capitulo 38:Perdida en la confusión, como una ilusión

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Mi cabeza palpitaba fuertemente. Mi cuello gritaba del dolor. Intenté moverme, pero ni siquiera podía abrir los ojos. No sentía las piernas. Entreabrí los ojos, pero supuse que estaba demasiado débil como para lograr mantenerme más de tres segundos consciente. No intenté mover mi cabeza, porque sabía que me dolería. “¿Dónde estoy?”, era todo lo que podía preguntarme. Escuché un ruido sordo a mi alrededor, y luego un montón de sirenas inundaron el ambiente. El aire olía a una extraña mezcla de gasolina y grava mojada. Olisqueé bien. Al menos mi nariz funcionaba.

Mis piernas estaban siendo aplastadas por algo, por lo que pude darme cuenta a través de mis casi inútiles ojos. Mi sentido de la vista era pobre, todas las figuras eran abstractas, borrosas. Sentí un líquido caliente deslizarse a través de mi mejilla proviniendo directamente desde mi sien, y mi cara estaba pegajosa; un líquido espeso y gelatinoso-casi-seco la cubría. 

Dejé caer mi cabeza en mi hombro de nuevo, sintiendo una extraña facilidad por parte de mi cuello en deslizar mi cráneo hacia abajo. Intenté moverme, pero claro, no me podía mover.

-¡Señorita! –gritó una voz distante. -¡Chica! 

-¿Está bien?

-Creo que está inconsciente –respondió otra voz extraña, sumándose a las anteriores, y alejándose, como si estuviera en una especie de túnel. “¡No! ¡No estoy inconsciente! ¡Estoy bien!”, quería gritar. “¿Dónde está él? ¿Está bien?”, me moría por preguntar. ¿Dónde estaba Harry? ¿Por qué no lo sentía conmigo? Quise girar la cabeza, pero mis sentidos no respondían. Quise gritarle, tomar de su mano, algo. Pero mis ojos volvieron a cerrarse, y de nuevo todo fue oscuridad.

***

Jadeé en busca de aire. ¿Por qué el aire está tan caliente? ¿Por qué siento algo alrededor de mi nariz? Tosí incontrolablemente. Miré hacia abajo, pero no pude. Mis ojos quedaron abiertos y estancados en el techo; algo estaba inmovilizando mi cuello. Unas manos se apresuraron a colocar algo extraño alrededor de mi antebrazo. Unos ojos negros me miraron y quise hablarle. Sabía que había alguien conmigo.

-¿Dónde está él? –susurré con voz pastosa. Ni yo misma me entendí. -¿Dónde estoy?

Los ojos negros continuaron mirándome. Descendieron, y el agarre en mi antebrazo fue retirado. Entonces, me di cuenta de que yo no estaba hablando en lo absoluto. Un movimiento en seco me levantó, hasta que me di cuenta de que estaba pegada a algo duro. Muy duro. ¿Una camilla, quizás?

Suspiré, y giré la vista a mi alrededor. Dondequiera que estaba, me estaba moviendo, pero no por mí sola. Era… era como un auto. Un auto espacioso de paredes blancas y sonidos extraños. La voz lejana de un hombre gritando desesperadamente por una especie de altavoz relampagueó en mis oídos. Quise levantarme, pero no sentía mis piernas. No sentía nada. Salvo el cuello. Mi cuello dolía. Mis ojos se cerraban. ¿Qué es lo que ha pasado? No podía recordar a pesar de que fruncí el ceño, intentando atraer los posibles recuerdos a mi mente. Pero no obtuve nada. Rindiéndome, dejé que mi cuerpo me venciera, y cerré los ojos por segunda vez, esperando poder volver a hacerlo una próxima vez. O, mejor dicho, esperando que hubiera una próxima vez.

****

Abrí los ojos. Al fin por completo. Al fin todo era visible. Pero, sin embargo, cuando hice una circunferencia con mis ojos a través de la habitación, todo lo que pude ver fueron tubos. Intenté moverme. ¡Mierda! Mala idea. Duele. Todo mi cuerpo me duele. Intenté mover mis piernas, pero sólo alcancé levantar la izquierda un tanto antes de que un ramalazo de dolor se encendiera alrededor de mi cuerpo. Miré mis brazos. Despreciables. Llenos de moratones del grosor y largo de mis dedos, rasguños, cortaduras profundas, vendas. Miré el techo, de nuevo sin poder hablar. Pero, esta vez, no tenía ganas. Tampoco quería mirarme al espejo. De seguro que me encontraría con una versión peor de mí misma que la que me esperaba.

-Has despertado –dijo una voz suave. Alcé la vista, mi madre me observaba desde arriba. Me dio un corto y sutil beso en la frente, y acarició mis cabellos. Quise hablarle, pero no quise que los tubos incrustados dentro de mi nariz me molestaran aún más. 

Observé su rostro, observando algo diferente en ella. Bajo sus ojos habían oscuras ojeras extendiéndose casi hasta la altura de su nariz. Estaba demacrada y no tenía un buen semblante. Miré su pecho, ella llevaba el uniforme que siempre utilizaba en la clínica, y un estetoscopio rodeaba su cuello, cayendo sobre su abdomen. Ella me estaba cuidando. 

Sus ojos estaban llorosos y terriblemente hinchados. Quise morderme el labio, pero apenas tenía ganas de moverme. Me aclaré la garganta. Se suponía que debía estar acostumbrada a este tipo de cosas. Hacía dos años, había estado bastante cerca de morir, también.

-¿Qué me pasó? –dije al fin, con voz pastosa. Ella suspiró, y revisó una gran bolsa que contenía un líquido trasparente que estaba siendo bombeado directo hacia mis venas a través de un tubo. Lo supuse. La intravenosa te mantiene hidratado. Tal vez por eso no he muerto de hambre.

-Tuviste un… -suspiró, y dejó salir el aire al pronunciar la última palabra. –accidente de coche. 

-Oh –bajé la mirada, y tragué saliva. Sentía los labios secos y tenía un extraño sabor en la boca. -¿Cuánto tiempo he estado aquí?

-Alrededor de cuatro días –respondió pesadamente, como si sólo quisiera tirarse al suelo y llorar. -¿Cómo te sientes? –preguntó dulcemente, apoyando una mano sobre la cama.

-Bien –musité. Pareció una pregunta. -¿Dónde está Harry?

Ella suspiró, sosteniendo el aire. Seguidamente, comenzó a acomodar los tubos alrededor de mí. No escuché respuesta. Me aclaré la garganta, para asegurarme de que había sonado lo suficientemente fuerte.

-Mamá –insistí. -¿Y Harry? Quiero verlo.

-Él está… justo ahí –asomó su cabeza fuera de las cortinas que me separaban de los demás pacientes en la sala. Su rostro se demacró aún más, y sonrió tristemente hacia mí. Me tensé.

-¿Estás segura? –continué.

-Ajá –sonrió. –E-estás en… en Cuidados Intensivos –explicó tensamente -, al igual que él. Tú… bueno, ustedes, saldrán en un par de días, cuando estén totalmente estables.

“Oh, así que aún estoy al borde de la muerte”.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora