3. El saco de boxeo había muerto.

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Se escuchaban risas de fondo. Todo el mundo se divertía, todo el mundo... menos yo. Se reían con cada golpe, con cada puñetazo... con cada patada. Hubiera sido divertido si se lo diesen a un saco de boxeo o algo blandito... no a mí. Notaba como cada golpe hacía que mi vida estuviera más cerca. Ya no me importaban las risas, ya no oía nada, sólo notaba el dolor extendiéndose por todo mi cuerpo. Me faltaba poco a poco el aire tanto como las ganas de vivir. Sabía que esto me iba a pasar algún día, no era la primera vez que me pegaban, pero esta vez ya era extremista. Intenté levantarme varias veces, salir de allí, pero no podía salir de aquella tortura. Me preguntaba por qué se divertían, porque alguien podría disfrutar tanto destrozando a alguien. Nunca lo entendí y tampoco voy a tener vida suficiente para entenderlo. 

Intenté levantarme, pero noté como mi pierna esta rota y me caí. Ellos, como no, se rieron con este acto:

-¿A dónde crees que vas? Todavía no hemos terminado

Me pegaron un puñetazo en el pecho, no notaba mis pulmones, el aire... ¿dónde estaba el aire? No lo notaba, me ahogaba. Veía mi vida pasar, los trece años que me dejaron vivir. Recordaba a mi madre preocupada por los golpes, recordaba como el decía que dios me acompañaría y que me protegería. Así hizo, me acompañó hasta el último momento de mi vida, abriéndome las puertas del cielo con la pelea definitiva. 

Me dieron un golpe en la cabeza, este marcó el fin de aquella pelea. El saco de boxeo había muerto. Ahora no tendrían que pelear conmigo, sino con la justicia. 

En honor a la agresión en Comas, Perú, el 12 de Abril de 2014. Adolescente de 13 años muere tras un edema cerebral y pulmonar junto a otras hemorragias internas provocadas por sus compañeros. 

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