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- Si quieres podemos hacer el banquete en la finca de mis tíos - Pensaba que no había nada peor que la voz de pito cargada de nervios de mi hermana, cada vez que tiene que organizar algo para la boda.

- Ni de coña Juan Carlos. Ya has hecho bastante por nosotros - Pero después de soportar los superconsejos de Juan Carlos, creo que he encontrado mi pasadizo al infierno.

- Pero Farru... - Mi hermana se llama Rocío, pero debido a su carácter y su costumbre de ponerse Farruca, se le ha quedado ese apodo - ¿Sabes lo bonito que quedaría todo? - El padrino sonríe y sujeta las manos de la novia con la esperanza de que cambie de opinión.

- Yo quiero casarme en Madrid. Y el novio va donde dice la novia. Punto - Pero mi hermana es cabezota y de ideas fijas. Cosa que es puramente genético en las mujeres de mi familia.

- Sigo diciendo que Fran tiene razón - Me mantengo al margen, pero dejo de fingir que no existen en cuanto Juan Carlos pronuncia las palabras mágicas para encender a su mejor amiga.

- Es mi boda - trago saliva y veo las llamaradas escapar de las pupilas azules de mi hermana - Cuando tú te cases - pronuncia esas palabras como si fuesen un insulto - te dejaré que te pongas en plan Diva - veo a Juan Carlos morderse la lengua - pero por ahora mando yo.

- Vale Farru, como quieras - suspira - Pero entonces tendrás que pagar los viajes de la familia de Fran - Apunta a su cara con el dedo índice, a lo que ella asiente dispuesta a pagar lo que sea, con tal de que su chico se case el día más feliz de su vida. No es que mi cuñado me caiga mal, es un tio deputamadre pero es andaluz. Y por tanto tiene una estirpe de amigos, tíos y primos bastante ruidosos, que no encajan con la idea de una boda íntima y sencilla en el centro de Madrid.

- Y la tuya - Cuando escucho esas palabras se me ponen los pelos de punta. La ultima vez que vi a la familia de Juan Carlos me salió un sarpullido. Hará casi año y medio. Justo el mismo tiempo que Fran lleva siendo mi cuñado - Fran adora a tus padres. Por no hablar de los gemelos. Los sentaré con Belén...

- Ni de coña - interrumpo sobresaltada, sintiendo un picor insoportable en los brazos. Tengo dermatitis nerviosa, y cada vez que oigo hablar de los gemelos Oviedo se me disparan los sensores anti estrés y mi cuerpo muta cual camaleón - Paso de hacer de canguro con esos dos. Con todos mis respetos Juanqui, pero no los aguanto - termino sincera.

- Rocío - Cuando Juan Carlos llama a mi hermana por su nombre de pila, es grave - Deja de intentar controlarlo todo. Eres la novia y puedes delegar en todo el mundo. Tienes ya el vestido, quedan tres meses aún y tu chico está totalmente volcado en los preparativos. Relájate - Envío un agradecimiento silencioso por el giro en la conversación - ¿Has pedido cita para el matojo? - Oh Dios mío. Definitivamente prefiero hablar de los Oviedo que del felpudo de mi hermana.

- ¡Vale! - grito poniéndome de pie antes de que la señorita Rocío pueda responder - Información gratuita de Orange. Voy a insonorizarme en el baño.

Y eso hago. Escapo del salón-recibidor-cocina-comedor del pisazo de Juan Carlos, hermano mayor de los gemelos del momento, y mejor amigo de mi hermana. Se conocieron en Londres hace años, y desde entonces han sido uña y carne.
Supongo que bailar el tema Single Ladies bajo la lluvia inglesa un domingo depresivo une muchísimo. Ambos volvieron a España y gracias al super salto a la fama de los monstruos con los que comparte apellidos, Juanqui, así lo llama mi hermana, acabó mudándose a la alta sociedad de Madrid.

Mi familia es de Madrid de toda la vida. Y vivimos en la ciudad de toda la vida. La parte divertida de la historia es que Juanqui estaba arto de que su Farru, se quejara de que no encontraba a su príncipe azul en ningún sitio, así que decidió probar suerte como Cupido, y emparejarla con Fran. Su mejor amigo sevillano de la infancia.

Hace año y medio más o menos que me metí en un Ave directo a Sevilla para acompañar a mi hermana a su cita a ciegas. Juanqui había organizado un encuentro casual para los dos, y yo tenía que acompañar a mi hermana si no quería quedarme en casa muerta del aburrimiento, bajo la dictadura de mi madre. Así que me fui al sur. Que dicen que allí se hace bien el amor.

Alejandra, una de mis mejores amigas, me escribió un manual de instrucciones y cosas que debía saber de los gemelos Oviedo, para que supiese a que atenerme en el momento en que Fran, Juanqui y Rocío se fuesen de tardeo, y yo me quedase en el exilio con Daniel y Jesús.

No tengo escapatoria. Para mi cuñado son como hermanos pequeños, y para mi hermana, lo mismo por rebote. Tengo que ser educada y fingir que no me sacan de quicio.

-¡¡Belén!! - Oigo la voz del Oviedo al otro lado de la puerta - Tu hermana ya ha acabado de contarme lo bien que le está funcionando el láser ahí abajo, y lo bonito que le está quedando el matojo para la boda. Puedes salir - Abro la puerta de golpe mostrándole mis desfiguradas cejas.

- Gracias. Necesitaba saber eso - escupo sin disimular el sarcasmo

- Pequeña, tienes que entender que sea un detalle importante - paso por delante de el en dirección al sofá en el que está mi hermana - Se va a desflorar la noche de bodas...

- Juan Carlos, porfavor - se carcajea mi hermana cruzando las piernas con elegancia.

- No digas desflorar delante de mi. Me dan arcadas - advierto fastidiada

- Pues hija a tu hermana le van a...

- Me sentaré encantada con tus hermanos - interrumpo sonriente con la más falsa de las alegrías pintada en mis labios. Juanqui asiente y oculta su gesto de victoria. Cabrón. Mi hermana aplaude y saca una tabla de cartón en la que ha diseñado un plano con la distribución de los invitados.

- De tu edad he invitado a Vero - me dice señalando un círculo rojo con su nombre.

- Tiene dos años menos. Y es muy rara - me quejo

- Belén. Le doy clase desde primaria y quiero que se integre con gente normal y que salga. La pondré contigo, con los gemelos y con Ale.

- ¡¿Ale?! - mi hermana asiente - ¡Muchisimas gracias! Eso es genial, Rocio. Te quiero - me lanzo a besuquear sus mejillas profundamente aliviada por que mi mejor amiga me acompañe en mi labor social.

- Es tu amiga, Belen. No soy tan mala. Creo que en esa mesa estaréis bien. Y luego ya los mas pequeños y...

A partir de ahí vuelvo a fingir que no existen. Mi cabeza traza un boceto de los mil y un momentazos que puedo vivir junto a ella en una boda. Y más en la de mi hermana. Va a ser épico. Legendario. Apoteosico.

Si no fuera porque ella estará encantada de sentarse con los gemelos.

Mierda

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