Capítulo 4

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—Una porción de huevos revueltos, pan tostado y avena —Agradezco a la camarera que me ha atendido y me concentro en mi desayuno.

Esta mañana tuve otra entrevista, me armé de valor para ir, pero al llegar al horrible lugar decidí mejor no ingresar e ir por un nutritivo desayuno. Mi estómago ha estado muy insaciable desde que hay una criatura dentro de él.

La campañilla del lugar suena, y alguien entra gritando disculpas a todo el mundo.

—Lo siento, lo siento, lo siento. Todos —Esa voz me es familiar—. Mi jodido auto se averió y mi hermano estaba muy lejos para traerme. En un momento entro a la oficina y reporto la nómina de todos. Y Marcos, ni creas que te vas a salvar por tu llegada tarde de hoy.

—No he llegado tarde —grita un chico que se encuentra en el mostrador de los pasteles. Sofía, en su vestido verde, se cruza de brazos y le da una seria mirada—. Sólo fueron cinco minutos. —Ahora, la pelirroja golpetea su pie en el suelo—. Bien, fueron treinta y cinco minutos. Ni uno más ni uno menos.

—De acuerdo —dice. Continúa su camino hacia la parte de atrás. Sin percatarse de que estoy allí o incluso el resto de las personas.

—Si necesitas algo más, me lo haces saber. —La camarera formal que me atiende, regresa y comprueba sus otras mesas.

Como mi delicioso desayuno mientras observo la calle y los vehículos que pasan. Cuando me aburro de hacerlo, saco el pequeño libro que empecé a leer hace un mes y continuo donde lo dejé.

 Cuando me aburro de hacerlo, saco el pequeño libro que empecé a leer hace un mes y continuo donde lo dejé

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Una sombra se posa sobre mí y debo alejar mis ojos del libro.

Gruño molesta. Estaba en la mejor parte y no he tenido que leer mil veces el mismo párrafo para entender lo que el protagonista está haciendo. Amo la fantasía, esos increíbles libros sobre hadas y seres increíbles. Si tiene un poco de romance no me quejo, pero si no lo tienen me da igual. El sólo leer e imaginar esos mundos es suficiente.

Dirijo mis ojos hacia la persona que se ha atrevido a interrumpirme, el aire entra rápidamente a mis pulmones cuando unos ojos oscuros me sonríen. Unos familiares ojos oscuros.

—Hola Lily.

—Rafael —susurro. ¿Qué será lo que tiene este hombre que me pone nerviosa?

—¿Disfrutando del desayuno? —Su mano señala mi plato vacío. Dios prácticamente lo he limpiado con la lengua. Pero es que estaba delicioso y muy hambrienta también.

—Sí.

—Me alegra saber que te gusta la comida, y los libros. —Me quedó observando su sonrisa relajada, al parecer debo decir algo, pero como no lo hago él continua—. ¿Qué tal tu día?

—Bi... bien. —Vamos, di algo más—. Tenía una entrevista de trabajo hoy.

—¿Qué tal fue? —pregunta sentándose frente a mí. Hago una mueca y debe parecerle divertido—. ¿Así de bien?

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