Pesado/Pietro

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Caminabas por Central Park. Ya eran las diez de la noche y las farolas ya estaban encendidas y emitían luz blanca. Estabas paseando tranquilamente, disfrutando de la suave brisa y el frescor de la noche...cuando tropezaste con una piedra y por poco te caes. Evitaste el tortazo gracias a que alguien te había sujetado.
-¿Te encuentras bien?- dijo esa persona.
Era voz de hombre, con un acento extranjero, parecía ruso. Te incorporaste y giraste para ver a ese muchacho. Era alto, de pelo rubio casi blanco y ojos azules. Pero azules azules. Estabas muy impresionada.
-Sí, sí. Gracias. Me has salvado de unos cuantos moratones. ¡Te debo una! Este...- dijiste nerviosa.
Él sonrió al ver tu nerviosismo.
-Llámame Pietro.- dijo sonriendo.
-Bien, Pietro. Pues tú puedes llamarme ______.- dijiste mientras le dabas la mano.-Ahora, si me disculpas, tengo que irme por allí, y supongo que tendrás que irte por allá, así que no te molesto.- dijiste sonriendo muy nerviosa.
Tu única debilidad eran los ojos azules. Cuando tu hermano era más pequeño y te pedía algo, se lo permitías tan solo por sus ojos. Y los de este chico eran muy embelesadores. Y eso no te gustaba nada de nada. Muchos otros ojiazules te habían hecho daño por esto, y no pensabas volver a pasar por esto.
-¿Quiéres que te acerque a tu casa ____?- dijo en tono seductor.- No se si te habrás dado cuenta, pero soy un mutante que tiene súper velocidad.
-No no no no. Tengo piernas para algo.-dijiste tú, tratando de disuadirle.
-¿Segura? Si te llevase yo estarías ahí en tres segundos, tal vez menos.
-Mira,- te plantaste tú, ya enfadada.- no se quien te crees que eres, pero no van a funcionar tus tácticas seductoras conmigo. Así que dejame en paz.- dijiste volviendote y dirigiendote a tu piso.
Él te siguió sin que le vieses. O eso creía él. Se quedó observando como entrabas en tu casa desde una farola que estaba lo suficientemente alejada.
-Creía que te había dicho que me dejases en paz.- le dijiste tú detrás de él.
-¿Qué? Pe...pero si... si yo vi como...-decía él señalando y mirando a tu casa y señalandote y mirándote.
-¿Confuso?- le dijiste cruzandote de brazos.- También soy mutante y puedo crear hologramas.- explicabas mientras tratabas de ignorar esos océanos que tenia por ojos.
Él paró de gesticular y cambió la expresión de su cara por una de admiración, con una sonrisa.
-Mola. ¿Querrías...?
-Antes de que digas nada,- dijiste tú cortándole.- no voy a enseñarte nada más, ni quiero volver a tener trato contigo. Te agradezco mucho el que me hayas ayudado cuando casi me caigo antes, pero no quiero a un yandere persiguiendome, ¿vale?
-Oh, bueno. Está bien. Si eso es lo que quieres, lo respeto.- dijo él con tristeza.
-Gracias.- le dijiste y ahora sí que fuiste a tu casa.
Él se marchó a la velocidad de la luz, tan solo dejando un rastro de lineas azules, que se desvanecían casi al instante. Ya conocías a los de su calaña. Querían impresionar a las chichas con su habilidad especial, pasándose por grandes seductores, para engañarte con otra a los dos días. Suspiraste y te metiste en la cama tras ponerte el pijama. Lo que tú no sabias es que Pietro, por culpa de su acelerado metabolismo que le arruinaba el sueño ya que solo dormía unas cinco horas al día, volvió pasadas esas horas para vigilar que todo estuviese bien a tu alrededor. Lo que tú agradeciste dándole un baño al tirarle el agua de un cubo, ya que vivías en el primero y tenias muy buena puntería.

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