capitulo 34

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Me subí a la moto con pesadez, dejándome caer en el asiento como si hubiera comido toneladas de pollo frito. Me abracé al torso de Harry, y me di el lujo de fruncir las cejas con toda libertad ahora que sabía que alguien no iba a juzgarme. Amy había estado haciendo preguntas todo el día acerca de Alison, la cual hacía muy bien su tarea de actuar como si fuésemos dos completas extrañas. Yo no la entendía. No entendía su actitud. Y supongo que tampoco iba a entenderla nunca. Recordaba a Alison demasiado críptica todo el tiempo, pero conmigo era… diferente. Quiero decir, siempre nos contábamos todo, ella podía ser ella misma estando conmigo, y yo confiaba en que yo también podía serlo. Pero ahora que había pasado el tiempo y que ella estaba de vuelta, me daba cuenta –por las malas– de lo equivocada que estaba. Tal vez por eso, por la desconfianza, le había ocultado todo el tema del anónimo y Harry en primer lugar. Porque no estaba segura de lo que ella pensaría si se llegase a enterar de que estaba saliendo con un asesino.

¿Quería decir que nunca habíamos sido tan amigas como creí haberlo sido? 

Cuando me di cuenta, una lágrima se deslizó por mi mejilla. La sequé con la mano, y volví a abrazarme a Harry, para darme cuenta de que la motocicleta no se había movido de su lugar en los últimos minutos de reflexión. Sin embargo, no me giré para mirarlo.

-No vas a decirme qué te pasa, ¿cierto?

Me mordí el labio, mientras mis ojos pugnaban por soltar aún más líquido. Diablos, hablamos de mi mejor amiga.

-Bueno –masculló, bajándose de la moto. Seguidamente, se dio la media vuelta y se sentó de frente a mí. Su cabello estaba ligeramente alborotado por el viento y sus ojos brillaban aún más de lo que recordaba. Mi labio inferior tembló. -¿Pasó algo con Fitz o algo así? –él aún consideraba estúpido que el anónimo se tratara de, nada más y nada menos, que mi profesora de Inglés avanzado.

-Es Alison –suspiré. –Ella está estudiando en la Universidad.

-¿Y? –se encogió de hombros. Dejé salir todo el aire que tenía por dentro. Los chicos y su estupidez extrema todo el tiempo.

-No me habla –me encogí de hombros. –De hecho, me trata como una mierda.

-Pero, bueno, um, ¿ustedes no eran mejores amigas o algo así antes? –frunció el ceño. Vale. Tenía que admitir que no se le daban los temas de chicas.

-Lo éramos –susurré, mirando ciegamente los arbustos recién podados esta mañana. –Ya no importa –me encogí de hombros y suspiré. Tenía mayores problemas que tan sólo el hecho de que una chica me ignorara por completo. –Arranca. 

*************

Desperté esa mañana sintiéndome con un terrible dolor de cabeza. Era martes, y tenía que levantarme para ir a la Universidad. Gruñí removiéndome y deseando fervientemente poder quedarme ahí tirada mirando al techo todo el día. Pero cuando estás en la Universidad, no te queda tiempo para holgazanear. No si piensas que lo que hagas ahora, asegurará que no termines empacando ropa en un centro comercial cuando tengas cuarenta años.

Me levanté pesadamente, arrastrando mis pies descalzos hacia delante. Tiré mi mano sobre la manija dorada de la puerta, y la medio abrí. Me detuve cuando escuché unos murmullos abajo en la sala principal. No sonaba como mi madre. De hecho, ella tenía guardia en la clínica hoy, desde ayer en la tarde. Y se suponía que ahora sólo éramos Byron y yo. Llevé mis pasos hacia delante, y me agaché desde el pasillo de las escaleras, aguzando el oído.

-¡No puedo creer que hayas venido sin avisarme! –gruñó bajito una voz grave. Supuse que era Byron.

-No me lo dijiste antes –contestó bruscamente una voz aguda, que ni siquiera sonaba como una mujer más o menos contemporánea con Amanda o mi padrastro. Era alguien… bastante joven. –Ella abrió la puerta.

Me pegué más a las barras pulidas de las escaleras. ¿Quién había abierto la puerta? ¿Qué estaba pasando?

-No puedes volver a venir nunca más aquí, ¿me entiendes? –dijo Byron alterado. Desde aquí arriba, podía oír perfectamente sus bufidos. Pero seguía intentando averiguar quién demonios estaba en mi casa.

-¿Y cómo se supone que voy a pagarte lo que te debo? –gruñó ella. –Casi me matan tus dos perros cuando salía ayer.

-Los envié para que me pagaras, estúpida –escupió él. Sentí una punzada en mi estómago. Ése no podía ser Byron. Él nunca hablaba así. –No para que me dieras tan sólo una cuarta parte.

-Porque era todo lo que tenía antes de que me dejaran ir –respondió ella, sin siquiera dejarlo terminar la oración. -¿Por qué no sólo me dejas en paz?

-Te dejaré en paz cuando me pagues lo que me debes, perra –respondió él, dándome retortijones de miedo en el estómago revuelto. –Vete de mi casa. Ella está por despertarse.

No escuché nada más que pasos sordos y la puerta cerrarse estruendosamente. Seguidamente, observé a Byron tirar su periódico sobre la mesa de pino, y alejarse a zancadas bestiales hacia la cocina. A continuación, me arrastré gateando hacia el ventanal, esperando ver a la chica que había irrumpido en mi casa. ¿Tal vez alguna amante? Cuando abrí bien mis ojos y miré hacia abajo, mi sangre se heló. 

Alison.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora