Capítulo 20 (II)

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—¿Hola?... ¿Lumbërt?

Madison siguió caminando por el lugar, sin detenerse. No sabía cuánto tiempo hacia desde que había entrado por la puerta, pero a pesar de ello no se detuvó. No había nadie en ese sitio, y aun con la soledad que comenzaba a experimentar, sentía que había algo mucho peor que encontrarse sola en el lugar.

Como si la habitación el diera la razón, un extraño sonido se hizo presente por todo el lugar. Al principio comenzó como un rumor, pero conforme fue avanzando ese se hizo más y más fuerte, al grado que cuando llegó a cierto punto se llevó las manos a los oídos y dijo, casi gritando.

—Basta. Ya cállate.

Nunca supo en qué momento se había asustado tanto, pero cuando habló, Madison notó que sus manos temblaban, al igual que sus hombros. La morena se abrazó con fuerza, hasta que sus dedos se tornaron blancos.

No quería seguir ahí. Odiaba haber entrado por esa puerta.

De repente, un milagroso descubrimiento llamo su atención. El sonido había cedido hasta que solo se oyó un suave rumor en la lejanía. Sorprendida por ese hecho, la joven siguió caminando por el lugar en busca de la dichosa palabra que necesitaba escuchar.

—Haber... ¿Qué fue lo que escuchaste, Steve?

—Vamos, ¿Después de lo que paso en casa de Lartër, que crees que oí? —, el sujeto se encogió de hombros, a lo que el pelirrojo le dio un fuerte golpe en la espalda al tiempo que decía con una gran sonrisa. — Pues "fuego", y la verdad no me sorprende. Era lógico que algo así de poderoso se viniera conmigo, no como al llorón de Carter que le tocó algo que ni se para que sirve.

Con una ceja en alto, el chico hizo aparecer una flama sobre su dedo índice, a lo que Lumbërt le tomó la mano con firmeza y negó.

—Aquí no hagas eso. Algunos elementos que se guardan tras las puertas reaccionan con el fuego... No creo que quieras salir volando por una explosión, ¿O sí?

Steve tragó con fuerza y disolvió la llama. Después se fue a parar junto a Carter y Robin y comenzó a hablar sobre lo que le había pasado cuando entró en la sala que había, tras la puerta que eligió.

—Qué raro... Estaba casi seguro de que Madison sería de las primeras en salir.

Con esas palabras, Lumbërt arrugó la frente y siguió con su labor.

Ya le dolían los pies a Madison. No sabía cuánto tiempo llevaba caminando, pero por lo que sentía estaba casi segura de que ya había pasado más de una hora. El ruido que hacía su estomago le recordaba constantemente que no había comido mucho, y a pesar de que el sonido ya no era tan fuerte como antes, seguía hay. En todo el lugar.

—Rayos, ¿Por qué no dijeron que iba a ser tan tardado? Por lo menos nos hubieran preparado.

Con el ceño fruncido, la morena se detuvó y tomó asiento en el piso para sacarse el tenis del pie derecho. Ya se estaba retirando el húmedo calcetín de la piel, cuando un breve y casi imperceptible susurro se escuchó junto a su oído.

—Sombras... MaClownt.

—¿Cómo?

De un salto, Madison se puso de pie con el calcetín en la mano. No había nadie en el lugar, y tampoco veía un lugar donde pudieran esconderse.

Sorprendida por ese hecho, la morocha notó que una puerta se iba materializando muy cerca de donde se encontraba.

—¿Qué?... Al fin.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!