Capítulo 21

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Una veloz explicación


—Por favor. Tomen asiento —, a la par de sus palabras, la mujer movió sus manos y atrajo varias sillas de diversos diseños y tamaños hasta donde estaban los chicos. Sorprendidos por la facilidad con que la mujer había usado sus poderes, ninguno hizo ruido mientras la señora hablaba. —Primero que nada, quiero agradecer su presencia a Ardëum y Lumbërt. Con su ayuda se logró un gran avance sobre el enemigo.

—No fue nada, señora.

Tanto el muchacho como su acompañante se ubicaron junto a los chicos, inclinando la cabeza en el proceso.

— Por supuesto que lo fue. La presencia de estos jóvenes hijos del arco nos prueba que no todo está perdido —, la dama tomó asiento en la enorme silla de cristal frente a todos, dedicándoles una media sonrisa a los chicos. — Nos honra su presencia en este lugar... Ahora puedo decir, con total seguridad, que las palabras de nuestra joven señora Allison eran ciertas. Hace unos momentos, tanto Ardëum como Lumbërt comprobaron que los visitantes poseen un rango considerable de poder a su disposición —, Yuhëen les dedicó una rápida mirada a los chicos y agregó. —Se que ellos no les explicaron nada acerca de las puertas; fue una orden que les di, para que ustedes no se vieran influenciados por el resultado que pudiera darse detrás de ellas, pero ahora que han salido considero que es justo responder a sus dudas.

Viéndose entre ellos, los chicos tardaron en formular una pregunta. El encargado de exteriorizar su primera duda fue Elliot.

—¿Para qué eran las puertas?

—Las puertas son un medio muy antiguo, que sirve para conocer el nivel de poder que se posee.

— ¿Por qué querían saber si nosotros tenemos poderes? —, la espontanea pregunta de Jenn fue recibida por varios susurros, por parte de quienes los rodeaban. Aun y con el ruido, la guardiana se hizo escuchar.

—Por qué ustedes son los únicos que pueden ayudarnos a terminar con esta guerra.

Sorprendidos ante la revelación, ninguno pudo ocultar su sorpresa ante las palabras de la mujer. Ni siquiera Madison.

La morena no tardó en avanzar y dirigirse a la guardiana.

—Disculpe que le diga esto, pero ellos no vinieron a librar ninguna guerra... Están aquí por una equivocación mía, y todo lo que buscan es volver a su mundo. A salvo.

La ceja de Yuhëen se arqueó. Los susurros se volvieron aún más fuertes, lo que le dio a pesar a Madison que lo que había dicho probablemente había sido tomado a mal. No le importo; estaba segura de que si Anna se hubiera ido con ellos estaría de su lado, alejando a los demás de los problemas de su gente.

— ¿Quién es esta niña? Habla con valor y se ve mucho más pequeña que los demás.

—Ella es...

—Me llamo Madison. Yo si soy de aquí —, las voces en la sala se callaron para escuchar lo que la morocha tenía que decir. — Me sacaron de Ancör cuando tenía cuatro años, y desde entonces he vivido en la tierra, protegida por los humanos y por mi cuidadora, la cual no está ahora pero espero volverla a ver pronto... Y sí. Tiene razón. Soy más joven que quienes me acompañan.

— ¿Madison?

La pregunta de Fabián fue acallada por la mano de su hermano. Ese no era el mejor momento para hablar de los orígenes de la chica, y mucho menos entre tanta gente desconocida.

La mujer arrugó el ceño y extendió su mano hacía la joven. En segundos, Madison levitó hasta donde se encontraba ella y se posó en el piso con un suave movimiento. La tomó de los brazos y, con un fluido movimiento de sus ojos comenzó a buscar algo en ella; la chica no sabía lo que hacía, y aun así no la detuvó. Ahora que la tenía tan cerca ya no se sentía tan valerosa como hacía unos momentos.

Cuando la guardiana dio con el tatuaje de la morena, estiró su mano y la puso en alto para que todos pudieran ver la marca. Los ojos de la joven no tardaron en posarse sobre sus amigos, que no podían quitar la vista de aquel extraño símbolo que adornaba su muñeca.

"No puede ser... Lo pueden ver. Todos."

—Es cierto. La muchacha es uno de los nuestros, y por la marca puedo deducir que se trata de una Narendäe.

Los presentes en la reunión irrumpieron en vítores. Ninguno sabía lo que significaba aquello que había dicho Yuhëen, pero por las palabras que salían de su boca, suponían que se trataba de algo muy bueno.

—Hace años que no veíamos a alguien como tú, y mucho menos en libertad —, el poco color que se había acumulado en el rostro de Madison se perdió. No sabía porque, pero las palabras de la mujer no le gustaban ni un poco. Sonaba como si ella fuera una mercancía con la que podían lucrar. —Esto prueba que lo que dijo nuestra señorita Allison era cierto. Ella habló sobre uno de los nuestros, y dijo que varios habitantes del arco vendrían con él... ¿Lo ven? ¡Sus palabras al fin se cumplieron!

— ¡¿Qué parte de "no van a luchar" no entiende?! Ellos tienen que irse de aquí, ¡y rápido!

A pesar de sus gritos, Madison no pudo hacerse escuchar por entre el festejo que armaban la mayor parte de los presentes, aun así, la guardiana bajó su rostro hasta ponerlo a la par de ella y habló, aunque solo la escuchó la chica.

— ¿No lo entiendes? Ustedes no se pueden ir. Ni aunque tú quisieras volver al otro lado del arco, podrías hacerlo... Necesitan dar algo para recibir algo, y en este caso, si quieren volver deben ofrecerle algo a Ancör. Esa es la regla y nadie puede cambiarla.

—Pero...

—No se puede... Lumbërt, ¿Podrías llevar a nuestros invitados a sus habitaciones? ¿O al comedor? Seguro con tantas cosas están algo hambrientos.

— ¿Algo? —, dijo Steve torciendo la boca. Por supuesto, el chico lo dijo solo para que lo escucharan sus amigos.

Ya se estaban alejando de todos, cuando Madison volteó a ver a la mujer y dijo, sin apartar sus ojos de ella.

—Voy a hablar esto con mi cuidadora...

Con un breve asentimiento, Yuhëen se despidió de ella y de todos, permitiendo que se alejaran. Ya sin ellos presentes, Ardëum se acercó a la mujer y habló entre susurros.

—Señora tenemos un problema... Nos sobra uno de los chicos.

— ¿Qué?

—Sí —, la joven le tendió las anotaciones de Lumbërt a la dama y dijo. — Según las palabras de la señorita Allison, solo debían de ser seis los que vinieran, y tenemos a siete entre nosotros.

—No importa. Aun así, veo que Ancör no lo dejo a su suerte... Avísame si vez que sufre algún otro cambio.

—Así será.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!