Primer Día: A La Luz De La Luna

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La música comenzó a sonar en todo el castillo. Hinata agradeció en su interior que el ritmo fuera lento, pero lo que le ponía de los nervios es que el pelinegro tenía entrelazadas sus manos.

—¿Sucede algo? Te noto muy nerviosa. Sólo sigue la música —murmuró Kageyama para tratar de animarle.

»Oh no, sólo soy un chico haciéndose pasar por mujer para poder asesinarte. Pero descuida, no es nada«

Se tragó rápidamente sus palabras y sólo negó con la cabeza. Se aferró al hombro del contrario y comenzó a seguir sus pasos, al parecer ambos eran el centro de atención al estar bailando juntos. Sus nervios fueron aumentando cuando notó que el pelinegro no le quitaba la mirada de encima, no sabía si mirarlo o estar con la mirada gacha todo el tiempo.

—No me has mirado en todo el baile, ¿sabes? —soltó acompañado de una risita— ¿Te pongo nerviosa?

—¡No es nada de eso! —soltó el pelinaranja demasiado rápido—. Es sólo... Que hay mucha gente mirándonos... Y me siento algo incómoda —se maldijo nuevamente a sí mismo. El papel de chica era lo suyo aunque le costara admitirlo. Escuchó una risita de parte de Kageyama.

—Ven conmigo —tomó la mano del más bajo y lo condujo afuera del castillo.
 
»Oh, mierda. Kei me va a matar«

Kageyama llevó a Hinata al corazón del bosque. El pelinaranja no se podía hacer una idea de por qué estaban allí, pero no le quedó más que acompañarle. Sentía el golpe leve del bolso de mano que llevaba colgando en uno de los brazos, en el cual descansaba el cuchillo. Sin duda alguna sería una buena ocasión para matarle. Llegaron a un pequeño lugar en el cual la luna iluminaba encima de ellos. El pequeño quedó asombrado con la belleza del lugar.

—Suelo venir aquí todas las noches —Hinata contuvo el aliento. El príncipe ya comenzaba a confiar en él y lo maldijo por confiar tanto en una persona que apenas conocía, quién sabe, quizás sólo una hora—, me calma estar a la luz de la luna y el apreciar todo ésto es simplemente...Woow...—el pelinegro dio unos pasos adelante, dándole la espalda a Hinata. El pequeño aprovechó la ocasión y comenzó a sacar a paso lento el cuchillo de su bolso, pero se detuvo al ver el semblante de Kageyama. Tenía una mirada completamente triste y sus puños estaban levemente apretados. Guardó el cuchillo; no podía, no se atrevía a matarlo, algo más fuerte que la edad o el sentido común le impedía matarlo—. Yo nunca pedí una vida así... Ya sabes: Lleno de lujos y comodidades... Digamos que me terminé aburriendo de esta vida. Me encantaría poder visitar el pueblo, los campos, ¡salir de este condenado castillo! —exclamó sentándose en la hierba. El pelinaranja le seguía mirando, al parecer, el ser un príncipe también tiene sus desventajas.

—Todos nos cansamos de nuestras vidas en determinado tiempo...—Hinata se agachó detrás del pelinegro y apoyó su cabeza en la espalda del contrario, pudiendo sentir como éste se tensaba—, pero no queda más que aceptar la realidad...

Kageyama se dio la vuelta, atrapando por sorpresa a Hinata, el cual abrió la boca para protestar, pero sintió el peso de la cabeza de Tobio en su hombro. No sabía que hacer, ¿Abrazarlo? ¿Decirle palabras de consuelo? Sus impulsos lo llevaron a abrazar al de orbes azules, acariciando sus cabellos y espalda.

—Lo lamento, pero...—murmuró Hinata—, yo debo irme...

—¿Tan pronto...? —el pelinegro levantó la cabeza y observó como Hinata se levantaba de la hierba y se disponía a irse—. ¡Espera! —se levantó lo más rápido que pudo y tomó la muñeca del pelinaranja. Silencio. Al parecer el pequeño esperaba que dijera algo—. ¡Ah! No... Es sólo que...

—Por favor... —suplicó Hinata en un susurro—, no hagas ésto más difícil.

—¿De qué hablas? —balbuceó el pelinegro al escucharlo—. ¿Hice algo malo? Si es así, perdóname, pero te pido que no te vayas.

—¡No has hecho nada malo! Ese no es el problema... Es que —el problema era él mismo. En algún momento tendría que matarlo y se arrepentiría de ello. Debió hacer que Kageyama no hubiera tenido interés en el, así sería todo más fácil, pero al parecer no iba a resultar—. Nada... Olvídalo.

—Por lo menos ven a verme mañana... Por favor —Uff. De que se tendrían que ver todos los días, lo harían.

—Está bien... Vendré a verte mañana, lo prometo —respondió el pelinaranja.

—¡Genial! Mañana a las dos de la tarde en este mismo lugar —le entregó una sonrisa y se acercó a besar la mejilla de Hinata—. Nos vemos, Ai —exclamó para después darse la vuelta y salir del lugar.
 
»Acaba de besarme la mejilla...«

Sacudió su cabeza para volver a la realidad. Salió de aquél lugar y se topó de inmediato con Tsukishima.

—¿Hace cuanto estás aquí? —preguntó el pelinaranja, sobando sus brazos a causa del frío.

—Lo suficiente para saber que ya tienes al príncipe en la palma de tu mano —Hinata hizo una mueca—. No pongas esa cara, estoy tan decepcionado de que no te hayas atrevido a matarlo de inmediato. ¿Qué te sucedió? ¿Sentiste lastima por el príncipe?

—Cállate...—el rubio le hizo un gesto para que lo siguiera, obedeció y ambos se dirigieron hacia la carroza que sólo estaba a unos pasos de ellos y se subieron. Tsukishima dio la orden y la carroza se puso en marcha.

—Escuche que te invitó a las dos de la tarde aquí nuevamente —el más alto le lanzó una bolsa, la cual Hinata atrapó en los aires—. Si vas a tener una especie de cita, necesitas estar bien vestido.

—Aún no entiendo por qué quieres matarlo...—murmuró el pequeño.

—No me lo creo. Has pasado una noche juntos y ya sientes una atracción por él —Hinata dio un saltito al escuchar la palabra atracción—. Para que te hagas la idea, si el príncipe se llega a enterar de que eres un chico, probablemente te detestaría de por vida —el pequeño agachó la cabeza. ¿Qué diablos estaba haciendo? Lastimar a una persona que no ha hecho nada malo no es justo.

Al salir del bosque, el rubio le dio tiempo a Hinata que se cambiara de ropa y lo guió hacia una pequeña cabaña cerca del bosque.

—Le has dicho a tú madre que pasarías la noche con un amigo ¿verdad? —el de cabellos anaranjados asintió— Bien, hay dos camas. Yo dormiré de inmediato, así que no molestes
 
»Pf, genial«

El rubio se acostó en su cama. Hinata suspiró y no le quedó otra cosa que acostarse también, de alguna extraña forma, al haber estado tan cerca de Kageyama pudo oler su distinguido perfume y el tacto de sus manos estaba grabado en la memoria de Hinata.

—Mierda... Se supone que el amor a primera vista no es real...—dijo para sí mismo—. Kageyama ¿Eh?~

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¡Hola Hola! Bueno, muchos están entusiasmados de que siga éste fic <3 y eso me pone muy feliz, así que les traigo otro cap y espero que les guste mucho

Nos leemos, Bye Bye

One Week ♦KageHina♦ ¡Lee esta historia GRATIS!