Capítulo 21 (II)

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—No puede ser, ¡esta es la salsa de carne más rica que probado en mi vida! —, con otro buen bocado en su cubierto, Steve se llevó la comida a la boca y la saboreo una vez más, arrancando una que otra carcajada en sus amigos. Todos sabían que el pelirrojo disfrutaba de la comida tanto como de los videojuegos, pero en esos momentos el verlo comer así les confirmaba que por fin había superado su abstinencia del Mortal Kombat y King of Figthers. — Es que, está buenísimo... ¿Estás seguro de que no lo hicieron con sus podercitos locos?

Lumbërt reprimió una carcajada y negó.

—No podemos usar nuestras habilidades para esa clase de cosas. Ancör nos las otorga para defendernos y cuidar de nuestros semejantes, nada más.

—Uh, bueno, entonces será mejor que le pida la receta a quien hizo la comida, porque esto en definitiva me lo llevo a mi mundo...

Para dar mayor énfasis a sus palabras, Steve lamió el cubierto con forma de cuchara, pero más ancha, y después procedió a pasarse la lengua por los labios, haciendo viscos en el proceso.

Las risas de varios aumentaron de volumen, pero ni con ese ambiente festivo Jenn pudo olvidar lo que había ocurrido hacia unos minutos en la sala principal, frente a la guardiana de Liabiric.

—Lumbërt... Tú dijiste que ella nos diría que poderes nos habían tocado, pero no menciono nada sobre eso —, las palabras de Robin surtieron el efecto que deseaba. Los demás interrumpieron sus risas y, tanto Jenn como el hombre se le quedaron viendo a la castaña.

—Sí. Yo esperaba que lo hiciera, pero me equivoque... ¿Por qué? ¿Quieren saber que pueden hacer?

—Pues claro. Hasta la pregunta ofende, joven —, Steve intentó hablar por entre el bocado, pero cuando vio que no podría hacerlo se pasó la comida y después siguió con la conversación. — Digo. Ya todos sabemos que puedo manejar el fuego y...

—No. Ignis. Al elemento y al dominio se les llama de diferente forma. El dominio es Fuego, pero el poder recibe el nombre de Ignis.

— ¿Ignis? Bueno, suena más fuerte que fuego pero...

—Oye, Lumbërt, ¿y cómo se les llama a nuestros poderes?

La pregunta de Carter fue respondida pasado un tiempo.

—Bueno, la verdad es que no esperaba que les interesara mucho lo de los nombres, pero si quieren hablar de ellos... Tú dominio es la Luz, y tú poder se llama Cbet.

—Se oye mejor que el tuyo —, dijo el castaño cobrizo, picando la costilla de su amigo.

—Oh, cállate.

—... El dominio de Robin es la Tierra, y su poder lleva por nombre Ddaear...

—Me gusta. Suena bonito.

—... En el caso de Jenn, ella entra dentro del Aire y su poder se llama Udara. A Elliot le fue otorgado el dominio del Agua, por lo que su poder es el Vai...

—Rayos, ¿Por qué me tenía que tocar un poder de niña? ¿No se lo puedo cambiar a Robin?

—No, y deja que siga hablando —, dijo su hermano, tapándole la boca para escuchar a Lumbërt.

—... Por último, Madison ya sabía que su dominio eran las Sombras, por lo que no creo que le sea desconocido su nombre.

—No. Sé que tengo el Tihb.

— ¿Y yo? ¿Qué tengo yo? —, la pregunta de Fabián fue recibida por un fuerte suspiro que provino de la puerta. Hay, con la mirada posada en el chico se encontraba una Ardëum más seria que de costumbre.

Madison pudo sentir el cambio de ánimos que se produjo dentro de la habitación. Lumbërt ya no estaba tan comunicativo como hacía unos momentos, y la mujer no tardó en acercarse a Fabián y sonreírle con ganas, al tiempo que decía.

—Tú poder es muy especial, Fabián. Ancör te permitió pertenecer al dominio del submundo y te concedió el Zahar.

El castaño alzó una ceja y asintió, sin comprender muy bien lo que la mujer quiso decir con eso. Nadie quería preguntar que se suponía que hacía aquello, pero cuando Madison reconoció el nombre, volteó a ver a su amigo y se mordió el labio con fuerza, bajando la mirada al poco rato.

— ¿Qué?... Oigan, de verdad no entiendo sus términos, así que, ¿Podrían ser más claros con esto de decirme que es lo que puedo hacer? No entiendo lo...

—Veneno —, la palabra se deslizó por los labios de la morena, como si se tratara de un lloriqueo. Cuando Madison alzó la vista, trabo sus ojos en las pupilas marrones de Fabián y volvió a hablar. — El Zahar es veneno... Se te concedió el poder de matar por medio de tu cuerpo.

— ¿Mi qué? Oigan, creo que no...

—Tú saliva. Tus lagrimas... Cualquier líquido que salga de tu persona tiene el poder de paralizar, aturdir o matar a tu oponente.

Con la boca entreabierta y el rostro desencajado, el chico se puso de pie y salió de la habitación antes de que cualquiera pudiera detenerlo.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!