Isaac Rumsfeld





Conocer las afueras de Luxor fue una de las mejores recomendaciones que me habían dado en el trayecto de mi vida. Monett tenía razón, la experiencia que tuve fue espectacular, majestuosa, una sensación que es difícil de explicar; de seguro hubiera sido totalmente diferente si hubiese ido con algún acompañante o un guía turístico, aquellos que te dan tan solo cinco minutos para admirar las maravillas, sacar fotos y retirarte con rapidez ya que están contra el tiempo. Ver todos esos monumentos que se han conservado por más de tres mil años y que aún se mantienen en pie, me hace pensar que los egipcios no fueron personas normales. Lo digo por el simple hecho de que en el día de hoy hay un gran avance tecnológico y los expertos aún no pueden explicar. Algunos dicen que provienen de los alienígenas, lo cual podría ser una teoría razonable y discutible, pero hay otros que contradicen esto ya que niegan la existencia de los alienígenas.

Con el tamaño que tenía cada estatua, hicieron que me sintiera una hormiga al lado de todas estas bellezas, incluso me daban ganas de escalar para seguir conociendo y ver una vista panorámica de todo Egipto. La cantidad de tumbas que conocí fue grandioso, aún así no pude conocer todo en un día, necesitaba seguir recorriendo hasta saciar mi entusiasmo, y sólo una persona tenía la respuesta. Monett tuvo que aplazar todo lo que tenía planificado, ya que le supliqué que me acompañara, quería saber que mensajes transmitían en las paredes con todos esos jeroglíficos y ella era la única respuesta que tenía a mi alcance. Acepto refunfuñando, un punto menos para mí.

Fue especial ir con ella, ¡se sabía todas las historias al revés y al derecho! Se supone que los guías tienen este tipo de preparación, pero Monett ha superado a cada uno de ellos.

A pesar de vivir toda esta magia, ha sido enrevesado para mí compartir habitación con una chica, sobre todo con Monett que recién la estoy conociendo. Es primera vez que me he puesto nervioso ante una muchacha como ella, ni siquiera en mis relaciones pasadas había pasado esto. Tampoco creo que pueda llamar «relación» a lo que viví, ya que todas me han durado no más de dos meses, y todo es por el mismo tema: no compartían mis opiniones y pensamientos. Es más, no querían conocer nada sobre las antiguas civilizaciones, era realmente triste. También he conocido chicas con el mismo interés mío, pero al parecer nunca tuve la buena suerte ya que sus intereses con el tema de relación apuntaban en otra dirección. Entre todas ellas, esta Monett. Tiene un conocimiento más elevado que el mío, y hace que me sienta un completo idiota. Su mirada me intimida y estoy seguro que me ve como un chico raro. Me pongo nervioso a tal punto, que involuntariamente me retiro de la habitación cuando ella comienza a sacarse la chaqueta; de ahí siempre me dice la misma frase, a cada hora, en cualquier momento, normalmente cada diez segundos: «Me mandaron un monje en vez de un arqueólogo».

Ya eran las ocho de la mañana. Nos habíamos aseado y nos dirigimos a tomar un desayuno contundente. Huevos, salchichas, pan tostado, jugo de naranja, una taza de té y algunos pastelillos compusieron el mío. No se veía tan exagerado desde mi punto de vista, ya que mi compañera había sacado la misma cantidad, agregándole una considerable cantidad de fruta en un plato aparte, más unos panqueques con miel.

Tomamos nuestros bolsos y partimos hasta el puerto. El viaje iba a durar solo un par de horas ya que nuestro objetivo estaba al frente de Luxor.

El Misterio de Smenjkara (FDLA #1) [EDITANDO] ©¡Lee esta historia GRATIS!