Capítulo 18

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Inconsiente


Lo primero que vieron los ojos de Madison, fueron los arboles que se balanceaban al ritmo de una brisa mucho más suave y menos fría que la que había estado sintiendo hacia unos momentos. A pesar de que todavía veía algo de nieve, el ruido de algunos pájaros llamo su atención.

Fue ahí cuando se dio cuenta de que ya no se encontraban en el desierto de Quimm.

—¿Todos se encuentran bien?... No respondan. La primera vez pueden llegar a sentir un poco de asco, sobre todo por lo rápido del viaje.

La morena se llevó una mano al estomago y, tras comprobar que no estaba sintiéndose mal posó su vista en Ardëum y dijo.

—¿Dónde estamos? Esto definitivamente ya no es parte del desierto.

—No. Tienes razón —, la mujer señaló un punto por delante del trineo y arrugó la boca. — Estamos en la frontera para entrar a Liabiric... Pero creo que me quede corta con la distancia. Se supone que apareceríamos a unos cuantos metros de esta, y por lo que veo estamos más lejos de lo que esperábamos.

—No te preocupes. Yo me encargó de eso.

Sin más, Lumbërt bajó del trineo de un salto y se acercó a un árbol de ramas caídas, donde tomó asiento bajo su sombra y cerró los ojos, colocando sus manos en la dura tierra.

—¿Qué se supone que hace? —, la pregunta de Jenn fue interrumpida casi de inmediato por una arcada por parte de Robin. La castaña tenía el rostro pálido y los labios se hallaban algo agrietados. —¿Estás bien, Ro?

La chica negó y se llevó las manos a la frente, acompasando su respiración mientras su amiga le daba un par de palmadas en la espalda. Ardëum sacó de entre sus ropas una planta y se la tendió a ambas.

—Huélelas. Con eso se te va a ir quitando el mareo.

La joven no espero a que le dijeran algo más. Le arrebató la planta a su amiga y se la llevó a la nariz, aspirando con violencia; no pasó mucho para que terminara tosiendo.

—Con calma o vas a terminar con un buen dolor de cabeza y... ¡Lumbërt!

La mujer posó su vista en donde había ido a sentarse su amigo. En su lugar todos se encontraron con un caballo de crin y tez castaña, el cual trabó su vista con la de la fémina. Apenas habían pasado unos segundos, cuando Ardëum amarró la cuerda en torno al cuello y cabeza del caballo, y dijo.

—Vámonos... ¡Ahora!

El animal relincho se puso en marcha, guiado por Ardëum que tiraba de la cuerda cada cierto tiempo. Todos habían notado el cambio de actitud en la mujer. Algo no estaba bien, y por la velocidad que estaba tomando su marcha Madison no pudo ignorar por más tiempo el hecho. Ignorando las palabras de sus amigos, la morena se fue acercando a la fémina, aunque con cierta dificultad debido a que esta no hacía nada por reducir la rapidez con la que el caballo andaba.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué vamos tan rápido?

Sin mirarla, Ardëum posó su vista en un punto al costado del trineo y dijo.

—Nos estaban esperando. El enemigo viene para acá.

Con esas palabras, la morena fijó su vista en el punto que se encontraba viendo la mujer. No paso mucho para que sus ojos distinguieran una silueta entre los árboles que los rodeaban. Avanzaba casi tan rápido que el caballo y por más que este se apresuraba la figura no disminuía su marcha.

—Oigan, hay que volver por Lumbërt. Lo dejamos hay atrás y...

—No te preocupes por él, Ro. Viene con nosotros —, Madison señaló al caballo, sin apartar su mirada de su perseguidor. Solo era uno, pero por lo que había vivido tanto en la tierra como en Ancör no se atrevía a confiarse; siempre que los atacaban, el enemigo iba en grupo.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!