Primer Día: El Apuesto Príncipe

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Los rayos de luz invadieran lo que aquel pequeño llamaba habitación. Hinata Shoyo no pudo pegar ojo desde la propuesta de su amigo, la cual había aceptado. El rubio antes de irse le pidió que se juntaran nuevamente en el mismo lugar antes de las diez de la noche, hora en la que empezaría el baile, por lo que aún le quedaba tiempo para pensar bien en la decisión que había tomado. Se levantó de su cama y inconscientemente, se miró al espejo que tenía en frente, el cual estaba algo roto. Tenía una pinta de pobre y, lamentablemente, lo era. Tenía sus cabellos anaranjados desordenados y sus ojos color caramelo estaban apagados, estando también muy delgado. Vestía la misma camisa desgastada que el día de ayer, al igual que el pantalón y los zapatos, ya que su madre prefería gastar en comida en vez de tanta ropa y Hinata era lo bastante compresivo y la entendía.
 
»Estoy harto de todo ésto...«. Pensó

Salió de su habitación y se topó con su hermana menor, Natsu, la cual sólo tenía 12 años. Sus cabellos naranjos estaban atados a una pequeña cola de caballo y vestía un vestido algo desgastado y unas sandalias.

—¡Hermano! Buenos días —le saludo la menor, a lo que Hinata le dedicó una sonrisa algo torcida.

—Buenos días... ¿Y mamá? —preguntó Hinata al no divisar a su madre en la casa.

—Fue al pueblo a buscar lo necesario para el almuerzo, pero dejó el desayuno listo —murmuró la pequeña dirigiéndose al comedor junto con su hermano.

Ambos se prepararon un té y optaron por comer una fruta para dejar lo necesario para el almuerzo.

—Heemano, se te ve algo intranquilo, ¿pasa algo? —el pelinaranja dio un saltito y se ordenó el cabello a causa de los nervios. ¿Cómo decirle a tú hermana que tienes que asesinar a alguien para el bien de tú familia? Hinata simplemente negó con la cabeza, terminando de tomarse su té y de comerse su fruta.

La mañana paso regularmente normal. Su madre después de unas cuantas horas llegó a casa y se pudo dar el lujo de prepararle curry a sus hijos. El trabajo le vino muy bien y tenía la suerte de poder disfrutar a sus hijos los fin de semana. A eso de las 21:50 de la noche. Hinata le dijo a su madre que se quedaría con un amigo y que no se preocupara, que todo estaría bien. Al salir se echó a correr hacia la entrada del bosque. Cuando estuvo a sólo unos pasos de la entrada pudo ver a Kei, quien estaba afuera de una carroza.
 
»¿Qué mierda...

—Vaya, llegaste antes —murmuró el rubio al ver a Hinata.

—¿Qué es todo esto? —preguntó el más bajo.

—¿Eres idiota? Es la carroza que te llevará al castillo, obviamente —soltó Tsukishima—. Enntra, antes de irnos hay que preparar bien a nuestra damisela

—¿Damisela...? —al ver que su "amigo", si es que aún le podía llamar así, entró en la carroza, no le quedó más que subir con él.

—Es verdad, aún no te he contando el plan —murmuró—. No parta hacia el castillo aún —le dijo al que al parecer conducía la carroza, recibiendo por respuesta un sí, señor.

—¿Cuál plan...? No entiendo...—articuló con algo de dificultad.

—Sabía que eras idiota, pero no sabía que superabas los límites de la idiotez, dios mio —bajó la voz repentinamente—. Recuerda que tu misión es asesinar al príncipe. Como soy tan generoso, tienes una semana exacta para matarlo. Si no lo haces, actuare yo mismo y no me molestaría matarte a ti de paso —mascullo en un susurro, lo que provocó que Hinata se estremeciera—. El plan es que lo conquistes, que él confíe en ti y cuando menos se lo espere, lo matas.

—Y-Y, ¿c-cómo voy a lograrlo...? Soy un chico...—comentó el pequeño.

—Eso es simple...—Tsukishima sacó de una pequeña bolsa que tenía en la carroza un hermoso vestido de color celeste, el cual bordeaba el blanco, acompañado de unos zapatos blancos los cuales combinaban muy bien con el vestido—. Te convertiremos en una chica.

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