Isaac Rumsfeld




Abrí mis ojos. Todo a mí alrededor se mueve. De arriba hacia abajo, de un lado a otro, como si la noche anterior hubiese festejado y bebido como si no hubiera un mañana, la jaqueca es realmente insoportable. Mi rostro está impregnado en el frívolo suelo del sepulcro al igual que mi cuerpo. Esperé unos segundos hasta que me vista volvió a la normalidad. Con mis dos manos traté de levantarme del suelo. Fue algo imposible, el dolor que recorre por mi cuerpo es horrible. Lo único que logré fue sentarme con dificultad y apoyar mi espalda en la pared. Mi cabeza me duele. Todo da vueltas. No sé en qué momento caí. No sé qué pasó. No recuerdo nada. Mi cerebro retumba y retumba al ritmo del palpitar de mi corazón. Ambos coordinados, ambos con dolor. A penas puedo controlar mi respiración. Mis ojos están cansados, me pesan, lo único que quieren es cerrarse. No puedo controlar nada, me siento inútil al no poder manejar mis extremidades con normalidad. Solo me queda esperar.

Una vez que mis fuerzas se han recuperado, me levanté y sacudí toda mi ropa. Aún puedo sentir mi cuerpo cortado, débil. Mis rodillas tiemblan y tengo miedo de volver a caer, pero esta vez, tengo miedo de no volver a levantarme.

Todo está oscuro. Sé que no estoy en el mismo lugar que el principio. Se puede apreciar por el deterioro del lugar, el aroma, hasta la misma superficie pude notar que era distinta al tan solo apoyar mis pies en el suelo. Al notarlo, la desesperación recorrió cada parte de mi cuerpo, y fue en ese momento en que me percaté de una pequeña e importante cosa: estoy solo, perdido, y yo sin Monett, no soy nada. Suspiré frustrado, tomé mi bolso y mi linterna que se había roto tras la caída que tuve, por lo menos batería aún le queda. Generé mi marcha a paso lento. El mismo silencio genera una incomodidad en mi interior, comencé a sentirme perseguido y a creer que alguien más está conmigo, siguiendo cada paso, acompañándome en estas vagas decisiones en busca de una salida.

No sé cuanto he caminado, el pasillo en el que me encuentro es eterno, y da la impresión de no tener un final. Camino con una velocidad moderada, sin embargo siento que no avanzo nada, ya que todo lo que veo a mi alrededor es lo mismo: oscuridad y murallas que se pierden en este manto lúgubre.

Jeroglíficos es lo único que me rodea. Todos dañados, lástima que no sé interpretarlos. Volví a fijar la vista en frente, no consigo nada si tengo mi atención enfocada en antiguos jeroglíficos. Frente mío hay una estatua enterrada en el suelo que interpone mi paso. Eso es raro, no es común que una escultura de una gran dimensión se encuentre dentro de un sepulcro por la escasa distancia entre una muralla a otra, al igual que la altura de la superficie con el techo. Creo que es una razón suficiente para afirmar que esta tumba no es normal como la que vimos con Monett hace unos días atrás.

Con el rayo de luz que sale de mi linterna dañada, comencé a observar aquella estatua de más de tres metros de altura. Mi cabeza no alcanza a llegar a las rodillas fabricadas de piedra y barro. Retrocedí unos cuantos pasos para analizar la figura con detenimiento. Moví la linterna de abajo hacia arriba, para luego notar que era una escultura de un hombre, normal de la realeza del antiguo Egipto. Sin embargo, al llegar al rostro tallado, este marcaba una gran diferencia al resto.

La figura más grande o poderosa, era representada como el ser divino, el más importante, comúnmente el faraón o uno de los dioses; bajo sus pies era esculpida de forma pequeña la mujer junto a sus hijos dejándolos en segundo plano y siempre de frente con forma simétrica, marcando la ausencia de expresividad acompañada de rigidez de actitud señalando respeto y divinidad. Este caso particular es diferente. Dejaron de lado todas las tradiciones, todos los cánones y las idealizaciones para dejar el paso en la escultura, la humanización. Este personaje tiene la cabeza alargada e imperfecta, sus piernas son gruesas, y su estómago es abultado. Lo único que se conserva de las antiguas tradiciones es la expresión de divinidad y en sus pies se encuentra la figura de una mujer, lamentablemente, su rostro se encuentra desfigurado.

El Misterio de Smenjkara (FDLA #1) [EDITANDO] ©¡Lee esta historia GRATIS!