capitulo 33

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Suspiré, esperando porque ella dijera la primera palabra, o quizá reorganizando mis pensamientos en mi cabeza. Quiero decir, había un par de cosas que quería decirle antes de que volviera a ignorarme por completo, así que prefería reunirlas todas de una vez en mi cabeza para poder dormir tranquila de ahora en adelante. Sería horrible verla pasar de largo y recordar que me faltó decirle que era una completa perra ahora, y que odiaba a Niall por ser el posible culpable de su enfermiza actitud.

-Te escucho –pugnó, cruzándose de brazos. Resoplé.
-¿Sabes? –suspiré, frotándome las sienes por un segundo. –Debería ser yo la que debería estar escuchándote. No al revés.
-Bueno… No tengo mucho que decir –se encogió de hombros. Apreté la mandíbula. “Por supuesto que tienes”.
-Han pasado… como tres años –resoplé, haciéndolo sonar como una risa impresionada, mientras parpadeaba repetidas veces. -¿Estás segura de que no tienes nada que decirme?
-Um… Nop –sonrió, y yo apreté tanto la mandíbula que sentí que iba a romperme las muelas. Suspiré hondo, y proseguí. No tenía idea de por qué ella estaba siendo, básicamente una perra conmigo, pero tenía que ser más inteligente que ella.
-¿Por qué regresaste? –le pregunté con voz neutra. De todos modos, igual necesitaba respuestas. Ella parpadeó.
-Mi mamá sigue aquí –respondió. –No… No podía dejarla sola –tartamudeó. “Ajá. Di en tu punto débil”, pensé. Pero, contrario a mis especulaciones, ella irguió los hombros y sorbió por la nariz, cosa que hacía en un intento torpe por disimular lo que sentía.
-¿Y eso explica por qué tocaste a mi puerta el otro día? –la interrogué, cruzándome de brazos, también. Ella tragó saliva. Casi pude sentir sus músculos tensándose.
-No sabía que vivieras ahí –respondió torpemente seria. Humedecí mis labios.
-¿A qué fuiste? –le pregunté. La imagen de ella corriendo con un sospechoso sobre blanco enganchado entre sus dedos pululando en mi cabeza una vez más. Me sentía como hablando con una extraña.
-Ése no es tu problema, Skylar –contestó secamente. Asentí.
-De acuerdo –casi susurré, bajando la mirada. –Mira, yo… -me corté. No iba a decirle cuánto la había extrañado. Eso sería una gilipollez de mi parte, y además, no se veía como que ella lo necesitara. Tragué saliva y abrí la boca para decirle algo, pero me callé en cuanto sentí un delicado agarre en mi brazo.
-¿Por qué te has ido así? –masculló Amy. Sus ojos grises muy abiertos hacia mí. Bajé la mirada y suspiré. Nunca llegaría a mantener una conversación decente con ésa que alguna vez consideré mi mejor amiga. Amélie miró a Alison, sacudiendo la cabeza.
-Oh –dijo, soltando el agarre de mi brazo. -¿Interrumpí algo?

Suspiré, tragando saliva torpemente.

-De hecho, no –Alison achicó los ojos, sonriendo con sorna. Seguidamente, alisó torpemente su camisa, y se alejó a paso decidido a través del pasillo, perdiéndose entre la gente. Resoplé, dejando escapar una risita impresionada de nuevo. Amy puso una mano en mi hombro con rostro expectante. Ciertamente, le había contado absolutamente todo sobre mi vida… restando detalles, por supuesto. Y uno de esos detalles, era la repentina partida de Alison a Irlanda con un tipo que conoció apenas dos meses y medio. En cierto modo, él me la había arrebatado.

Un día, estás hablando por teléfono con tu mejor amiga mientras comes palomitas de maíz y piensas que tu vida es perfecta, pero al otro, de repente te encuentras atrapada en un torbellino de problemas y esa chica ni siquiera te habla. Jodida vida.

-¿Estás bien? –Amy me preguntó. La miré, tomándome unos momentos para entender lo que me había dicho. Luego de varios instantes de estupidez extrema, asentí. -¿Quién era ésa?
Cavilé, humedeciéndome los labios. –Nadie –respondí al fin. –Nadie importante.

Obligué a mis propios pies a seguir adelante, de repente sintiendo una punzada ardiente en el tobillo que me había esguinzado unas semanas atrás. Me detuve, dando breves movimientos circulares. Resulta que era mi mente tormentosa la que me jugaba una mala pasada. 

-Pero, quiero decir –insistió Amy, apresurándose para igualar mi paso. Casi rodé los ojos. Aborrecía hablar de estos temas, que tanto me recordaban a la época horrible de hacía dos años. –Ella no se veía muy feliz.
-Quién sabe –contraataqué. –Nada es lo que parece, después de todo.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora