La historia de Loreley sí que tomó por sorpresa a todos porque a decir verdad era muy extraña, ¡pero nada de lo que estaban viviendo era normal! Así y todo, se notaba que ya para muchos vivir en una selva les resultaba bastante habitual.


—Lamento interrumpir a quién quería hablar pero éste es mi turno—dijo Andy antes de presentarse—. Nací en Bibury, un pequeño y muy bonito pueblo en Inglaterra en donde viví hasta los siete años. Por razones que yo siempre desconocí, mis padres decidieron que había que mudarse a Londres. Tengo veinticuatro años, los cumplí hace unos días. Cuándo era solo un niño fui la estrella del equipo de béisbol de mi pueblo, pero creía que el deporte no era lo mío y lo dejé. Siempre tuve gustos peculiares por la tecnología, pasaba horas y horas en frente de una pantalla hasta que un día mi familia se cansó y me quitó el portátil para siempre. De todas formas, sigo siendo experto en todo eso por que soy analista de sistemas, así que si logramos encontrar un dispositivo electrónico, yo lograré que nos encuentren de alguna manera. Creo que no hace falta que repita la historia que contó Loreley, el único detalle que deben tener en cuenta es que Louie es mi hermano menor, así que ayúdenme a cuidarlo. ¿Alguien quiere preguntar algo antes de continuar con el siguiente?

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—De hecho si...¿que es lo que transportaba su barco? ¿De dónde venían todos ustedes?—interrogó Morris con sospechas.

—Juramos que nunca podíamos revelar ese secreto, nadie puede enterarse de lo que hacíamos en ese barco.

—Vaya...eso sí que es raro. ¿Puedo seguir con mi historia?—preguntó Morris.

—Adelante, yo ya terminé.

—Tengo veintiocho años y nací en Liverpool al igual que mi mejor amigo Robin. Siempre fui un tipo muy callado y solitario, no me gusta socializar demasiado. Trabajo en los puertos de mi ciudad con Robin desde que tengo veintiseis. Tengo un hermano mayor que escapó de casa cuándo era adolescente, mis padres solían ser muy agresivos, y es por eso que nunca más vi a Darwin. Mi sueño siempre fue ser basquetbolista, pero tanto mi madre como mi padre nunca me apoyaron.  Estoy casado y tengo un hijo de seis años llamado Lennie que debe estar extrañando mucho a su papá: siempre jugábamos en el parque y salíamos a pasear juntos mientras nos divertíamos. A pesar de mi difícil infancia, me considero (o al menos lo hacía) una persona feliz. Tengo mucha fé en que vamos a salir vivos de aquí. Mi instinto no va a fallar—concluyó Morris con esperanzas.

 Mi instinto no va a fallar—concluyó Morris con esperanzas

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La Isla: Abandonados¡Lee esta historia GRATIS!