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—No puedo creerlo, de verdad que tu si eres una descarada de primera—, un grupo de chicas se había juntado frente a Lilly, encabezadas por Erika—, ¿Cómo te atreves a presentarte a la práctica? Creí que te había quedado claro, que no te queremos cerca de nosotras.

Sobándose el brazo, la joven se levantó de piso y dijo.

—Yo también tengo derecho a venir. Soy parte del equipo de voleibol.

—¿Qué no te lo dijeron?—, la sonrisa de Erika era tan grande que, por un momento Lilly pensó que iba a terminar lastimándose la mandíbula—. Estas fuera.

—¿Cómo?

—Sí. Hablamos con la maestra Romina y le dijimos que te sacábamos del equipo por estar faltando tanto.

—Pero eso no es cierto. He estado viniendo a todas las prácticas desde...

—¿Qué no escuchaste? ¡Estas fuera! ¡Lárgate de la cancha ya, y dejamos jugar!

Aquellas palabras provenientes de la boca de Mimí, hicieron que los ojos de su amiga se fijaran en ella. A pesar de los problemas que antes habían llegado a tener, la chica nunca le había hablado de esa forma tan grosera.

Hasta ese momento.

—¿Y bien? ¿Te vas a ir o tenemos que sacarte entre todas?

Con la injusta desventaja frente a sus ojos, Lilly no pudo hacer otra cosa más que asentir y apartarse del camino del que fuera su ex equipo de voleibol.

Algunas chicas de otros grados, le dedicaban miradas que iban de la curiosidad a la extrañeza. Pero sus compañeras de aula solo la pasaron de largo, bromeando sobre la caída que había sufrido el profesor de matemáticas, en la mañana.

—Demonios. Eso sí que no se vale, ¿desde cuándo las chavas del equipo pueden sacar a una así? Ni siquiera me dejaron ir a hablar con la maestra... me late que no quieren que lo haga, para no hacerlas quedar como unas mentirosas de primera.

—Vaya, hasta que por fin usaste las neuronas que te dieron tus papas.

De la jardinera salió Monserrat García, con su típica tez blanca y sus labios enmarcados con el lápiz de labios más oscuro que pudo conseguir.

Lilly retrocedió por inercia, a lo que la muchacha la detuvo con desganado ademan.

—Relájate linda. No tengo nada en contra tuya, solo quería saber si los rumores que habían estado circulando por el salón eran ciertos... y por lo que veo, parece que sí lo son.

—¿Qué? ¿Cuáles rumores?

Monse sacudió su lacia y oscura melena, diciendo.

—¿De verdad no lo sabes? Erika, Sandra y Mayra dicen que tú eres una cualquiera y que te encanta buscar hombres para llevártelos a tu casa. Si hasta Luis dice que te le has insinuado varias veces con...

—¡Eso no es cierto! ¡Odio a los niños! ¡No soporto que sean tan engreídos!

Ante aquel grito de guerra, Monse sonrió y abandono su lugar, acercándose peligrosamente a donde estaba su interlocutora.

—¿No te gustan los niños? Qué raro. Siempre te me hiciste la clase de persona que le iba más a los hombres, aunque no serías la primera guapita que prefiere a las chicas.

Tragando con fuerza, Lilly la detuvo mientras negaba con violencia.

—¡No! No quise decir que no me gustaban los hombres, sino que nunca andaría con alguien como ellos. Son demasiado inmaduros para mí.

Con la boca torcida en una clara muestra de decepción, Monse cruzo los brazos sobre su pecho, haciendo que resaltaran sus atributos al tiempo que hablaba.

—Vaya, y yo que creí que por fin había encontrado a una nueva amiguita... supongo que toca volver a buscar—, Lilly tragó con fuerza, gesto que su acompañante ya no pudo ignorar. Monserrat terminó sosteniéndose el estomago mientras reía con fuerza—. Lo siento. De verdad no pude evitarlo... es que te vez tan inocente que tenía que decirlo.

Superando las expectativas de su compañera, Lilly no se mostro enojada por la tomada de pelo. Lanzó un fuerte suspiro y acompaño a Monse en su carcajada.

—Demonios. Por un momento pensé que estabas hablando en serio.

—Para nada... y no es que tenga algo contra los que tienen otros gustos, pero no le tiro para ese lado.

—Entiendo.

Cuando dejaron de reír, Monse le pasó una mano por el hombro a Lilly y la sacudió con fuerza.

—Te juzgue mal; no eres como Erika y sus amigas... Me caíste bien.

La muchacha le sonrió a su interlocutora y permitió que se la llevara de las canchas. De lejos, tanto Erika como Mimí habían estado viendo a ambas, sorprendiéndose cuando notaron que la chica gótica estaba riendo con Lilly.

—Ven Mimí. Tenemos mucho que hacer y todavía no hemos podido acomodar a las nuevas en una posición.

—Sí—, algo cabizbaja, la mencionada apartó sus grandes ojos marrones de su ex amiga y prestó atención a la práctica de ese día.

Sin saber a donde la llevaba, Lilly se limitó a seguir a Monse por entre los salones y lockers de esa zona. La mayoría de las aulas ya se encontraban vacías y cerradas, por lo que le extraño que en cierto momento la muchacha doblara una esquina y entrara a una de estas.

Era claramente el salón de cómputo, y por la poca luz que había, apenas y podía distinguir las maquinas de hasta atrás.

—Ya llegue... traje a una nueva compañera para jugar.

—Muy bien. Mientras más seamos, mejor.

Las luces se encendieron con un fuerte clic, segando a Lilly de forma temporal.

Apenas estaban acostumbrándose sus ojos al brillo, cuando una voz ronca dijo.

—¿Es en serio Monserrat? ¿Trajiste a miss perfecta de hielo? 

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