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"¿Qué rayos se supone que estoy haciendo? Soy una wey, y nada más me estoy buscando que me dé un empacho por tanto enojo"

Mientras caminaba por el jardín, con su comida en mano, Lilly le daba vueltas una y otra vez a las palabras de Monse. Le habían sonado como una invitación, pero después de todo lo que le había pasado con sus ex amigas y los comentarios de Ignacio, ya no estaba segura de que fuera a bien recibida en ningún lugar.

Se encontraba dando la tercera vuelta en el patio frente a los salones de primaria, cuando una voz la hizo voltear con violencia.

— ¿Qué haces aquí? Y tan solita.

Eran Luis y la bola de chavos que se juntaban con él, para jugar futbol en el descanso.

Varios eran de otros salones o de grados diferentes, pero el chico y otros tres más iban con ella. Por eso no le sorprendió que le hablaran con tanta confianza.

—Vamos Lilliana. Te invito a pasar a mi oficina, y hay podemos hablar sobre los términos de tu contrato.

—¿De qué rayos estás hablando? Lárgate y déjame tranquila.

La castaña estaba a punto de irse, cuando la mano de Luis se cerró con dolorosa fuerza en su muñeca. A Lilly se le vino a la mente un grillete, como los que había visto en el libro de historia.

—No, querida. Si tu jefe te pide que pases a su oficina, entonces vas y empujas tu trasero a donde él quiere que vayas.

—Tú no era mi jefe y no estamos en una oficina, así que, ¡Déjame tranquila!

Aquel grito surtió el efecto que ella buscaba. Algunos de los chavos que iban caminando por ahí, se le quedaron viendo a la bola de chicos. Lilly aprovecho eso para salir corriendo de ahí, aunque su velocidad no era mucha ya que todavía traía la comida sujeta, y en verdad estaba haciendo lo posible por que nada se le cayera.

—¿En dónde está? No pudo haberse alejado mucho.

—Búsquenla, antes de que nos acuse con alguno de los maestros.

La castaña no había tenido la intención de ir con algún profesor, pero al oírlos se le ocurrió que no era tan mala idea.

Podía ser que así la dejaran de molestar.

Con cuidado para no ser descubierta, Lilly camino por entre las jardineras y las canchas de los de primaria. Esperaba que a los chicos no se les ocurriera buscar por ahí, sobre todo porque sus zapatos negros se estaban patinando con la humedad del pasto.

—Rayos. Creo que no fue buena idea venir por aquí. Mis pierna no...

Mientras se quejaba, el tacón del zapato se hundió en aquel terreno fangoso. Lilly estaba jalando su pie para soltarse, cuando una voz detrás de ella hizo que estuviera a punto de soltar su mallugada comida.

—¿Qué haces aquí? Creí que estarías con los demás, ¿No te dijo Monse en donde estaríamos?

Antonio entro a la jardinera, para ayudar a la muchacha a salir de su prisión.

—Comenzaba a preocuparme. Pensé que otra vez te habías encontrado con Erika y las otras.

—No inventes, ¿Tú también lo viste?... Es oficial. Este día esta de la fregada.

—¿Por qué? ¿Te hicieron algo más?

La castaña sonrió a medias y suspiro con fuerza.

—Ellas no, pero podría decirse que hoy todos quieren hacerme sentir mal.

—Yo no quiero que te sientas mal—, mientras hablaba, Antonio sacó a Lilly de la jardinera y no le soltó la mano en todo el proceso. La castaña pronto sintió que un calor nacía sobre sus mejillas, al tiempo que la boca se le secaba—. No generalices.

Ningún hombre había sido tan caballeroso con ella, como el chico a su lado.

—No, ¿qué?

—Olvídalo. Mejor nos vamos de aquí, antes de que a alguna otra persona se le ocurra hacerte sentir mal—, lo último lo dijo el chico con una media sonrisa, que le duro poco más de diez segundos.

La chica le devolvió el gesto y los dos se alejaron del lugar. Ya se encontraban cruzando la puerta de dividía la primaria con la secundaria, cuando una voz detrás de ellos los puso sobre aviso.

—¡Chicos, aquí esta! ¡Va con el cerebrito!

—¡Rápido! ¡Corre, Lilly!

A la advertencia de Antonio, la muchacha asintió y pronto estuvo cruzando los salones y lockers a su lado, a una velocidad considerable. No había soltado la mano del chico en ningún momento, porque no quería dejarlo tan atrás. Pocas veces había tenido la oportunidad de verlo correr, y sabía que no era tan veloz como Luis y compañía.

—Rápido, ¡No los vayan a perder! —. La voz de Luis sonó fuerte y clara, desde atrás.

La castaña hacia todo lo que podía para dejar al grupito atrás, pero por más que lo intentaba no conseguía ir con suficiente rapidez. Aun así, se negó a soltar al chico.

Había visto a Antonio en clase de educación física, y estaba consciente de que el chico no podía con todos, él solo.

—Lilly. Tenemos que distraerlos o no llegaremos a ningún lado, ¿Por qué no nos separamos y...?

—¡No! —, el grito de la castaña tomo por sorpresa al muchacho—. Podemos dejarlos atrás. Ya verás que sí.

—Pero...

Sin dar tiempo a que Antonio dijera algo más, Lilly aceleró el paso tanto como pudo. En el proceso, noto de reojo que sus enchila-molletes se estaban desbaratando dentro de la bolsa transparente.

"Ni modo. Hay cosas más importantes que hacer... Ah, mis molletes"

El último pensamiento hizo que la chica lanzara un fuerte suspiro.

—¡Los tenemos! ¡Ya los encontramos!

De enfrente salieron un par de chicos, los cuales les cerraron el paso al tiempo que Luis y los otros llegaban por detrás.

Lilly tragó con fuerza y apretó los labios. Era hora de ponerse serios.


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