5. Gracias, muchas gracias

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Hola. A lo mejor no me recuerdas. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Si me describo como la chica tímida que se escondía detrás de unas gafas de culo de vaso a lo mejor ya me reconoces. ¿Ves? Lo sabía, ya sabes quién soy. ¿Recuerdas todos los motes e insultos que llegaste a decirme? Vaya, ahora que lo pienso son demasiados. Pero mira como pasa el tiempo, yo he llegado a lo más alto y tú a lo más alto... para limpiarlo. ¿Cómo es limpiar lo que ensucio? No me importa lo que pienses, pero para mí es muy divertido. Verte sufrir, ponerte de rodillas para limpiar la huella de mis zapatos. Creo que es el mejor contrato que he hecho en mi vida. La verdad, es que te lo mereces. Pasé unos años horribles por tu culpa. Tenía miedo de ir a clase, no quería ir. Recordaba mis piernas temblando antes de entrar, temiéndome lo peor. Me pasaba las clases rezando para que no terminaran, ya que lo peor venía en el cambio de clase. Deberes estropeados y arrancados, mochilas manchadas... todo lo necesario para no avanzar, pero como ves, no te salió bien la jugada. Sólo me diste más fuerza, más fuerza para conseguir mis sueños. Luché, luché lo necesario para demostrar al mundo que soy invencible y mírame, lo he conseguido. Al final, el que es insultado es quién consigue algo en la vida, porque tiene motivos para demostrar que vale. A quién le dan todo y piensa que avanzar es destruir a los demás... pues... acaba como tú. Limpiando los restos de grandeza de quién quería destruir. Es cruel... espera... no lo es. Es lo que te mereces, así que muchas gracias por todo. Recuerda, no te olvides de limpiar la mesa, puede que se me haya derramado vino en el mantel...

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