Segundo Día: Aléjate

412 52 2

—Hinata, arriba —una voz hizo que el pelinaranja se despertara algo molesto, estaba durmiendo muy plácidamente y claro, no quería ser molestado.

—¿Qué...? —preguntó restregando sus ojos para despertarse.

—Son más de la una de la tarde, no se como duermes tanto —le regañó Tsukishima— recuerda que debes verte con el príncipe a las dos

—Si...claro... —silencio— ¿¡Cómo!? ¿¡Son las una!? —Hinata prácticamente salto de la cama— Espera, no le he dicho a mi madre que...—el rubio lo interrumpió.

—Fui a hablar con tú madre en la mañana, le dije que te quedarías aquí de nuevo y ella no tuvo problemas, opina que su hijo necesita más libertad —el pequeño abrió los ojos como platos. No esperaba que su madre opinara algo como eso.
 
«Libertad...Kageyama...»

Recordó que el pelinegro había hablado de estar harto de los muros del castillo. Hinata no tenía ni la menor idea de por qué pensaba tanto en el y descartó de inmediato la idea de que Tobio fuera su "amor a primera vista". Eran chicos, una relación así no podría ser aceptada y menos cuando él se enterara de toda la verdad, claro, si es que se llegara a enterar.

—Hoy estás en tú mundo. Bueno, da igual —murmuró Kei entre suspiros— hay comida en la mesa —se volteó señalando una pequeña mesita con té y un sándwich— yo saldré y no volveré hasta la noche. Asegurate de que tú cita sea perfecta, si no logras matar al príncipe, por lo menos has que confíe en ti -dicho eso el rubio se dio media vuelta y salió del lugar.

—Ah...—suspiró el pequeño, caminando hacia la mesita que estaba en el centro de la cabaña, tomó su té, comió su sándwich, se dirigió a la cama para tomar la bolsa que estaba enzima de esta, la cual le había dejado Kei y la abrió.

Dentro de esta había una blusa de color beige, una falda negra, que llegaba aproximadamente un poco más arriba de la rodilla y unos zapatos, también negros. Hinata suspiro, esto de fingir ser mujer le estaba costando y en especial porque Kageyama lo intimidaba y lo hacia sentirse "raro" o al menos, él lo veía así. Se vistió y calzó, para después tomar el maquillaje que se encontraba también en la bolsa y a duras penas se maquilló. Entró al pequeño cuarto de baño que había en la cabaña y se miró al espejo.
 
»Okey....te ves bien«

Salió del cuarto de baño y miró la hora en un reloj que estaba colgado en la pared en frente suyo, las 13:45, se dijo a sí mismo que era hora de ir al castillo. Salió de la cabaña, llevando en uno de sus brazos el bolso que Tsukki le había dado, en el cual se encontraba el cuchillo, si bien no se creía capaz de matar a Kageyama, tal vez valía la pena intentarlo.

—Debería partir por dejar de llamarlo por su apellido —refunfuña al estar en la entrada del castillo.

—¿Dejar de llamar por su apellido, a quién? —unas manos se posaron en sus hombros y al darse la vuelta se dio cuenta que no era nadie más ni nadie menos que Kageyama.

—¡Ka-Kageyama! —musitó mirando al pelinegro.

—¿Te gustaría llamarme Tobio, pequeña? —sonrió el más alto.

—No me llames pequeña...—abrió los ojos de par en par, ¿Desde cuándo aquella confianza? Oh mierda, iba de mal en peor— Ah...yo...bueno...

—Me gusta que tengamos esa confianza —el pelinegro soltó una pequeña sonrisa.

—Pensé que no podías salir del castillo —articulo de manera rápida para cambiar de tema.

One Week ♦KageHina♦ ¡Lee esta historia GRATIS!