Capítulo 37: El almacén secreto.

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Había pasado una semana desde que todos habían ido a ver a Aomine y se habían enterado de la boda de Kagami y Tetsu. Algunos de ellos aún pasaban de vez en cuando para enterarse de cómo iba la rehabilitación de Aomine, sobre todo... después de que el día anterior le quitasen los puntos y le dieran vía verde para empezar con la rehabilitación.

Aomine odiaba tener que estar haciendo rehabilitación y no por la persona que Akashi había contratado para atenderle en casa, sino por el dolor que suponía mover la pierna tras la operación y por el aburrimiento de los días sin poder ir adónde él quería, teniendo que depender de esas frustrantes muletas para todo. Las palmas de sus manos empezaban a mostrar síntomas de moratones gracias al peso que cargaba sobre ellas por esas muletas.

Akashi se había marchado temprano esa mañana para ir a entrenar y hasta la tarde no vendría el rehabilitador que el pelirrojo había contratado específicamente para su lesión. Las mañanas eran un aburrimiento absoluto, Akashi se marchaba a las siete de la mañana, dejaba a Daisuke en el colegio a las ocho y no volvía hasta las doce.

Toda esa mañana, Aomine estuvo tumbado en el sofá cambiando de canales. Ni siquiera transmitían algo decente en la televisión. Era insoportable tanto aburrimiento. Pensó en llamar a Tetsu y hasta a Bakagami, pero se dio cuenta de que estarían trabajando a esas horas. Todo parecía un mal plan, todo destinado a su total aburrimiento.

Decidió ir al baño de esa misma planta. Cogió las muletas y caminó por el pasillo hasta llegar al baño, pero al darse la vuelta, algo llamó su atención. El pasillo tenía forma de T, pero un lateral era más corto que el otro. Miró a su lado, junto a la puerta del baño. Era una pared con un bonito y caro cuadro.

- Qué raro – exclamó Aomine para sí mismo.

El moreno entró al baño y tras orinar, decidió investigar aquel suceso puesto que... no paraba de darle vueltas a lo poco exactas que eran las medidas del pasillo. Akashi siempre había sido muy meticuloso y cuidadoso, todo tenía que ser perfecto, no habría permitido algo tan asimétrico como aquello.

Se acercó a la ventana del baño, ésa por la que una vez Akashi empezó a lanzar rollos de papel higiénico. Abrió el cristal y miró al exterior. El jardín estaba impecable como siempre, pero no era eso lo que quería comprobar, sino ,precisamente, que la estructura de la casa continuaba pese a que el pasillo se cortaba. Eso sí era raro y estaba claro que ahí había un trozo más de casa que él no había pisado. Akashi ocultaba algo y debía ser algo grande por la cantidad de pasillo que faltaba respecto al otro extremo.

El rostro de Aomine se iluminó, un nuevo secreto de Akashi para descubrir era lo que necesitaba para hacer más divertida su aburrida estancia en esa mansión con la pierna mal. Cerró la ventana y salió del baño caminando hasta la pared. Tenía que haber algo y lo tuvo muy claro cuando al golpear la pared, se escuchaba hueco al otro lado. Había una habitación tras esa pared.

Investigó un poco por los alrededores de la pared. Al final, tuvo que dejar las muletas apoyadas contra una mesilla mientras apartaba el cuadro. Allí estaba el botón para abrir la puerta de la siguiente sala, aunque con contraseña. Por suerte para Aomine... la contraseña de Akashi siempre había sido muy fácil... era el nombre de su amada madre. No tuvo problemas en abrir el cristal que cubría el interruptor y darle para abrir la puerta.

Encendió la luz en cuanto entró por aquella sala para ver las inmensas y largas estanterías metálicas llenas de cajas bien cerradas. Aomine se quedó perplejo durante unos segundos, no sabía qué era todo aquello pero tenía una cosa muy clara, iba a descubrir lo que escondía ese pelirrojo con tanto empeño.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora