Capítulo 1: "Él"

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Miraba por la ventana; veía los autos pasar por la carretera, como los árboles se volvían borrosos, como si fueran solo figuras difuminadas en agua. El paisaje eran tan distinto a mi ciudad pero al mismo tiempo tan igual; Las calles tan diferentes pero tan iguales. Todo tan igual pero tan diferente.

-¿Estás bien?- Preguntó Coraline.

-Si- me limite a responder, era obvio que no estaba bien.

Él se había ido; Hacía tanto tiempo de su partida que a veces pensaba en él como un sueño, un producto de mi imaginación. Era entonces cuando su foto en el escritorio de mi estudio me recordaba que fue real, que era real. Y que no volvería jamás.

El auto se detuvo dejando que Coraline y yo bajamos del auto en dirección al aeropuerto. Tomaríamos un vuelo a Ámsterdam y luego me olvidaría de todo; Me olvidaría que el existió alguna vez y de los sentimientos que planto en mi corazón y que luego olvido tan de repente, como si fuera un simple juego.

Una voz que salía desde los altavoces anunció la llegada del vuelo 996 que venía de Alemania. Mi corazón se estremeció y Coraline me miro preocupada. Deseche cualquier idea; Era casi imposible que él estuviera en ese mismo aeropuerto. Sin embargo mis ojos buscaban su rostro en cada persona que salía de la puerta de desembarque frente a nosotras.

Y justo como una ironía de la vida un hombre alto, delgado, con el cabello corto y un rostro casi aniñado apareció entre la multitud.

Deje de respirar en el momento en que le vi.

Era él. Coraline tomo mi mano preocupada y la apretó dándome ánimos, me susurro que todo estaría bien y que no pasaría nada. Mi corazón saltó de mi pecho tratando de ir hacia él; Seguía siendo tan estúpido como al principio.

Mi mirada encontró la suya y él se detuvo en seco. No había cambiado absolutamente nada en todos estos años. Quise huir, esconderme de su mirada en algún rincón oscuro del planeta y dejar que las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos se derramaran libres. El dio un paso hacia mí y yo di uno hacia atrás; mi cerebro trataba de procesar el hecho de que él estaba allí, frente a mí y que no era un espejismo, que era tan real como yo como y todas las personas que nos rodeaban.

-Vamos- Me apuro Coraline, lo miró con una rabia indescriptible y luego jalo mi brazo.

-No...- susurre casi para mí misma. Ella me miró con reproche y siguió jalando de mí con fuerza. ¿Cómo no entenderla? Ella era mi mejor amiga, había sufrido conmigo todo lo que mi corazón sufrió luego de su partida y había llegado a odiarlo tanto como yo debería haberlo hecho. Y como no lo hice.

Pero ¿cómo odias a la persona que amas?

-¡Lucyle!- Gritó a nuestras espaldas. Tanta Coraline como yo nos quedamos petrificadas, pero ella pareció recuperarse ya volvió a jalar de mí y me llevó aún más rápido a nuestra puerta de embarque. Yo me di la vuelta aun caminando y mire de nuevo en su dirección.

El trataba de caminar entre el montón de gente para alcanzarnos, pero la multitud no lo dejaba avanzar con suficiente rapidez. Mi corazón latía desbocado, parecía querer huir de mi pecho para ir a refugiarse entre sus brazos. Inconscientemente mi cuerpo también trataba de llegar a él, añorándolo de la misma manera en la que lo hacía cuando éramos felices. Finalmente, y en contra de mi voluntad, Coraline logro pasarnos al otro lado de la puerta, con sus gritos desesperados a nuestras espaldas, y luego dentro del avión con destino a Ámsterdam. Vi sus ojos llenos de dolor y desespero junto con su voz que aun me llamaba, justo cuando las azafatas le impidieron seguirnos y me odie por causarle tantas molestias

-¿Por qué lo hiciste?- Exclame histérica- ¡Él estaba allí!

-Exacto- respondió Coraline- Por Dios Lucyle, has llorado casi todas las noches de los últimos 3 años por él y aun así ¿quieres ir corriendo hasta él? Por favor, ¡ten un poco de orgullo! ¿Qué planeabas hacer? ¿Tirarte en sus brazos? ¿Rogar por un poco de amor?

Explote en un mar de lágrimas y le abrace. Ella dio un largo suspiro y me devolvió el abrazo.

-No llores- trato de consolarme- Lamento lo que dije, estoy molesta con él, no contigo. Lo siento

Asentí como pude, y aun así llore casi la mitad del vuelo desde Washington hasta Londres y dormí en las demás escalas hasta llegar a Ámsterdam. Cuando baje del Avión los recuerdos volvieron a mi mente y desee que el apareciera allí como por arte de magia.

Pero como era de esperarse, no apareció.


Lucas¡Lee esta historia GRATIS!