Capítulo 15


















Capítulo 15: Uno más





Shannon sintió otra vez ese horrible nudo en el estómago que le llevaba molestando toda la noche. Tumbada sobre las baldosas del baño, Shannon no dejaba de voltearse y relvoverse en el suelo por culpa de esa molesta angustia que no paraba y que a cada momento se acrecentaba aún más.

-¡mierda! -exclamó ya harta.

Aún tardó un rato más en dormirse. Y cuando lo hizo, deseó no haberlo hecho nunca. El dolor fue en aumento y notaba, como aún sumida en sus sueños, u extaño ardor le recorría el cuerpo y le fundía los sentidos, dejándola totalmente sorda, muda y ciega. No era quien de abrir los ojos ni percibir los sonidos ni emitir protesta alguna. Se hallaba dentro de una burbuja inderstructible. ¿Qué demonios le pasaba? Se sentía ahogar, como si la golpearan en los pulomnes y le retorcieran el esógafo.

"¿Qué me pasa?", se pregunta angustiada. "Despiértate", se ordena a sí misma.

Y entonces, grita.



***



Esteban se despiertó sobresaltado y saltó literalemente de la cama. "Shannon", piensó tras escchar aquel agónico chillido. Abrió la puerta del baño y se adentró en él para agarrar a Shannon por las muñecas e inmovilizarla. Al momento, Shannon abrió los ojos desprovistos de vida y bañados en lágrimas.

-Shannon... Shannon, respira. Soy yo, estás aquí... No pasa nada -le dijo Esteban haciendo un amago de abrazo.

-Esteban -musitó Shannon antes de volvert a estallar en lastimeros sollozos.

Esteban siguió acunándola en sus brazos hast que esta se quedó profundamente dormida. La cogió como sino pesara más que una pluma y la acostó en su cama arropándola con suavidad. Sonrió antes de besarle la frente y recostarse en el frío suelo. No tardó mucho en dormirse. ¡Y como no! Soñó de nuevo con ella...



***





Shannon dio vueltas sobre la cama y pataleo las sábanas hasta que estas cayeron al suelo. El sudor volvía a hacerse presente y las lágrimas no tardarían en llegar. En ese momento, abrió los ojos sobresaltada y se incorporó de un salto. ¿Qué hacia en la cama de Esteban? ¿Dónde estaba Esteban?

Busco a tientas el interruptor de la luz. Pero a mitad de camino choco con algo, bueno con alguien. Esteban yacía en el suelo dormido, hecho un ovillo. Su rostro de angulosas facciones se hallaba totalmente relajado, más sus músculos tensos. Era increíble ver como se le marcaban los bíceps de los brazos de aquella manera tan sensual.

Shannon se agachó y se dedicó a observarlo por largos minutos. Le habría gustado que en ese momento el hubiera abierto los ojos y ella se hubiera sumergido una vez más en aquel dorado perfecto. Pero Esteban estaba tan profundamente dormido que era imposible que este se despertará en algún momento.

Shannon suspiró y paso uno de los musculosos brazos por sus hombros. Haciendo inca pie de todas las fuerzas que tenía levanto a Esreban con sumo cuidado. Este, para su suerte, sólo gruñó en sueños. Pero no se despertó. Lo llevó hacia la cama e intento acostarlo con delicadeza. Pero El cuerpo de Esteban cayó sobre aquel colchón de plumas llevándose consigo a Shannon. Esta quedó aplastada bajo el cuerpo de Esreban, el cual se aferraba a ella con fuerza, casi con furia contenida.

-Genial, francamente estupendo... -mascullo Shannon intentando zafarse de su agarre.

Pataleo, volvió a patalear. Gruñó, maldijo en voz baja. Pero Esteban seguía sin inmutarse. Estaba planteandose la idea de gritar auxilio y que alguien de la casa viniera a ayudarla. Pero sería muy tonto y egoísta por su parte. Así qué, sin más avisos, se durmió.

Esteban abrió el ojo derecho y observó a Shannon ya en los brazos de morfeo, con los labios entreabiertos, esperando emitir alguna maldición más, que quedo enmudecida tan pronto Esteban los arropo a ambos con las sábanas.

"Parece que tu plan ha funcionado, Sherlock."












Byron abrió los ojos asustado al escuchar los gritos de su compañero de cuarto. Máximo se revolvía en su cama furioso. La luz que se filtraba por la ventana daba de lleno en su infantil rostro, resaltando los pómulos bañados en lágrimas.

Byron se levanto y se aproximó a Max para instar despertarlo. Pero este lo único que conseguía era recibir algún golpe de parte del dormido.

-¡Máximo! ¡Max! ¡Despierta! -le gritó Byron zarandeandolo, pero Max ni se inmutaba- ¡Máximo!

Byron no espero ni un segundo. Cogió el vaso de agua que tenía en la mesilla de noche y vistió todo su contenido sobre la cara de Max. Este se agitó una vez más y abrió los ojos. Inconscientemente golpeó a Byron en la cara.

-¡Ey! ¿Por qué has hecho eso? -exclamó Byron tapándose la mejilla dañada.

-¿Por qué me has tirado tu agua por toda la cara? -recio Máximo cruzando se de brazos.

-Porque estaba harto de escuchar tus malditos chillidos de nena -contraatacó Byron levantándose y abriendo la puerta de su cuarto.

Máximo bufo antes de seguir a Byron por los pasillos hasta bajar a la sala de entrenamiento.

-¿Adónde vamos? -pregunto Máximo cuando Byron abrió la puerta de dicha sala y se adentró en ella con paso ligero.

-A hablar con Francine para que te de algo para las noches. En serio, Máxi. Es la quinta vez que te despiertas gritando de esa manera -murmuro Byron ya en camino al despacho de la maestra.

Máximo asintió apesadumbrado mientras bajaba las escaleras de Caracol, internado seguir el ritmo de su compañero. Byron ya se hallaba junto a la puerta cuando Máximo se acercó a el segundos después.

Byron abrió la puerta sin llamar y la cerro tras sus espaldas cuando Máximo ya había entrado.

Francine alzo la mirada sorprendida, bueno fingiendo sorpresa, e invito a los dos recién llegados a sentarse.

-¿Y bien? -pregunto Francine- ¿Qué queréis?

-Máximo lleva días teniendo pesadillas y grita omo un maldito cerdo en el matadero. ¿Tienes algo, no se, para ahuyentar las pesadillas o yo que se?

La maestra apoyó los codos sobre la mesa y poso su barbilla sobre sus manos. Se coloco las bien las gafas mientras pensaba.

-Máximo -dijo al fin- Máximo, ¿de qué van esas pesadillas?

Max abrió los ojos sorprendido antes de responder con toda tranquilidad.

-De la mayoría no me acuerdo. Pero se que al principio es como sí me quedara ciego, sordo y mudo. Se que aún estoy despierto pero no puedo hacer nada. No siquiera puedo moverme. Después sí que me duermo, y sueño. Pero nunca recuerdo lo que. ..

-No te acuerdas de nada?

Máximo negó.

-Siempre menciona a Gracielle en sus sueños -dijo Byron para la sorpresa de ambos- Siempre. Y ta,bien dice nuestros nombres. Pero el que más escucho es "Seraphine".

-¿Y qué dice?

-No dice nada en particular. Palabras sueltas. O "déjame" pero nada más.

Francine asintió, algo extrañada. Tras largos minutos en absoluto silencio, les indico a los dos jóvenes que abandonarán la sala. Necesitaba tiempo para pensar. Ambos asintieron y subieron a la sala de entrenamiento, donde Ruth lanzaba incansable cuchillos a todos los muñecos de práctica. Beth afilaba con n ímpetu una navaja de mango de plata. Max se aproximo a su hermana y se sentó junto a ella. Ruth alzó la mirada y clavo sus dos ojos Vila,celos en la mirada ausente de Byron.

-¿Qué ocurre, hermanito? -pregunto Ruth divertida- Parece que has visto a un fantasma.

Byron no contestó. Se limitó a maldecir entre dientes ante de salir corriendo hacia l cuarto de Esteban.










Shannon bostezó sonoramente y se frotó los ojos aún adormilada. Los brazos de Esteban la rodeaban fuertemente, apretándola contra el. Pero no le importaba. Había dormido perfectamente, no una sola pesadilla más. Esteban seguía con los ojos cerrados, cuando ella se reostó más en su pecho y comnzó a trazar sinuosos círculos en su torso. Gimió en sueños y acerco más su rostro al de Shannon, rozando su nariz. A Shannon le hizo cosquillas y emitió una leve risita. En ese momento, Esreban abrió los ojos y sonrió.

-Bunos días... -murmuró echando su cálido aliento haciendo que el vello se le erizara.

-Bunos días -contestó,Shannnon imitando su voz cansadaa.

-Que graciosa -replicó Esteban antes de bostezar.

Shannon se arrimó más al cuerpo caliente de Esreban buscando calor, pues una rafaga de aire frío le había recorrido el cuerpo entero.

-¿Tines frío? -se ñreocupó Esteban abrazándola más fuerte.

-Ya no -contestó la aludida volviendo a cerrar los ojos.

Esteban sonrió como un tonto y volvió a recostares en la cama, sintiendo la presencia de Shannon junto a él. Con suma delicadeza comenzó a acìcalarle la maravillosa melena, produciéndole escalofríos por momentos.

-¡Esteban! -escuchó su nombre en el momento en que abrieron la puerta de su cuarto.

Shannon se levantó sobresaltada, zafándome del agarre de Esteban.

-Con lo bien que estábamos así de juntitos.,. -masculló Estban, que para su felicidad nadie le scuchó.

Byron se había quedado plantado en el umbral de la puerta, sin saber que caer o decir. La boca muy abierta en forma de O y los brazos extendidos a los lados, como Bruno en El Niño del pijama de rayas. A Shannon aquella comparación le pareció divertida. Igual que el adjetivo con el que Bruno siempre calificaba a su hermana. Ese "tonta de remate" le perseguía incluso en sueños. Pero aquel no era momento de echarse a reír por una de esas tonterías. ¡Byron acababa de encontrara Shannon y a Estban abrazados en la cama! ¿Qué pensaría de eso?

-Byron, no es lo que tu crees... -comnzó a decir Shannon.

-No me digas nada. Sinto haberos interrumpido. Yo.,. Sólo venía a decirnos que... Bueno, nada. Ya me encargo yo -mascullo Byron ente dientes.

-No, Byron, espera. Entre nosotros no hay nada, de verdad...

Pero Byron hizo caso omiso de sus explicaciones y salió de la habitación cerrando de un portazo.

-Y pregunto yo, ¿por qué diablos te excusas ante el diciendo que entre nosotros no hay nada? -escupió Esteban incorporandose y alejando se de Shannon.

-Entre nosotros no hay nada. Tu mismo lo has dicho más de una vez -replicó Shannon.

-¿Ah, sí? -ironizó Esteban- Pues em alegro de que te haya quedado tan claro.

Y sin más, salió del cuarto siguiendo los mismos pasos que Byron, no sin antes cerrar de un portazo.

-Venga, dioses. ¿Por qué no me complicáis más el día? -murmuro ans de golpear la pared con todas sus fuerzas- Cada día eres más ingenua y estúpida, Scott.




Minutos después se hallaba en la sala de entrenamiento junto a todos los de la casa. Los "otros" seguían allí. Sobr la dichosa rubia que se pegaba a Esteban siempre que tenía oportunidad. Por su contra, Byron evitaba a toda costa todo contacto. Ruth y BETH estaban que echaban pistas. Y Máximo... Bueno, estaba allí, en su mundo como siempre.

-Se acabó tanta estupidez. Vámonos ya -dijo Byron en sé momento.

-¿Ir adonde? -preguntaron todos a la vez.

-A la Cupila -respondió Francin antes de que Byron hablara cortante.

-¿Para qué?

-Howard ha desaparecido -replicó Byron apesadumbrado- Y Gracielle tiene algo que ver con ello.







No tardaron en escucharse los gritos de los presentes acompañados de alguna maldición. Shannon se quedó totalmente en shock. El cabello negro le caía a chorretones s sobre la frente. ¿Estaba sudando? Sí, estaba sudando. Siempre suda cuando está nerviosa.

Sin darse cuenta, se hallaba sola con Byron en la sala. Todos se habían ido a por sus respectivos trajes mientras ella seguía aún en shock. Byron se dio cuenta del horror que mostraba el rostro de Shannon, así como de su quietud. Seguía en al mis posición desde hacía diez minutos.

-Shannon, ¿estás bien? -quiso parecer suave y delicado, pero su tono era hosco y cortante.

Shannon sacudió la cabeza y lo miro un instante. Howard... Desaparecido... Gracielle... Esas tres palabras no cuadraban en una oración juntas. ¡Dios mío! Howard había desaparecido...

-Shannon, Shannon, ¿estás bien? -volvió a preguntar Byron acercándose a ella.

Pero Shannon seguía perpleja, ahogada por la estupefacción, en su mundo de dudas.

-Shannon... -Byron la agarró de un brazo y Shannon, inconscientemente se apartó y le golpeó.

-Alejate, no me toques. Ni se te ocurra tocarme -coe nzó a decirme. Las lágrimas a punto de salir- No, no me toques. ¡Alejate de mi!

-Lero, ¿qué te pasa, Shannon? -se preocupó Byron intentando volver a agarrarla.

- Mierda, Byron! Howard ha desparecido. Podías habérnoslo dicho antes pero te enfadaste porque nos viste a mi y a Esreban juntos, ¿verdad? -le espetó Shannon- Deberíais dejar vuestros malditos celos a parte. Los dos.

-¿Quien te dice a ti que son celos? -gruñó Byron en contestación- ¿Quien te dice a ti que nos celemos por ti? ¡Por favor, Shannon, hay tías mucho mejores que tu! ¿Crees que íbamos a estar los dos colados por una niñeara como tu?

Bravo, Byron. La ha jodido pero bien.

-¿Sabes que? Dijiste que Esteban era engreído y borde por naturaleza. Y me he dado cuenta de que tu también -dijo Shannon antes de salir de la sala de entrenamiento corriendo.

Y como bien había pensado. Ls lágrimas no tardaron en salir. Tan pronto entro en el cuarto de Esteban se derrumbó sobre el suelo y empezó a llorar. Pero, ¿qué era esto? ¿Llorar por un hombre? Eso era algo imposible en Shannon Scott. Y aún más imposible is resulta que llora por dos hombres. Joder, Scott, ca día peor.

Mientras hipaba y sollozaba, Esteban salía del baño con una toalla rodeando su cintura y el pelo empapado pegandosele al rostro. Se apró en seco cuando vio a Shannon tirada en el suelo, inundada por los llantos.

-¿Shannon? -preguntó sorprendido.

Shannon alzó la mirada un segundo para luego tapar se totalmente la cara enterrándola en las piernas.

-Shannon, ¿qué te pasa?

Y he ahí la diferencia entre la manera de hablar entre Byron y Esteban. Byron había sido cortante y hosco. Esteban estaba siendo dulce y sensible. Cada vez más complicado...

Shannon siguió llorando y Esteban no pudo por más que ponerse los pantalones y sentarse junto a ella. Le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia él. Depositó un suave beso en su frente y le acarició el cabello.

-¿Me vas a decir ahora que te pasa?

Shannon negó con la cabeza mientras seguía sollozando. Esteban asintió pero no pudo evitar poner los ojos en blanco unos segundos.

-¡Oye! -se quejó Shannon, la cual lo había visto.

Esteban se echó a reír y su cuerpo vivró al compás que Shannon.

-Tomaré esa risa como un "ya estoy bien" - replicó Esteban sonriendo.

Shannon también sonrió.

-Oye, yo... Lo siento sí te molestó la manera en que te hablé, Shannon. Yo soy muy duro hablando y lo reconozco. Pero es que no sé controlarme, lo siento... -Esteban se atragantaba con las palabras y eso a Shannon le hizo sonreír con dulzura.

Lo miro unos instantes y lo abrazó ajumas fuerte al ver el nerviosísimo de este.

-Me confundes, Esteban. Un momento estás muy cariñoso y sensible y al instante estás borde, enfadada do, etc. No s, es confuso.

-Lo sé.





Ya en la sala de entrenamiento. Cada uno con sus respectivas armas, se dispusieron en la sala de entrenamiento. Shannon se hallaba en una esquina con Máximo, de brazos cruzados y echando humo por las orejas. Sí, ella no iría a la Cúpula. Se quedaría en casa cuidando a Máximo. Que divertido, ¿no? Pues no.

Ruth y BETH le dieron un corto abrazo al pasar junto a ella y se despidieron d Máximo con un bešo en la frente. Este beso leve,ente la mejilla de Shannon y salió apresurado de la casa. Los demás siguieron saliendo en orden. Bratt y Angie de últimos. La pelirroja le dirigió una tímida sonrisa y se despidió de ella con la mano. A Shannon le cogió desprevenida pero correspondió a la despedida dubitativa. Bratt coloco una de sus mejores sonrisas en el rostro y le beso la mano caballerosamente antes de salir afuera junto los demás.

-Loco, el mundo se está volviendo loco -comento Shannon en voz alta.

-Ni que lo digas -replicó Max con cara de asco.

Shannon se echó a reír mientras Máximo sacaba la lengua. La sacudía para librarse de lo gérmenes inexistentes.

-Dime, Max, ¿qué sueles hacer cuando los de la asa se van de expediciones o así?

-Normalmente voy a la librería de la ciudad o al cine. O sino me quedo en casa cotilleando -contestó Max indiferente.

-¿Cotilleando lo qué? -preguntó Shannon sorpresa.

-Las cosas de BETH, Ruth y Dsreban. Las de Francine no puedo, sino ta,bien.

Shannon abrió los ojos perpleja. ¿En serio aquel mocoso se dedicaba a espiar entre las cosas de los demás?

-Máximo, ¿tu sabes algo acerca del hermano mayor de Esteban?

Max negó con la cabeza repetidas veces.

-No, pero podemos cotillear en sus cosas para averiguar algo, sí quieres -le ofreció el chiquillo sonriéndole abiert!ente.

Bueno, ¿qué de malo tenía espiar un poco?

-Esta bien, Máxi. Vamos a cotillear.









Los ojos de Byron brillaron justó en el momento en el que Esteban se colocó a su lado. El resto los seguía de cerca, pero el espacio entre ellos les permitía comunicarse sin que el resto se enterara.

-¿Qué quieres? -pregunto Byron cortante antes de que Esteban hablará.

-Esta bien, hermano. Sólo quería avisarte de que sí Shannon vuelve a entrar en mi cuarto corriendo y llorando por tu culpa, te mataré -contestó Esteban serió.

-¿De qué hablas? -preguntó Byron sorprendido.

-Te hablo de que hace unos minutos Shannon subió a mi cuarto llorando y corriendo como alma que persigue el diablo, ¿sabes? Y se que fue por tu culpa, no soy tan tonto.

-¿te has parado a pensar que tu también tienes la culpa? Hay muchaš veces que viene a mi deprimida por tu culpa. Y soy yo el que tengo que consolarla, ¿sabes? -le espetó Byron apretando los puños. ¡Uy, Uy! Señal de cabreo.

-Lo se, y ya le pedí perdón.

Byron se paró en seco, pero enseguida retomó la marcha.

-¿Tu? ¿Pidiendo perdón? Venga ya, eso no se lo cree ni Ruth. Y mira que ella piensa lo enorme de todos.

-Pues sí, lee di perdón. Bueno, yo sólo te avisaba para que sepas cual es la razón de que me acerque un día a ti cuchillo en mano y te atraviese con el sin contemplaciones.

-Vale, bro. ¿Me permitirás a mi decirte lo mismo? ¿Sí? Bueno, pues como un día ve a Shannon mal por tu puta culpa, hablando en plata, te rebañaré el cuello, té arrancaré la cabeza y ganaré a Shannon en un partido de balonmano usando tu cabeza como un balón.

-Bonita amenaza -comentó Esteban irónico.

-perfecta, diría yo -replicó Byron sonriendo con suficiencia.

Esteban puso la ojos en blanco y bufó. "bien, a ver quien la palma antes de nosotros dos".

Francine se aproximó a ambos y aceleró el paso. La silueta de la inconfundible y extraordinaria Cúpula se cernía sobre el cielo rompiendo aquella infinidad azul celeste.

-Rápido -les urgió la maestra prácticamente a la carrera.

La Cúpula seguía siendo igual de esplendorosa y enorme que siempre.ya desde fuera se podía oler el inconfundible aroma a incienso mezclado con vainilla que reina en la biblioteca, donde un día se reunieron todos los Dioses de cada raza mágica.

-Huele raro -se qujó Melissa rompiendo el silencio- Huele a a biblioteca. Ósea, a aburrimiento.

-Tu hueles a mierda y nadie te dice nada -le espetó Beth ya harta de aguantar la.

-Mira, Bethania, sí tienes algún problema me lo dices y acabamos con esto de una vez.

-Donde y cuando quieras, guapa.

BETH se acercaba peligrosamente a Melissa, más la maestra la detuvo a tiempo de evitar que Beth acabara con ella a golpes.

-Esto no se ha acabado, rubia de bote -reclamó Bethania ya en el interior de la Cúpula.

Melissa se arregló la ropa y el cabello y siguió a los demás por el estrecho pasillo. Francine titubeó antes de abrir la puerta que daba a la biblioteca.

-Me cago en su vida -esclamó Ruth.

Todos los libros estaban tirados por el suelo y, en el medio, una gran marca roja, similar a una luna menguante pero con una estrella rodeándola.

-La marca de Gracielle -murmuró Esreban más para sí que para los demás.

-Sï, hermano. ¿Me crees ahora? -dijo Byron escupiendo las palabras.

Esteban hizo caso omiso del y atravesó la estancia a grandes zancadas hasta legar al dibujo hecho con sangre. Se agachó y la tocó con los dedos para después olerla.

-Esta sangre es de hace horas, un día como mucho -aclaró volviendo a levantarse.

-¿Es la sangre de Howard? -preguntó Beth.

-No, esta sangre es de humano.








-Máximo, creo que no deberíamos estar haciendo esto -comentó Shannon mientras Max rebuscaba entre las cosas de Esteban.

-¿Por qué no? Es algo totalmente normal -replicó Máximo quitándole importancia con un gesto de la mano- Jopé, Esteban esconde sus cosas muy bien.

Shannon bufó y se sentó en medio del cuarto con las piernas cruzadas como una India.

-Sigue buscando. Yo no te pienso ayudar.

Max asintió y siguió con su incansable búsqueda. Shannon, involuntariamente comenzó a tararear una canción. Máximo acompañó el canto de Shannon silbando mientras abría uno de los cajones del armario. Pero lo único que encontró fueron dos pares de botas con cuchillas en las suelas.

-Entonces, Esreban nunca habla de su hermano mayor, ¿no? -rompió el silencio Shannon.

-No, nunca.

-¿Y de sus padres?

Máximo quedo callado pensando.

-Sólo una vez -contestó al fin.

Shannon no se esperaba esa contestación y aún tardo tiempo en asimilar la.

-¿Y qué dejo sobre ellos?

-Nada importante. Pero sabemos algo acerca de ellos por la maestra. Ella nos contó unas cuantas cosas.

-¿Cómo qué?

-Bueno, los padres de Esteban se separaron al mes de morir su hermano mayor. El padr de Esreban pensaba que la madre era débil. Aunque se equivocaba. La madre de Esteban odiaba a los cazadores. Para ella matar era un pecado imperdonable, ya sea con razones o sin ellas. Parecía tener más sangre de humana que de cazadora. Esteban fue educado desde el punto de vista de su madre. Odiaba matar. El no quería ser un asesino, y eso su padre era incapaz de soportarlo. Era incapaz de soportar ver a su hijo hecho un blandengue, como su madre. Por eso pidió los papeles del divorcio dos días después el asesinato de su hijo. Pero no se separaron hasta un mes después por asuntos del Consejo. La madre de Esteban quedó destrozada desde aquello. Su familia, unos asesinos. El hombre al que amaba se alejab ade ella por su debilidad, su hijo mayor muerto y su hijo pequeño por el mismo camino que el resto de los cazadores. A Esteban lo corrompió un tremendo odio hacia los ángeles desde al muerte de su hermano. Todo lo hace por venganza. Y eso a su madre le mataba. Hasta qué llegó un día en que la madre no pudo soportar más la presión y se suicidó. Eso a Esteban fue como sí le arrancarán otro miembro del cuerpo. Su hermano muerto, su madre muerta, su padre olvidado. Ya no tenía a nadie. El no quería ir a un orfanato de cazadores, así que lo mandaron aquí. Francine se encargaría de su educación y cuidado. Y nosotros seríamos los hermanos que el nunca tuvo. Yo de aquella aún r un bebe, y no recuerdo muchos cerca de la llegada de Esteban. Se que pasaba la mayor parte del tiempo en la sala de entnaiento y por la a noches venía a mi cuna a cantarme y me acariciaba el pelo. Eso sí lo recuerdo. Yo era como el hermano pequeño que nunca tuvo. BETH y Ruth un taño de lo mismo. Y Byron era como un sustituto de su hermano fallecido. Aquí encontró su lugar, aunque no lo parezca. Aún así, sigue odiando a los ángeles como el primer momento.y sigue echando de menos a sus padres y a su hermano aunque no lo deje entrever.

-Me has dejado muerta,Max -dijo Shannon, a los ue Máximo contesto con una carcajada- En serio, no sabía nada acerca de sto.

-No me extraña.

Max sonrió mientras seguía buscando.

-Búa, no me lo esperaba para nada.

Entonces, se escuchó u. Ruido y minutos después, la lámpara de la mesilla de noche yacía rota en el suelo junto a algo más.

-¿Qué demonios es eso? -exclamó Máximo.

Shannon se levantó y se acercó a aquel pequeño bulto. Para su sorpresa, distinguió una carita redonda con labios en forma de corazón y hermosos ojos del color del arco iris.

-Un... ¿Bebé? -la palabra no daba salido de sus labios.

Max ahogo un grito de sorpresa.

-¡No lo toques, Shannon! Es una hada.

Y era cierto. De la espalda del bebe sobresalían dos hermosas alas de distintos tonos con remates dorados. Era preciosa.

-Pero sí es u bebe, Max. es inofensiva.

-Es una ilusión, Shannon. Es lo que ella quiere que creas.

Pero Shannon volvió a negar no la cabeza y se puso de cuclillas junto el pequeño. Con los dedos rozó su mejilla sonrosada y el hada emitió una leve carcajada cantarina.

-Max, es un bebe de verdad. No es malo. Cuando nacen no saben lo que es la maldad. Igual que no saben volar, ni hablar, ni nada. Me preguntó que diablos hace aquí...

Entonces l bebe poso una de sus regordetas manos en la cara de Shannon y una serie de ian genes pasarn por su cabeza como aún película. Un hada mayor con un bebe en brazos. Un bebé sobre le césped llorando. Un bebé intentando volar. Un bebé nitrando por la ventana del edificio y chocando con la lamparilla de noche.

El bebé hada sonió enseñando su dentadura sin dientes y apartó la mano de Shannon.

-Max, a este bebé lo abandonaron. Y ello aquí por causalidad -dijo Shannon aclarado las mudas dudas de su interlocutor- El me lo ha enseñado, bueno, ella.

La niña volvió a sonreír y beso la mejilla de Shannon, esta rió.

-¿En serio?

-Sï, en serio. Ven, no es mala.

Max se acercó dubitativo y se quedo unos minutos mirando a los ojos al bebé, intentando deshacer la ilusión, pero le era imposible. No había ilusión de ningún tipo.

-Veo que somos uno más, entonces.

-Veo que sí.

-¿Crees que los demás loa ceptarán?

-No, pero... ¿Qué más da?

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