capitulo 39:Atrapada en su propio sueño

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Esa mañana, cuando desperté, vi el mismo techo moteado blanco encima de mí. Las mismas sábanas azules de un material extraño me cubrían, y sentía como que llevaba días en la misma posición. Me removí, adolorida. Las sábanas –si es que así se les podía llamar -, se sentían pegajosas, como si les hubieran rociado queso derretido encima y lo hubiesen dejado secar ahí. Así de asqueroso se sentía. ¿Desde hacía cuánto que mis pies no tocaban una ducha? ¿Desde hacía cuánto que había estado en la misma cama, sin moverme? Mi mamá me había dicho que sólo unos días, pero se sentía como despertar del estado vegetal.

-¡Sky! –susurró una voz femenina. La miré. Apenas pude verle el rostro. Estaba cubierta con un extraño uniforme azul, y un tapabocas cubría la mayor parte de su rostro. Pero, a juzgar por sus grandes ojos grises y su menudita voz, supe que era Amy. Quise levantarme de aquí y abrazarla, pero, por supuesto, yo no pude.
-¡Amy! –sonreí. -¿Qué haces aquí?
-Se supone que no debería estar aquí por ser Cuidados Intensivos –susurró, encogiéndose de hombros. Sus ojos sonrieron. –Pero, por ser yo, tu madre me dejó entrar por unos minutos y acompañarte cuando te saquen de aquí.
-¿Saldré de aquí hoy? –mis ojos se abrieron, y mi corazón dio un salto mortal dentro de mi pecho. Ella asintió.
-¡Sí! Te llevarán a una habitación individual –continuó, tomando mi mano llena de moratones y heridas. Ella solía tenerle miedo a esas cosas, pero supongo que, por ser su mejor amiga, gozaba de ciertos privilegios. -¿Cómo te sientes?
-Agh, muero de hambre –rodé los ojos. –Ésta cosa me ha alimentado durante cuatro días.
-Seis –me corrigió, sentándose en una silla contigua a mi cama, de frente a mí. –Dormiste de más por los antibióticos.
-Bueno –suspiré, agotada. Estar tirada en una camilla era un gran esfuerzo de mi parte, que siempre estaba moviéndome. –Oye –le dije, apretando su mano tanto como pude, aunque apuesto a que sólo fue un leve apretón. -Tú sí vas a decirme cómo está Harry, ¿verdad? –sonreí. Claro. Amélie siempre me lo contaba todo. Ella ya debía de haber hablado con él. 
Su risa se volvió pálida, y se demacró automáticamente. –Um… -frunció las cejas.
-¿Has hablado con él? –la interrumpí. –Amanda me dijo que está a mi lado, pero no he podido verlo –expliqué, suspirando. Mi respiración no estaba tan estable aún. El asma no me ayudaba del todo.
-Sky, yo… -masculló, suspirando. –Mira, no es exactamente… 
-Aunque, bueno, no lo sé, de seguro debe estar molesto. Odia que lo sobreprotejan y esas cosas –rodé los ojos y reí. 
-¡Skylar! –insistió, callándome. Abrí bien los ojos y cerré la boca, inhibida. –Mira, cariño… Cielo, él está bien, ¿vale? Ahora lo que importa eres tú.
Oh, oh. Cuando Amélie utiliza esas palabras conmigo, significa que algo anda mal. Muy, muy mal. Cuando intenté abrir la boca para decirle algo, ella se levantó mecánicamente de la silla, sin soltar mi mano. Unos chicos jóvenes y algunos contemporáneos con uniformes y tapabocas idénticos a los de Amy se apresuraron a acomodarme para salir. Supuse que iban a sacarme de ahí. Por fin. Saldría y vería a Harry. 
Apreté la mano de Amy, emocionada. La camilla rodadora comenzó a moverse hacia delante, y me giraron hacia la derecha para conducirme a la puerta semi-abierta, donde dos chicas con el cliché uniforme azul esperaban pacientemente para abrir la puerta. Sonriente, ladeé la mirada, esperando encontrarme con Harry mirándome también, riéndose de la terrible situación. O, por el contrario, maldiciendo una y otra vez el GPS de mierda que había hecho que nos volteáramos terriblemente. 

Pero eso no fue lo que vi.

En lugar de eso, un cuerpo demacrado y pálido yacía sobre una camilla casi igual a la mía. Excepto por el hecho de que, el triple de los tubos adornaban su soporte, rodeándolo por completo. Sus ojos estaban cerrados, y una… máquina estaba subiendo y bajando. ¿Una máquina respiraba por él? ¿Qué?

-¿Harry? –mascullé, sintiendo que una lágrima se deslizaba a través de mi mejilla. ¿Por qué no lo estaban llevando conmigo? -¡Harry! –grité, sollozando. No respondió. No se giró a mirarme con sus ojos verdes brillantes. No sonrió. No se movió. 

“Nunca he cuidado nada más en mi vida”, relampagueó en mi mente. Fruncí las cejas. ¿Por qué seguían llevándome? Amy sostuvo mi mano, sollozando.

-¡HARRY! –chillé estruendosamente, saltando con el cuerpo adolorido sobre la cama. -¡Suéltenme! –grité violentamente contra alguien, que se apresuró con una aguja del tamaño de su dedo índice hacia mi brazo. -¡NO! ¿POR QUÉ NO LO TRAEN CONMIGO? ¡ÉL QUIERE VERME! –grité a todo pulmón, entre lágrimas. Pero él no me contestó. Seguramente me hubiera dado la razón. Pero la máquina continuó moviéndose. 
La aguja se deslizó cruelmente dentro de mi brazo. Miré a Amy, quien apretó sus ojos, sollozando en silencio. -¡HARRY! –chillé, rompiendo en llanto. -¡No, no, no! –chillé. -¡No!
Finalmente, me rendí, sollozando, y mirándolo volverse cada vez más pequeño detrás de mí al tiempo que me alejaba de él. –Harry –sollocé bajito. –No –susurré.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora