Capítulo 23

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Balanza de decisiones


A pesar de la declaración que hicieron Ardëum y Madison sobre la condición de la chica, ninguno de los presentes podía creer que su amiga fuera parte del mismo grupo de personas que deseaban destruir aquel mundo. Aquello no cuadraba con la imagen que siempre les había dado la morena, y mucho menos podían imaginarla siendo parte de algo que lastimara o destruyera.

Con ese ejemplo como base, tanto los tres chicos como posteriormente sus amigos llegaron a la conclusión de que, aunque las demás personas vieran a su amiga con recelo, ellos jamás la mirarían de esa forma. No después de todo lo que había hecho por ellos; aun y con la falla que cometió al involucrarlos en ese asunto.

Por supuesto, Fabián no tardó en dejar de lamentarse por el don que se le había concedido. Gracias a las palabras de Ardëum y Lumbërt, ahora sabía que por mucho que su poder fuera capaz de matar, si este no lo enfocaba para ello entonces no tendría ningún problema con él. Podía seguir conviviendo con sus amigos como siempre, aunque con sus respectivas excepciones. No debía molestarse cerca de ellos, y necesitaba calamar sus nervios mientras estuviera hay.

El muchacho se propuso a seguir sus consejos al pie de la letra, para que no lo apartaran de sus amigos. En especial de Madison.

Sin que se diera cuenta, la muchacha se había vuelto una parte importante en su vida, al grado que cuando se enteró de su poder creyó que no podría volver a estar cerca de ella; por supuesto, en el momento en el que le dijeron lo de la chica, nunca se le pasó por la cabeza en apartarla. La apreciaba demasiado como para alejarse así de ella.

—Vamos, Ro. Ya es tarde y nosotras seguimos perdiendo tiempo por tu culpa —, los pasos de Jenn eran ruidosos y destacaban mucho. Había pasado un día desde la revelación de los poderes, y aun y con eso ningún estaba dispuesto a comenzar el entrenamiento que Yuhëen había planeado para ellos.

Ni siquiera Madison se sentía preparada. Mucho menos deseaba hacer algo sin Anna; primero quería escuchar su opinión y ya después haría los ejercicios y prácticas que le desearan poner.

—Ah, lo siento. No creí que tardaría tanto en subir el agua para bañarme.

—Por eso te dije que dejaras la manija hacia abajo, mientras hacías tus cosas. Así es como yo le hago para poder lavarme rápido —, la peli teñida volteó a ver a su amiga y entrecerró los ojos. — Pero hay de ti... Si Steve se acaba el desayuno tu vas a ser la responsable.

—Sí. Si. Lo que digas.

Con esas palabras las dos se pusieron en marcha y siguieron corriendo por el lugar, listas para frenar sus pasos por si alguno de los álfr las descubría. En el poco tiempo que llevaban viviendo en Elid, habían aprendido que aquella raza de seres era un tanto quisquillosa con el ruido, por lo que se limitaban en lo posible para no enojarlos.

No sabían lo que podían hacerles si se molestaban, pero a falta de Anna lo que menos querían era buscarse problemas de a gratis. Ninguno de ellos. Ni siquiera dos revoltosos como Steve o Elliot pensaban en molestarlos con sus cosas.

Cuando llegaron al comedor, ambas chicas jadeaban con fuerza y Robin había terminado con su mano sobre el pecho, lanzando improperios al tiempo que Jenn preguntaba por la comida.

—Por dios. Díganme que todavía alcanzamos algo de comer.

—No. Lo siento, pero Ardëum ya desapareció todas las fuentes con comida —, el tono en el que lo digo Madison, aunado al hecho de que los chicos evitaban verlas a los ojos, hizo que Jenn resoplara con fuerza.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!