"CAPÍTULO 24"

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Caín sintió la calidez al entrar por la puerta, ya había anochecido, y afuera hacía un frío de los mil demonios

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Caín sintió la calidez al entrar por la puerta, ya había anochecido, y afuera hacía un frío de los mil demonios. Después de haber caído la tormenta había comenzado a nevar como sí nunca lo hubiese hecho.

Deambuló por horas sin rumbo, no le importó estar aún mojado de toda su ropa, se quedó más de lo que deseaba junto a la carretera meditando lo sucedido. Después de toda aquélla revelación, necesitaba despejar su mente y sobre todo, sentirse él mismo de nuevo, en él, no tenía qué cambiar demasiado las cosas, solo se había dejado claro que se permitiría disfrutar de la sensación que ella le proporciona hasta que el último día llegara a su fin.

Vio a Maya sentada sobre el sillón con sus piernas tocando su pecho, su mandíbula reposando en ellas, y cubierta con una cobija. Su guitarra estaba a un costado sobre el suelo y estaba absorta observando las llamas de la chimenea. Estaba de costado a él, así que se permitió disfrutar de aquél perfil angelical; sus espesas pestañas, su nariz recta, y aquellos labios que moría por besar una vez más.

Ella volvió el rostro y le miró. Su mirada era la misma de siempre, no había cambiado por lastima o pena como imaginó que sería, agradeció que fuese de esa manera, no está tan dispuesto a soportar lastima, no al menos por ella.

Camino mientras sacaba su chaqueta aún húmeda y la dejaba en el respaldo del sillón antes de dejarse caer ahí.

—¿Me estabas esperando? —insinuó, señalando las cartas que estaban encima de la mesa de centro.

—No te creas tan importante, Noreen y yo estábamos jugando, pero estaba cansada ya, así que acaba de irse, además, ya cené así que no hay nada que puedas apostar.

Maya trató de verse normal, no dejó que la melancolía por lo que él había dicho se reflejará en su rostro. Aquel hombre tan seductor, al que conocía tan bien y tan mal a la vez, el que le proporcionaba tanto placer, era su amante.

Y había vivido él lo más profundo del abismo por el dolor.

La certeza de no perdonar a un padre, no tener sueños, ni anhelos, y culparse por la muerte de Chad, era algo insoportable para un ser humano, ahora entendía su ego, su altanería, ahora sabía qué solo era una barrera construida por el mismo para no dejar ver su verdadera esencia, aquél corazón blando que sabía existía en su interior.

—Podemos apostar otra cosa. — Caín alzó ligeramente sus hombros—. ¿Me tienes miedo acaso?

—Por supuesto que no— soltó algo ofendida e incorporándose en el sofá, dejándole ver a Caín la desnudez de sus piernas por el diminuto short que llevaba.

Él se inclinó frente a la pequeña mesa y tomo el puño de cartas para badajearlas en sus manos, mirándola de arriba abajo.

—¿Qué te parece si el que pierda, salga completamente desnudo a fuera?

—Estás loco, ¡Está haciendo un frío del demonio!

—No seas niña fresa Pooh, y diviértete un poco. — ladeo la comisura de su boca en una sonrisa perversa.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora