prólogo

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Aquella noche subí al tejado de mi casa como de costumbre lo hacía para leer tranquilamente un libro, solamente utilizando mis pantaloncillos para dormir y una camisa blanca. Como siempre, empecé a pasar pagina por pagina hasta llegar a la indicada por mi separador, pero de repente mi mirada vio algo para nada conocido, era la ventana de la casa de al lado; una ventana la cual estaba cubierta solamente por una cortina blanca. No pude ocultar mi curiosidad así que decidí echar un pequeño vistazo, escabulléndome por el tejado llegue hasta la pare lateral de mi casa, desde allí tenía una vista privilegiada; como esperando que algo pasará o esperando a que alguien se apareciera, fijé mi vista en aquella ventana descuidadamente abierta. Mi paciencia fue recompensada, pues a mis oídos llegó un grito, era la voz de una mujer, aquel grito era fino y apasionado y se repetía cada vez más. No podía creer lo que estaba sucediendo, yo estaba escuchando gemir a mi vecina, aquella mujer que todas las mañanas salía junto conmigo a la Universidad. Aunque sabía que estaba mal, no pude dejar de espiar; inclinaba mi cabeza para poder ver un poco de lo que estaba sucediendo en aquella habitación, no podía quedarme con el sólo ruido, tenía que ver lo que mi vecina estaba haciendo. Quería que mi placer fuera aún mayor. Aquellos gemidos se repetían, uno tras otro, cada vez que los oía mi cuerpo reaccionaba y tendía a excitarse cada vez más, el placer había llegado hasta mi, y es que se sentía tan bien lo que estaba haciendo, era tan excitante escuchar a una mujer gemir, aquella voz era tan fina que rompía toda aquella tranquilidad que alguna vez tuvo mi cuerpo, pues la perdí cuando aquel sonido llegó a mis oídos. Quería acabar con aquella agonía que tenía mi cuerpo, ¿Que era lo que la tenía tan excitada? ¿Que o quien estaba detrás de aquellos gemidos? Quería saberlo, quería hacerme con la imagen de una penetración, o tal vez, sólo tal vez la imagen de una mujer tocándose suave y apasionadamente. No pude más, mi cuerpo reaccionó sólo, me paré del lugar en donde estaba escondido y con todo el cuidado del mundo traspase el andamio que separaba nuestras casas, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero ya era demasiado tarde, había llegado a la ventana que estaba descuidadamente abierta.



Agachado y sentado en mis rodillas, decidí echar un vistazo hacia dentro de la habitación, con mucho cuidado estire mi cabeza y la pase por encima de la ventana, utilizando la cortina como camuflaje pude por fin hacerme con la imagen de la mujer que estaba tan llena de placer. Ella estaba sola en la habitación, pero aún así, se veía muy bien que era capaz de satisfacer sus necesidades, una mano recorría sus torneados y exuberantes senos, estos tenían unos pezones de color rosa, pequeños pero tan hermosos; su otra mano estaba en el lugar prohibido por naturaleza, pero insaciable por gusto, sus dedos entraban y salían de su vagina no con tanta rapidez, pero si con una pasión y de manera convincente. Se podía notar que en verdad la estaba pasando bien, sus gemidos no cesaban, y estos me volvían loco, aprovechando tan perfecta vista metí mi mano en los pantaloncillos que llevaba puestos, sin nada debajo de ellos, empecé a satisfacerme yo también utilizando como centro de inspiración a mi vecina, juntos ella utilizando sus delicados dedos y yo utilizando mi mano áspera, nos estábamos dando placer, en verdad estaba mal lo que estaba haciendo, pero mi miembro lo estaba disfrutando, yo lo estaba disfrutando, y ella en su mundo también lo estaba disfrutando.



De pronto los gemidos se hicieron más apasionados, sus dedos entraban y salían con más rapidez de su vagina, dejando a su paso un sonido aguado que me hacia saber que en verdad estaba excitada, su otra mano, la que estaba en sus senos. Está también empezó a moverse, primero se deslizó por todo su torso, haciéndome tragar mi saliva, luego regreso a sus pechos y como si estuviera satisfaciendo mis necesidades apretó uno de sus pezones, fue el derecho, lo tomo con sus dedos y empezó a manosearlo de manera brusca y descuidadamente. Más gemidos, más gritos de placer, y para mi más excitación, por un momento dejo de apretarse el pezón, su mano cambió de lugar, la llevo hasta su boca y jugando con sus dedos empezó a meterlos en ella, entraban y salían de su boca, su lengua los lamia de una manera extremadamente sexy, era como ver a un bebé jugando con su biberón, de la misma forma esa mujer estaba chupando sus dedos. Su otra mano tampoco cedía, cada vez que sus dedos penetraban su vagina, de esta salían gotas que poco a poco fueron creando un pequeño charco. Es que era tan bella, una piel blanca y suave que me llevaba a la demencia de tan sólo verla, un rostro tan perfecto, sus cejas realmente finas que hacían juego con sus pequeños ojos color negro, tenía un excelente cuerpo, y yo era el único aficionado que estaba siendo testigo de tan perfecta función. Su voz, cada vez que escuchaba su voz, mi cuerpo se iba hasta los límites, pero al ver el movimiento de sus dedos volvía a encontrar mis fuerzas para seguir dándome placer a costas de ella.



Llegó el momento, sus dedos fueron más rápidos, mi mano fue más rápida, lo más rápido posible fuimos los dos, aquel sonido que hacían sus dedos al entrar y salir de aquella vagina me excitaba cada vez más, su otra mano nuevamente estaba en sus senos y entre sus dedos tomó un pezón, esta vez el izquierdo, con todas sus fuerzas lo apretó; yo por otro lado ya estaba llegando al clímax, y fue cuando escuché aquel último gemido, y con el me vine, quede exhausto, ella siguió un poco más, pero un último gemido, el más agudo y apasionado de la noche me aviso que también se había venido, su cuerpo de contrajo y también se veía cansada. Yo tome un respiro, ella estaba en el suelo, se veía un poco agitada, sin cuidado alguno su rostro voltio a mirar hacia la cortina donde tenía mi cabeza, enseguida la saque de allí y me agache lo más que pude, saque la mano que tenía dentro de mis pantaloncillos, esta estaba sucia a causa de un líquido viscoso, en verdad que había disfrutado de aquella oportunidad, con mucha precaución y sin hacer un ruido alguno, regresé a el tejado de mi casa, me baje de el y al llegar al baño de mi habitación lave mis sucias manos. Deseaba que se volviera a repetir lo que había sucedido aquella noche, desearía volver a verla en ese estado de lujuria y placer, esa noche no pude dormir, toda lo noche estuve pensando en ella.



Y fue así como conocí una faceta desconocida de mi vecina, una faceta que poco a poco fui explorando cada vez más...


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