II . There's but one little sun.

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Cuando pudo recobrar sus sentidos la primera acción a ejecutar fue la de cerrar la ventana, bajar la persiana y tirar de las cortinas para que éstas cubrieran todo el marco. La oscuridad era impropia del lugar que siempre solía iluminarse con las luces nocturnas, pero el miedo que aún lo acechaba le impedía retroceder en sus acciones. ¿Todo eso había sido real? Aún no podía creer qué tan cerca estuvo de la muerte en ese momento. De alguna manera sabía que el cielo lo esperaba del otro lado al igual que su señor, había sido un buen chico toda su vida, pero a pesar de todo no se le cruzaba por la mente morir ese día ni los que le siguen. Se recostó en su cama y cubrió completamente su cuerpo, no quería asistir a clases cuando el sol salga, ¿y si se encontraba con el ladrón de nuevo? De ninguna manera.

Tardó varias horas hasta conciliar el sueño, las cuales se le pasaron de largo cuando logró abrir los ojos. Aún continuaba en las penumbras siendo lo único visible los números verdes electrónicos de su despertador, anunciando que efectivamente se había salteado la madrugada y el medio día, ya eran las tres y media de la tarde. Se regañó para sus adentros, ¿cómo podía dormir tanto? Al destaparse estaba acostumbrado que la bienvenida del nuevo día lo encontrase, pero eso no pasaba y pues el día detrás del vidrio en su pared era un completo misterio. Encendió la luz de su habitación cerrando sus párpados fuertemente, esa luz era la que más batallaba con sus ojos; al caminar por su habitación tropezó con un libro en el suelo sin poder evitar que se le escapara una maldición menor. Recalculando todos los momentos sucedidos el recuerdo golpeó su mente en cuestión de segundos, ¿ese no era el libro que al ladrón se le había caído de las manos? Lo levantó del suelo y tan sólo pudo fruncir el entrecejo sin entender muy bien porqué el hombre había tomado ese, era La Divina Comedia, un poco denso para su gusto pero bastante lindo.

No les contaría a sus padres lo sucedido, temía que si lo hiciese tratasen de reforzar la seguridad de su casa o se comporten mucho más paranoicos de lo que solían ser, sin embargo lo consumía la necesidad de relatarle a alguien lo sucedido. Aún podía sentir esa mirada tan intensa y pesada clavarse en él, podía sentirlo hasta sus huesos; un escalofrío sacudió su cuerpo extraviándolo de sus pensamientos. Tal vez fuese mejor idea mantenerse callado el resto de los días, al menos hasta sentir que todo ya había pasado y estar seguro de que el hombre ya no estaba por su zona.

* * *

Los días transcurrieron con suma normalidad para el joven Athelstan, no volvió a toparse con el hombre extraño y tampoco tuvo noticias de que algún vecino denunciara a la policía, cosa que en parte lo aliviaba y al mismo tiempo lo desanimaba. Continuaba pensando en el momento, estudiándolo con cautela porque aún no se creía cómo era que ese tipo no había robado nada de su pertenencia, ¿por qué había ido directamente a los libros?, ¿Por qué no lo había obligado a entregarle o develarle dónde escondía su dinero y cosas de valor?, ¿Por qué no lo había usado de rehén para asustar a sus padres y llevarse más ganancias?, ¿Por qué le había perdonado la vida? En algunos de sus sueños perduraba la sensación de miedo y adrenalina vividos ese día, sueños en los que continuaba escuchando esa gruesa risa que no lograba catalogar como pesadilla o algo normal.

Caminaba de vuelta a su casa luego de un arduo día de clases, no sabía a ciencia cierta qué hora era pero el sol se ocultaba sobre él. Echó un vistazo al oscuro callejón al otro lado de su ventana y pudo deducir sin dificultad que el hombre había usado ese lugar como método de entrada a su morada. Podría ser peligroso, pero la curiosidad y la adrenalina volvieron a ganarle, conduciendo sus pies hacia la oscuridad. Olía a cigarrillo e incluso divisó algunas colillas aplastadas en el suelo, tal parecía que hacía poco tiempo que habían ocupado ese lugar, pero no escuchó ningún ruido y mucho menos percibió a alguien por lo que se adentró un poco más. Unos segundos más no le harían nada. Al alzar su vista hacia su ventana trató de pensar como el hombre habría hecho y trazar en su mente la ruta que el susodicho utilizó para entrar. Obviamente había usado el balcón del vecino de enfrente, además de que quizá el poste de luz le hubiera ayudado. Quiso continuar con su observación pero un ruido detrás de sí lo interrumpió, girando abruptamente encontrando a cuatro hombres dos cabezas más grandes que él, con mucha mala pinta.

« Alley Cat. »  ▎Ragnar & Athelstan ▎Donde viven las historias. Descúbrelo ahora