doc sea parte de todo: es una persona muy buena y bondadosa e hizo muchísimas cosas por mí y mi mamá. Por otro, sentía que quería conocer a mi papá y escuchar su versión de las cosas, pero ahora que tenía la oportunidad me daba mucho miedo intentarlo. Sin embargo, tenía que romper con ese miedo y frustración: tenía que enfrentar mi temor. Por esa razón, tomo mi iPod, marco su número y espero, muy nerviosa, a que alguien conteste del otro lado. El tono seguía y seguía, nadie contestaba; pero luego de más o menos 45 segundos, aparece el contestador: me puse muchísimo más nerviosa, ya que tenía que dejarle un mensaje que diga algo acorde y sin tiempo de pensar. Cuando la voz de mujer del contestador desapareció, dije:

“Ehh… Yo…-respiré hondo y empecé de nuevo, decidida.-Yo soy Sam Riddle. Me dijeron que usted es mi tío, y quiero contactarlo. Si puede llamarme apenas escuche esto, sería bueno, me gustaría que nos veamos. Solo eso… Así que… Emm… Adiós.”

Corté y me quede unos minutos pensando: primero que nada, fue realmente muy formal, quede como una estúpida; y por otro, ¿sería contactarlo algo que me serviría?

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