Capítulo 23 (II)

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La plática con Yuhëen causo dos marcadas reacciones en los chicos. Por un lado un sentimiento de esperanza los embargo al saber que había una forma de irse a su casa, pero por el otro estaba casi seguros de que nadie se ofrecería a cargar con su destino. Después de todo, la mujer había dicho lo suficiente la primera vez que se vieron, como para saber que su llegada había sido predicha desde hacía tiempo.

Algo así como una profecía.

Nadie le había dado ese nombre, pero parecía ser que los seres de aquel sitio confiaban en aquellas palabras, mucho más de lo que esperaban. Solo eso ya era suficiente como para que se sintieran mal consigo mismos. Aun y con eso, la mayoría estaba seguros de que no tenían nada que hacer en ese mundo.

Para su fortuna, un par de días después fueron recibidos por una grata sorpresa.

— ¿Qué rayos? ... ¿En donde están todos?

Madison se había dormido hasta tarde la noche pasada, por lo que cuando se levantó y acudió al comedor no le sorprendió encontrar las fuentes y jarras vacías.

—Lo siento. Ardëum vino hace unos minutos y desapareció todo, que por que según necesitábamos ir a un lugar rápido —, con una media sonrisa, Fabián se acercó a la morocha y a Robin, sacando un envoltorio y tendiéndoselo a Madison.

—Mira. Alcance a tonar esto para ti; ya sé que no es mucho pero, bueno, por lo menos no te quedaras con el estómago vacío.

La joven correspondió a la sonrisa y asintió, tomando el paquete y desenvolviéndolo. Se encontró con una hogaza de pan, un par de rodajas de carne y una fruta.

—Gracias, Fabián. Sin ti me hubiera quedado sin comer nada.

—Eh, para eso son los amigos, ¿Qué no?

—Ah, que contigo. Ni aunque estés sola cambias... Sigues siendo la misma tardada de siempre...

—¿Anna?

Hay, como si siempre hubiera estado recargada sobre el marco de la puerta, se encontraba la joven cuidadora de Madison. Una media sonrisa se apreciaba en su rostro, así como un buen rasguño que le decoraba casi todo el lado derecho de la cara; no se veía muy profundo, aun así la morocha se acercó a su amiga con rapidez, posando su mano sobre aquel tajo al tiempo que hablaba.

—No inventes, ¿Qué te paso?

—Hubo unas cuantas complicaciones mientras veníamos de camino, pero nada de cuidado...—, antes de que la mujer siguiera hablando, Madison ya se encontraba abrazándola con fuerza. — Vaya, y yo que creí que no me extrañarías... ¿Madison? ¿Qué pasa? No lo decía a propósito, y...

—Yo... Lo siento... Tenía que haberte hecho caso.

Los la frente arrugada y la ceja en alto, Anna posó su vista en los otros chicos, esperando a que alguno se dignara a hablarle sobre lo que le pasaba a la muchacha. Carter dio un paso al frente y habló.

—Lo que pasa es que Yuhëen nos contó sobre lo que se tiene que hacer para volver a nuestro mundo. Ella...

—¡¿Qué hizo qué?!

Antes de que pudieran detenerla, Anna ya se había soltado del agarre de la morocha y se dirigía a la sala donde habían visto las dos veces a la mujer, resoplando cual toro embravecido.

—¿Anna? ¿Qué...?

—Ven. Creo que mejor la detenemos, sino creo que es capaz de armar un buen alboroto —. Elliot sujetó a Madison del brazo y tanto ellos como los demás corrieron a donde se encontraba su cuidadora.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!