Ayer tuve algunos problemas a la hora de publicar el cap, ya se sabe, de esos técnicos que es mejor olvidar. Así que hoy publico un poquito antes por si acaso. Os dejo un cap. bien largo.

Y recordad, comentad, votad, y sobre todo, seguid ahí.

Cat

Odiaba los miércoles, y los jueves, y los viernes. Odiaba cada maldito día que tenía que entrar a esa maldita franquicia de comida rápida. Y no era porque cobrase una mierda, trabajara como un animal, ni porque la comida fuera una porquería, ni siquiera por los compañeros de trabajo. Ellos tan solo cumplían con lo suyo, igual que yo. Los odiaba por Nathan. Y no es porque fuera calvo, no, había calvos tremendamente sexy, mira Jason Statham. No, lo peor es que además de no saber asumirlo, creía que era guapo. Era verlo poner esas poses de "estoy para comerme", y te entraban ganas de vomitar. La "cortinilla de pelo" sobre la calva no era nada...ni siquiera normal se acervaba a lo correcto (cortinilla; véase foto arriba).No, él no tenía problemas de autoestima. Mi problema era que era la más joven y "apetecible" del menú de personal bajo su mando. Y cómo él era el "macho dominante", pues se sentía en la necesidad de acosar y derribar a todas las hembras que había en la manada. ¿Y cómo le paras los pies a un hombre que no entiende la palabra no, y además es tu jefe?. Pues no lo haces porque necesitas el trabajo, así que simplemente huyes. Me había convertido en una especialista en poner tierra de por medio, y cuando eso no era posible, me aseguraba de no estar a solas con él. Las insinuaciones nunca hicieron daño a nadie, pero los tocamientos y el resto de cosas que intentaba hacerme...brrrr, me dan escalofríos solo de pensarlo.

Así que allí estaba yo, un miércoles como el resto de los demás miércoles de mi monótona existencia, que no aburrida, no, eso no, Nathan ya se ocupaba de que no me aburriera. Tenía un ojo sobre las hamburguesas que estaba cocinando sobre la plancha, otro sobre mi compañera, otro sobre la línea de pedidos, y otro sobre Nathan. Sí, lo sé, me faltan ojos. Pero es que estaba pendiente de tantas cosas, que parecía que tenía 4 ojos, tres manos y dos corazones, porque juro que con uno era imposible mantener el ritmo de latidos que tenía dentro de mi pecho. Ir a trabajar, me hacía sentir como un zorro el día de la cacería. Pero podía con ello, porque era la misma mierda de casi todos los días.

- ¡Esta hamburguesa es un asco, está cruda!.-

Fue escuchar esa voz arrogante y conocida lo que hizo que uno de mis dos corazones se parara, y el otro se pusiera a latir como el de un galgo a la carrera. Decirme que no lo esperaba era mentirme a mí misma, porque sabía que acabaría encontrándome, como siempre lo hacía, como en los últimos 18 meses, desde que me atreví a dar un paso al frente y le mandé a la mierda, desde que descubrí en qué me estaba convirtiendo por su culpa, y saber que él quería llevarme más allá. Sí, él me quería, pero a su manera. Y eso es lo malo, que los hombres que entran en mi vida, siempre acaban haciéndome daño.

Cuando Nathan salió a atender a mi ex, supe que los problemas se acercaban, así que busqué rápidamente una salida. Rocky podía hacer que me echaran de mi trabajo, como siempre conseguía hacer, pero nunca dije que no lucharía para impedirlo. Él no tenía influencias en todas partes, el no era el rey, sólo era un príncipe con cerebro de bufón.

- Oye, Truddy. Si te encargas le la plancha unos minutos, yo vaciaré la basura de tu área.-

- Trato.-

Truddy era una niña que odiaba el olor de la basura, y no le gustaba recoger los cubos llenos de desperdicios y llevarlo al contenedor de la parte trasera del local. Ella era joven, quizás 17, y oler mal todavía estaba muy arriba en su lista de "a evitar". En la mía no, hacía tiempo que lo único que había en esa lista eran nombres de hombres, Nathan, Howard y el peor de todos, Rocky.

Préstame tu corazón - Serie préstame 5¡Lee esta historia GRATIS!