2.

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Atravesé el umbral esperándome algo malo, pero solo vi un pasillo, y nada fuera de lo común.

Había algunas salidas, pero estaban completamente cerradas. El guardia nos llevó hacia una de las puertas, de las que salieron tres hombres con algo rojo en las manos 

¿Sangre?

Nos hicieron entrar a todo el grupo en la sala.

Una vez dentro, observé todo a mi alrededor. Las paredes estaban manchadas de rojo, la estructura parecía bien aislada. Nos llevaron a unos asientos situados por toda la habitación.

Había una diana con dos colores: azul y rojo. También una ventana al lado, por donde entraba luz y era lo único que hacía que la habitación no estuviese a oscuras.

Uno por uno íbamos pasando y nos ataban las manos con una cuerda a la silla. Pensé en huir, pero como me moviera lo más mínimo probablemente me dispararían.

Un hombre empezó a golpear la pared y llamó la atención de todos.

—Bueno "delincuentes", ha llegado vuestra hora —Nos enseñó un cuchillo—. Este cuchillo decidirá vuestra forma de morir.

Se dio la vuelta y lanzó el cuchillo a la diana, para darle de espaldas. El cuchillo se clavó en la zona roja.

—Oh, os ha tocado morir de calor. Que lo disfrutéis —Señaló la ventana—. Podríais morir a oscuras, pero creo que es mucho mejor si vais viendo cómo mueren los demás.

Salió por una puerta y esta se cerró completamente.

Miré a mi alrededor ¿Esto era para matarnos?

Me fijé en la gente, en la habitación ¿De verdad que iba a morir en una habitación-horno?

Podrían habernos disparado a todos directamente y haber acabado antes. Aunque sería mala idea porque podríamos evitar las balas con nuestros poderes.

Nuestros poderes.

¡Exacto!

Eché una ojeada a la sala, y busqué algo que pudiera cortar la cuerda. Miré hacia la diana y me dí cuenta de que el cuchillo seguía ahí.

El cuchillo.

Me concentré en él, hacía tiempo que no utilizaba mis poderes, seis años...

Nunca en la celda he llegado usarlos, mi mala suerte comenzó el día que los utilicé.

Me imaginé el cuchillo saliendo de la diana. Cerré los ojos y visualicé la imagen un montón de veces hasta que oí un ruido, un metal cayendo al suelo. Miré la diana, el cuchillo se había caído y ahora estaba en el suelo.

Hacía mucho calor y me ardían las manos, pero decidí no centrarme en eso, debía concentrarme en el cuchillo.

Me lo imaginé moviéndose hacia mí. Todas las miradas de la gente de la sala están puestas en el cuchillo, menos la mía, que tenía los ojos cerrados, centrada en mi labor. El cuchillo iba moviéndose despacio hacia mí.

Pasaban los minutos y el calor era cada vez más sofocante.

Abrí los ojos y el cuchillo estaba debajo de mis manos. Me lo imaginé volando hacia mí hasta que noté que rozaba la palma de mi mano.

Corté con el cuchillo la cuerda, el calor era tan intenso que todas las partes de mi cuerpo estaban sudando.

La cuerda se desató y fui corriendo a la chica que tenía al lado y desaté su cuerda. Pude liberar también a un niño pequeño, al cual le dí el cuchillo y se puso a desatar a más gente.

—Tenemos que encontrar la forma de salir de aquí —dije buscando algún lugar por el que escapar.

La chica señaló la ventana. Miré por ahí en busca de algo útil. Era imposible romperla con las manos, pero había una obra cerca, y más adelante un bosque muy frondoso.

Me centré en la obra, vi un mazo cerca. Tenía una idea, pero iba a ser muy difícil.

Hice que el mazo viniese hacia mí y cuando llegó, atravesó la ventana dejando un hueco para salir. Cogí el mazo y rompí lo que quedaba de cristal.

De un salto, atravesé la ventana y la chica me siguió.

Corrimos lejos, lo más lejos que pudimos. Algunas personas salieron también, pero al poco una explosión sacudió el edificio. La onda expansiva no consiguió alcanzarnos, pero sí alcanzó a todos los demás.

Al salir fuera, me agitó el frío de una manera espeluznante y me mareé un poco, usar tanto los poderes hizo que me empezara a doler la cabeza. La bomba había alcanzado a todos, menos a la chica que estaba conmigo y a mí. El cuchillo estaba allí, en el suelo, había salido disparado por la explosión.

La chica sin dudarlo lo cogió, me agarró del brazo y tiró de mí.

Nos adentrarnos en el bosque cuando de repente un árbol gigante estaba a punto de caernos encima, provocado por la explosión.

No me daba tiempo a escapar, el tronco era demasiado gordo. Tenía que intentar algo, la idea era una locura, pero si no lo intentaba iba a morir. Aunque si no funcionaba, moriría de todas formas.

Me dispuse a parar el tronco, mis pies estaban bien apoyados en el suelo.

Concentré toda mi energía, hasta la mas mínima pizca que me quedaba en las manos, y antes de que el árbol cayera, mandé mi energía al tronco.

Y el tronco quedó suspendido en el aire.

No podía moverme, el tronco pronto me caería encima. Pero algo tiró de mí antes de desmayarme.

Mentes PoderosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora