Una no tan inocente apuesta (KiSol)

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 • Kidoh x Hansol • 


— ¡Vamos Hansol!, ya perdiste— dijo exageradamente alegre Kidoh mostrándole el traje mas llamativo y lleno de volados que la hermana del chico usaba para hacer cosplay.

 Hansol suspiró dramáticamente. Sabía que no debía haberlo hecho, no debió haber apostado en algo que sabía que inevitablemente perdería. Fue todo su culpa, se dijo fulminándolo con la mirada. Su vena competitiva lo cegó cuando oyó que le sería imposible hacerlo. Debía admitir que cayó de la manera más tonta. Quería golpearse por ser tan inmaduro.

 Tenía que haber jugado damas... en eso era inusitadamente bueno.

 Le arrebató el disfraz y buscó los accesorios antes de meterse al baño a vestirse.

 Descubrió que era difícil hacerlo sin ayuda y eran demasiado los detalles que el traje llevaba, aún así lo consiguió... luego de muchos y agotadores minutos.

 Kidoh pensó que el chico trataba de escapar del castigo, por eso lo llamó incontables veces, hasta cansarlo y hacerlo enfadar.

 Pero, cuando finalmente salió, se quedó sin aire.

 Hansol se paró frente a él enojado, y con el rostro enrojecido de furia y vergüenza, y la mandíbula de Hyosang cayó irremediablemente al suelo de la impresión.

 El corto vestido apenas cubría su trasero dejando casi a la vista unas blancas braguitas que venían a juego, las medias largas y blancas también con sus ligueros abrazaban sus piernas delicadamente y la larga peluca terriblemente llamativa enmarcaba su ruborizado rostro a la perfección.

 A Kidoh le pareció una imagen sacada directamente del infierno mismo... invitándolo a pecar de la forma más perversa con su mejor amigo.

  ¿En qué pensaba?

 Se pateó internamente, aunque sabía que debía felicitarse por la exquisita elección del vestuario.

— Has la foto que ya quiero sacarme esto— apuró el chico.

 Estaba frustrado por lo increíblemente bien que se amoldaban las prendas a su cuerpo. No podía creer lo diferente que lucía. Al echarse un vistazo realmente pensó que el espejo se había descompuesto.

 Increíble.

 Se despidió vagamente de su ahora totalmente inexistente masculinidad.

 Kidoh no podía despegar la vista del delgado y femenino cuerpo del chico. Verlo así lo excitaba y sinceramente no había pensado en eso. Quería que se vea mortalmente avergonzante, no caliente. Y joder que era tentadora su piel apenas expuesta. Podía sentir como empezaban a apretarle sutilmente los pantalones en la entrepierna.

— Oye... ¡la foto!

 Asintió torpemente  y tomó su móvil.

— Espera...—Hansol mordió su labio con fuerza— de espaldas, no quiero que se vea mi rostro.

 Se dio vuelta rápidamente, así ocultaba al mismo tiempo su furioso rubor. Apoyó sus manos y frente en la fría pared totalmente resignado.

 Kidoh sentía que sus ojos se perdían en los detalles más pequeños. Las largas hebras de cabello artificial caían como cascada hasta su espalda baja y no podía evitar mirar aún más abajo.

— Hansol, una de las cintas del liguero se desprendió— murmuró débil y enronquecido.

— Pues abrochala, quizá veas lo que cuesta hacerlo... así dejarías de gritarme para que me apure con tanto énfasis.

 Tragó grueso. La cinta colgaba peligrosamente sobre su trasero.

 Al tomarla rozó su muslo sin querer. Sintió como se tensaba al instante, pero no dijo absolutamente nada, tampoco cuando lo tocó una vez más... esta vez algo más consciente de lo que hacía. La tercera vez que acarició su piel a sabiendas pensó que se quejaría... nunca creyó que por el contrario se le escaparía un jodido gemido.

 Tenía la piel caliente y suave... increíblemente suave. Una vez que sus dedos la rozaron ya no pudo parar. Sus manos querían abarcarlo todo y el menor muda y sumisamente dejó que lo haga.

 Kidoh metió los dedos bajo la falda y entre sus muslos ardientes. Se sentía tan malditamente genial tenerlo en sus manos y era tan condenadamente sensible a cada toque.

 Bajó gradualmente sus bragas y una vez quitadas abrió sus piernas un poco. Podía sentir como el miembro del chico se iba poniendo duro mientras lo acariciaba con temblorosos dedos. Su mente estaba en blanco y todo lo que quería era oírlo gemir una y mil veces más. . Necesitaba oírlo gemir de forma ferviente su nombre.

 Buscó a tientas su rosado agujerito y comenzó a masajearlo hábilmente, pero sabía que faltaba humedad para penetrarlo... y realmente deseaba enterrarse profundamente en él.

 Levantó la falda y cayó a sus pies. Con sus manos separó sus blancas nalgas y enterró la lengua en su entrada disfrutando la retahíla de de jadeos y grititos ahogados que dejaba escapar.

 Sentía que estaba en el jodido paraíso.

 No vaciló un segundo cuando lo sintió lo suficientemente mojado y se deslizó profundamente, sintiendo el interior caliente y deliciosamente apretado del chico. Estuvo varios minutos aguantando con dificultad a que se acostumbre y cuando dio su consentimiento golpeó dentro casi con brutalidad una y otra y otra vez.

 Hansol se mecía hacia adelante con fuerza, arañando la pared debido a las intensas y abrumadoras sensaciones, mientras lo sentía embestirlo cada vez más profundo y con un ritmo acelerado y sensualmente erótico.

 Sintió la mano de Kidoh apresar su eje nuevamente y bombear al mismo ritmo de sus embestidas. No pudo controlar el salvaje orgasmo que lo tomó de sorpresa haciéndolo llegar al otro chico enseguida mientras sus paredes lo ordeñaban sensualmente.

 Aún sentía los espasmos mientras lo llenaba y le ronroneó sexy:

— Kidoh... juguemos damas.

 Había visto en el closet de la chica un traje que le sentaría a la perfección al mayor.

Toppdogg Drabbles¡Lee esta historia GRATIS!