Queridos miembros del colegio Hopewell High:

Estamos conscientes que hemos tenido que perder un año de nuestras vidas en esta asquerosa escuela, y que así será hasta que nos acepten en una Universidad o nos lleven presos. Podemos vivir con eso. Pero también creemos que ustedes deben estar locos si piensan que van a poder apaciguar nuestro carácter o volvernos unos mas del montón, porque en términos más simples, y en las definiciones mas pertinentes, hemos descubierto que cada uno de nosotros es una neurótica enamoradiza...

...un futuro presidiario...

...y una fugitiva de los manicomios.

¿Eso responde sus preguntas?

Sinceramente suyos

El Club de Hopewell 

—No puedo creerlo—se decía una joven de cabellos rojos y enmarañados esa mañana de septiembre frente al espejo del tocador—. ¿Escuela? ¿Otra vez?

—¡Hija!—escuchó la muchacha desde el exterior del cuarto de baño el llamado para salir de una vez—¿Todavía no estás lista?

—Ya casi estoy, solo...solo dame un momento—la joven tomó del botiquín una botella con calmantes; abrió la tapa y tomó una píldora—. Bien, ¡vámonos!

 Cuando un nuevo año escolar comienza, casi puedes oír el quejido simultáneo de todos los jóvenes en edad académica tratando de levantarse de la cama. El verano terminaba y no quedaba más remedio que tomar los libros y cuadernos para hacerse a la idea del enorme obstáculo que tendrían que enfrentar cada mañana.

Y como si fuera un tratamiento para hacer crecer el cabello, los resultados pueden variar de grupos a grupos. Por ejemplo: la gente hermosa o aquellos con recursos económicos, ciertamente la pasan mucho mejor que aquellos que carecen de dichas características. Otros, simplemente hacen los méritos que sean necesarios, matándose estudiando todo el año para ser admitidos en una buena universidad y matarse otro cuatro haciendo lo mismo para terminar una carrera.

Luego de estos grupos...tenemos a Allyson y a sus amigos

—Bien hija, ya llegamos—le dijo su madre, Colleen, con el auto detenido frente a las puertas de la nueva escuela: Hopewell High.

Para Allyson, la escuela era todo ese tiempo que había que quemar de algún modo entre levantarse de la cama y la hora de dormir (En sus propias palabras: "Todo lo que no sea dormir o comer es opcional")

—Sí, ya lo noté...—Allyson respondió en tono grosero.

—Allye, ya fueron más de dos meses de vacaciones. Sabias que este día llegaría—La madre le contestó a su hija en una voz conciliadora.

Ella tenía que ir a la oficina, y no estaba de humor para aguantar las rabietas de una quinceañera.

—Lo sé, lo sé...

—Que tengas un buen día en la escuela. Nos vemos en la noche.

Allyson se bajó con la misma motivación que un patrón en día de pago, aún con los ojos entrecerrados. Tenía la esperanza de que estuviera aún dormida y que todo se tratara de un sueño.

—¡Cuidado!—gritó un joven a Allyson, justo antes de ser impactada con un balón—. ¡Perdón!

Allyson supo en ese momento que no se trataba de un sueño, pues el golpe en la frente y la inflamación en su ojo izquierdo se sintieron muy reales.

La idea de empezar en la preparatoria era difícil. Ahora se esperaba más madurez de su parte y esa idea le daba escalofríos. Su consuelo era que al menos en esta guerra contra el sistema escolar, sus compañeros y maestros, Allyson tenía dos aliados:

El Club de Hopewell¡Lee esta historia GRATIS!