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Reto 37

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Consigna: Escribe una historia con los siguientes elementos: orejas, bufanda,sonajero y guirnalda.



OREJAS, BUFANDA, SONAJERO Y GUIRNALDA

Vi la guirnalda colgada en la puerta de la entrada. Estaba llena de luces blancas y esferas redondas de colores, todas reflejando las luces que tiritaban al son de una fastidiosa canción.

Entramos a la casa e inmediatamente después pude sentir el dulzón aroma del ponche de piña. Lo único que me gustaba de mi suegra, después de su hijo claro está.

Mi esposo tomó la enorme frazada que cubría el cuerpo de mi hija y la colocó en el sofá, sobre la enorme pañalera que recién había soltado.

—Te quitaré la bufanda —anunció mi esposo y asentí inclinando la cabeza para evitar que mi cabello fuera un desastre aún mayor. Afuera estaba nevando y la humedad encrespaba de una manera horrible mi cabello. Entonces apareció mi suegra, meciendo un ruidoso sonajero frente a la cara de mi hija que yo sostenía.

—Feliz Navidad —dijo sonriendo amablemente. Solo entonces le permití arrancarme la niña de las manos a esa vieja bruja que, desde que me conoció, criticaba absoluta y totalmente todo lo que yo hacía.

Una vez con las manos libres las froté entre sí para crear un poco de calor. Y pegué cada una de mis manos a cada una de mis mejillas.

»Tus orejas están rojas —señaló la señora y las tenté con las yemas de mis dedos. Estaban heladas—. Tu nariz también —añadió y sonreímos.

—Como Rodolfo —dije a unísono con mi esposo, entonces todos reímos, incluso mi hija que no creo haya entendido lo que hablábamos.

Mi esposo besó mi nariz y dijo: —El invierno es bastante cruel en el campo. —Era cierto. Tenía media hora tiritando tan fuerte que podía sentir mi alma estremecerse. Y respirar era casi doloroso, podía sentir mis pulmones congelarse por el frío aire.

Miré por la ventana cómo la nieve comenzaba a descender en destellitos blancos que se fundía con la gruesa capa de nieve que tapizaba el piso.

—Pero bastante hermoso —dije dejando que mi esposo me aprisionara por la espalda con sus fuertes y cálidos brazos.

—Otra cosa para que odies menos a mi mamá —susurró a mi oído. Negué con la cabeza inquiriendo: —Aunque esto no tiene nada que ver con ella —arrancándole un suspiro a mi marido que solo pudo decir: —Ay amor —y descansó su mentón en mi hombro derecho.

—¡Eh tortolos, a cenar! —gritó la bruja acabando con uno de esos mágicos y casi eternos momentos en que el mundo se tornaba cuando estábamos solo mi amado esposo y yo.

—A cenar —dijo él sonriendo socarronamente. Sonreí casi por reflejo y dejé que me arrastrara a esa cocina donde lo único bueno que había era mi hija y el ponche de piña.



Lindo ¿no?... y mi título bien original jeje.

Gracias por leerme. Besos hermosuras.

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!