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Escena Numero Uno (Vortex)

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Tom se encorvo en su asiento y miro por la ventana, con los puños apretados con tanta fuerza que le palpitaban, mientras Blackburn seguía hablando.

-...increíble, incluso para ti, Raines. ¿Qué es lo que se ha hecho hincapié desde el primer día en la Aguja? ¿Qué?

-No lo sé –Tom suspiro -¿Qué?

La mirada peligrosa de Blackburn volteo hacia donde el.

-El valor del neuroprocesador. Estratégicamente. Financieramente. Personas murieron desarrollando esa tecnología. Espías han sido puestos en el vacío, agujeros negros por tratar de saquear los secretos de la computadora en tu cabeza. Civiles inocentes en este momento están viviendo vidas de indefinida detención en manos de guardias armados en algún lugar, solamente porque ellos se dieron cuenta de lo equivocado, tropezando a través de la pieza equivocada de inteligencia, o trabajando en el proyecto equivocado, todo por la tecnología que hay en tu cabeza. Te lo he dicho una y otra vez que la única razón por la que estás estudiando programación, la única razón, para hacerte capaz de defenderte por ti mismo en contra de mucha, mucha gente quien alegremente cortarían tu cráneo y lo extraerían. ¿Y qué haces con todo el conocimiento? Haces autoestop.

-Lo entiendo.

-¿En serio? Mira, yo creo que si un chico consigue eso,  su vida es un bien valioso en grave peligro de ser tomado de él, no abandonaría su custodia militar o se dejaría fuera de la red e ir haciendo autoestop en todo el país como un idiota.

-No intenté quedar fuera de la red, -Tom protestó, a pesar de su determinación de no tratar de involucrar al chico quien habían, tratado de extraer su mente aparte en una conversación. No podía evitarlo. –Y ni siquiera hacia autoestop en todo el camino. Esperaba un tren.

-Ah, violación criminal también. Un gran caso que está haciendo por su cuenta aquí, Raines.

Tom cerró su boca, dándose cuenta de que era lo que había admitido hacer.

-Cualquier cosa pudo haberte ocurrido, te das cuenta. Y no lo hubiéramos sabido. No hubiéramos podido ayudarte. -Blackburn sacudió su cabeza, disgustado.

-No necesito la ayuda de nadie. Puedo ver por mi mismo.

-¿Es eso así? –Blackburn levantó dos dedos. –Esto es una arma, Raines. Acabas de entrar en mi vehículo, y he aquí, lo apuntó con esto en su cabeza. ¿Qué haría?

Tom sonrió

-Pacientemente le explicaría que sus dedos no son un arma.

Blackburn lo golpeó en la parte posterior de la cabeza lo suficiente para sacudir su visión.

-¿Qué harías? –repitió.

-Agarraría el volante, tiraría de él, y chocaría el carro.

-Y apretaría el gatillo y salpicaría tus sesos en el parabrisas.

-No, espere. Está bien, esperaría a que se distrajera, o crearía una falsa distracción primero. –Tom pensó rápidamente. –Si, eso es lo que haría, entonces tiraría del volante para chocar el carro, y mientras eso lo distrae, consigo su arma, entonces, bang. Usted es el sujeto muerto.

Blackburn parecía asombrado.

-No señalaré todas las fallas de su plan Raines. Basta decir, que nunca conseguirá un arma de mi.

-Es fácil para usted decirlo. –Tom señaló. –Todo esto es solo una charla. No tengo manera de demostrar de que se equivoca.

Blackburn lo miró especulativamente mientras giraban en círculos en torno a una serie de aviones privados. Detuvo el coche cerca de un jet en espera, luego metió la mano en el asiento de atrás para tomar su paquete con el uniforme de las Fuerza Aéreas.

Escenas Eliminadas de la Trilogía de Insignia¡Lee esta historia GRATIS!