Capítulo 19 (II)

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—¡Por fin! Ro, ya despertó.

Medio deslumbrada por la cantidad de luz en la habitación, Jenn entrecerró los ojos y arrugó la frente, desperezándose al mimos tiempo que su amiga entraba al cuarto casi derrapando, y con una gran sonrisa en el rostro.

—Bueno, ¿Tú quien te crees? ¿Sabes lo preocupados que estábamos?... Eres una burra.

La castaña atrajo a su amiga con una mano y la estrujo con fuerza, agitándola al tiempo que hablaba.

—No puedo creer que hallas dormido tanto, Jenn. Ahora si te pásate.

—¿Qué? ¿Dónde...? El trineo.

—Olvídate del cochino trineo y mejor dime, ¿Por qué rayos no saltaste? Lo único que tenías que hacer era dejar que se rompiera tú pantalón y ya, pero no, ¿Cómo ibas a romperlo si te salió super caro?

—Ella nunca dijo eso, Ro —, Madison intervino, tirando de la castaña para que soltara a la peli teñida y la dejara levantarse.

—Es lo mismo. Estoy casi segura de que por eso, la muy tonta no se bajó rápido de esa cosa.

Ignorando las palabras de su amiga, Jenn se talló los ojos con ímpetu para borrar las extrañas manchas que habían aparecido en su campo de visión. No sabía cuánto tiempo llevaba en cama, pero tenía mucha hambre y unas ganas casi incontrolables de ir al baño. La chica se reclinó sobre la suave cama y se llevó una mano a la cabeza, diciendo.

—Oye, no creas que no está bien tú platica, pero en verdad tengo que ir a...

—Oh, eso, ¿Puedes levantarte?—, las risas que siguieron al comentario de Robin, desconcertaron a su amiga. — Te vas a llevar una buena sorpresa.

A pesar de ellas, no permitió que la castaña siguiera hablando y se paró con cuidando, yendo hacía donde le señalo Madison. Todavía seguía abierta la puerta, cuando la cabeza de Jenn se asomó por entre la ranura, viendo a ambas con el ceño fruncido mientras decía.

—¿Es en serio?

—Así es —, dijo Robin ampliando su sonrisa. — Relájate. No es tan malo como crees... Haz de cuenta que te encuentras en el siglo pasado y ya.

Con el labio torcido y un fuerte bufido, la peli teñida volvió a entrar al cuarto de baño. Tanto Robin como Madison se voltearon a ver, y la morena dijo.

—¿De verdad es tan malo lo del baño? Es que no le encuentro mucha diferencia a este y a los que hay en tú mundo.

—No te preocupes. No tiene nada de malo el baño... Feo sería salir de aquí para ir a una letrina.

—Bueno, si tú lo dices.

Cuando Jenn salió, ambas pudieron comprobar que la muchacha se había echado un poco de agua en la cara, además de que su cabello ya no lucía tan alborotado como hacía unos momentos.

La chica lanzó un fuerte suspiró y dijo.

—Y bien, supongo que ya nos encontramos en Liabiric, ¿Verdad?

—Así es, pero mientras te contamos como es que llegamos, ¿Qué te parece si vamos por algo de comer? No sé tú, pero yo estoy muy hambrienta.

Con esas palabras, las tres salieron de la habitación y siguieron a Robin por entre los largos pasillos de aquella enorme construcción. Jenn todavía no había preguntado por el sitio, pero en esos momentos prefirió guardar silencio hasta que llegaran a la comida, ya después haría todas las preguntas que se le pasaran por la cabeza.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!