Capítulo 2| Editado.

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Narrador omnisciente.

Dos años después.

La muchacha pelirroja se dirigía furiosa hacia la casa de su Marcos. Hace pocas horas se había enterado de que éste, era padre de dos críos, pero ése no era el problema. Su problema era quien era la madre. Gia se sentía muy incómoda con su presencia, le trasmitía odio y asco.

Cuando llegó, tiró la puerta a golpes, literalmente, mientras tocaba el timbre repetidas veces.

-¡Abre la maldita puerta engendro del demonio! -gritó.

-¡Tú también lo eres, tarada! -gritó Marcos mientras su hijita lloraba.

-¡No te pregunté! ¿Cómo es eso de que tienes hijos con Belinda? -La nombrada salió de su casa dispuesta a pegarle en la cara. Franchesca, alias Gia, la paró antes de tiempo haciéndole una llave-. ¡Al menos, ¿la llevaste a un doctor!

-¡Por la Luna, Franchesca, es qué todo tiene qué ser violencia! -gritó el señor de la casa mientras escondía a sus hijos.

-¡Está prohibido que una humana y un vampiro se mezclen en mis territorios! -gritó furiosa mientras arrastraba a Belinda hacia la salida.

-¡Para, por favor! -suplicaba ella.

-¡No quiero lloriqueos! -Marcos la paró bruscamente del brazo haciendo que Gia soltará a su mujer.

-¡Lo hecho, hecho está! No vas a matar a la madre de mis hijos por caprichos tuyos. Nos iremos de aquí para ya no "fastidiarte", no volveremos nunca más.

-Pues bien. Larguensé y no vuelvan -se dio la vuelta dispuesta a irse a la manada, pero un lloriqueo la paro.

-¡Mamá! -gritó un niño de dos años llorando mientras abrazaba a su madre.

Gia, extrañamente, sintió como se le rompía el corazón mientras comenzaba a olfatear un olor a galletas de nutella, cuando su abuela las horneaba.

¿Qué sucede? Él no...

-¿Quién es él? -preguntó asustada, pues ella ya tenía un mate. Lo odiaba pero lo tenía.

-Mi hijo -respondió entre dientes Marcos.

Gia, tragó saliva y asintió.

-Los dejaré de molestar con mis reglas. No estarán de lado con Evaristo. Me harán caso en todo lo que yo diga y cuidarán a ése bebé muy bien. Que no le pase nada.

-¿Por qué ese cambio? -preguntó Marcos.

-Tu hijo es mi segundo mate -respondió fría dejando a los otros en shock.

-¿Qué? -susurró la madre del pequeño.

***

-Maira, necesitó que te mantengas cerca de mi segundo mate -ordenó Gia a su guardiana. Los distintos Alpha del mundo, tenían un grupo de guerreros para servirlos en lo que quieran.

-Sí, Alpha -se inclinó un poco sorprendida-. Espero no decepcionarla.

-De eso tienes que estar segura, sí llega a ocurrirle algo, tú pagarás las consecuencias.

Tragó saliva mientras su mirada indicaba absoluto terror: -Claro.

-Puedes irte -se sentó cruzada de piernas en su escritorio.

-Con su permiso.

Suspiró con cansancio mientras tocaba su rostro.

-Tía -llamó desde la puerta, un pequeño niño regordete, pelirrojo con pecas. El hijo de su hermano.

-¿Sí, Saul?

-Mamá no despierta.

-¿Cómo? -se paró en seguida -. ¿Y Agustín?

-No lo vi. Cuando desperté fui a buscarla pero no se abrió su puerta -caminaron hacia la habitación de su cuñada.

-Saul, llama a tu padre.

-Claro -susurró igual que su tía.

Gia tomó aire y con todo el dolor del mundo abrió la puerta. No lo podía creer. Su mate, su compañero para toda la vida, la estaba engañando con su "cuñada".

-¿Qué? -entró en shock.

-Franchesca -dijeron ambos.

-Te lo puedo... -lo cortó.

-Yo, Franchesca Dark, Alpha de la manada más poderosa, Luna oscura, te rechazo.

Los ojos de Agustín comenzaron a llorar. Miró a su ex mate, ¿cómo no podía largar si quiera una sola lágrima?

Por ser la Alfa. Pensó Agustín.

-Estás desterrado de mis territorios. Al igual que tú, Natalia.

Su hermano apareció con cara de preocupación, abrió mucho los ojos mientras veía a su mate vistiendose.

-¿Cómo pudiste? -susurró llorando.

-Amor, no es lo que parece él...

-Vete y no vuelvas.

Ambos hermanos empacaron sus cosas. La Alfa llamó a Mattew, su beta, y le pidió que los echara.

-Gia entiende por favor... -comenzó a suplicar Agustín.

-Desaparece de mi vida pero eso si, que mi loba no te encuentre.

-¡Lo siento! -exclamó arrodillandose.

-¡No por favor, no me separes de mi hijo! -gritó Natalia.

-¡Lo hubieses pensado antes, estúpida! -gritó su hermano, Franco, estaba que explotaba de la rabia-. ¡No vuelvas jamás en tu vida! -abrazó a su hijo y entraron a la casa.

-¿No te duele?

-Agustín, sabes bien que esto estaba yendo mal. Además, gracias -sonrió Gia con cinismo.

-¿Por qué? -preguntó extrañado.

-Gracias a ese acto estúpido, puedo estar tranquila con mi otro mate.

-¡¿Qué tú qué...?! -lo llevaron.

-Que tengas buena vida, imbécil.

Quiero aclarar que Franchesca y Gia (se lee Jia) son la misma persona.

Su Luno © TERMINADA.¡Lee esta historia GRATIS!