Capítulo 38 | Bestias rompecorazones

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Jasmine canta a todo volumen una de las canciones de Taylor Swift, su cantante favorita, imitando el baile ridículo de las botargas de animalillos. Me hace recordar su relación con Greg, me ha asombrado mucho que no ha caído en sus brazos como damisela en peligro, a pesar de que él insiste una y otra vez en que la ama. Yo no creo que la ame porque cuando alguien ama no traiciona, no deja a esa persona a la deriva.

—Baby, I miss you and I swear I'm gonna change trust me. Remember how that lasted for a day I say I hate you, we broke up, you call me, I love you... Ooooh, we called it off again last night but... Ooooh, this time I'm telling you, I'm telling you... —Definitivamente mi amiga no es la mejor cantante, incluso hay estudiantes que la observan conteniendo la risa, pero no quiero romper sus esperanzas e ilusiones, ella es feliz creyendo que canta como Tay, ¿quién soy yo para negárselo? Me mira y extiende su mano hacia a mí como si tuviera un micrófono. Giro los ojos, sacude su mano frente a mi boca una vez más—. Vamos, el público está esperando.

—We are never ever getting back together —digo sin cantar, con la voz más plana que encuentro en mi repertorio. Jas suelta un resoplido, negando con la cabeza como si estuviera indignada.

Vamos rumbo a la biblioteca, y antes de que se pregunten por qué mierdas Natalie Drop iría a ese lugar en su sano juicio voy a aclarar que solo estoy acompañándola porque tiene que dejar unos libros antes de que su cuenta de atrasos se extienda y tenga que vender un riñón para pagarla.

Jasmine no quedó en la selección de animadoras, por supuesto que mucho menos yo, creí que se desanimaría al no encontrarse en esa lista, pero ella dijo que lo intentaría en el equipo de la universidad. Aseguró que no les agrada a las porristas por ser la ex novia de uno de los jugadores y que es mejor pues no quiere más dramas en su vida.

—Si quieres puedes esperarme afuera —dice Jas frente a la entrada de la biblioteca al tiempo que abre su bolso para sacar los cinco libros que tiene que entregar. ¡Cinco! Yo no abro ni siquiera uno a menos que me obliguen.

—Nah, te acompaño, no quiero quedarme sola en el pasillo. —Me encojo de hombros.

Ella abre la puerta, me coloco a sus espaldas. Da un paso y se detiene de golpe con la espalda tensa. Frunzo el ceño mirando su nuca, sin entender por qué demonios se ha congelado. Cierra y se hace hacia atrás, chocando conmigo.

—¿Qué te pasa? —pregunto, confundida—. ¿Ahora te crees cangrejo?

—¿Sabes qué? Creo que todavía necesito los libros, me faltaron unos capítulos para mi reporte de Literatura, vengo después. —Pero yo sé que me está mintiendo porque sus gestos han cambiado, su mente no está justo aquí y parece nerviosa.

—¿Es Greg? ¿Greg está con una de sus zorras? —Niega con la cabeza, sin embargo, hay algo extraño en sus ojos, no es la misma chica que venía cantando con alegría una de sus canciones favoritas y eso me molesta. Aprieto mis puños, me giro y entro a la biblioteca con la intención de partirle la cara a Gregory por ser tan descarado.

—¡Natalie! Espera, no es por eso. —Ya estoy adentro cuando ella lo dice, doy unos cuantos pasos con las manos puestas en jarras, recorriendo con la mirada todo el sitio, en búsqueda de Greg Fisher, pero lo que me encuentro es muy distinto a lo que estaba buscando.

Me quedo quieta mirando una mesa cerca del escritorio de la bibliotecaria, Shawn está mirando a Hannah, ella está dándome la espalda, él no se ha percatado de que estoy observándolos. No me gusta verlos juntos, eso es un hecho, hace que mi pecho duela porque soy insegura, más ahora que sé que ella lo quiere en su vida. Me molestaría menos si no estuvieran tan cerca, después de todo, Hannah es su amiga y no puedo convertirme en una de esas chicas celosas que controlan todo lo que sus novios hacen, ¿cierto? Y no es mi novio, pero quiero intentarlo.

Miradas azucaradas ©¡Lee esta historia GRATIS!