Llegando al cielo

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~Capítulo 28~

{Isabella}

Una vez junto a Lee-Ang vimos en internet un vídeo muy gracioso, era sobre personas en una montaña rusa y las sensaciones que pasaban mientras estaban allí, nos reímos a carcajadas, pero luego quisimos probar qué se sentía y nos fuimos hacia un parque de diversiones y lo probamos. Esa sensación de ir bajando la montaña rusa más alta de todo el mundo a toda velocidad, no se comparaba con lo que estaba sintiendo en esos momentos. Las palabras dichas por LuzBel en ese tono ronco y amenazante sólo provocaron miles de sensaciones deliciosas y peligrosas en mi cuerpo, sobre todo cuando sin pensarlo se abalanzó sobre mí y se adueñó de mis labios.

¡Él te estaba besando!

Y aún no me lo creía.

Su forma de besarme fue posesiva, hambrienta, llena de deseo y con un solo motivo: demostrarme lo peligroso que fue tentar al demonio que llevaba dentro. Pero para mí, todo valía la pena en esos momentos; al fin sentía sus labios sobre los míos, cálidos, carnosos, dulces, suaves, todo eso conformando un beso dominante y en extremo de excitante. Se colocó mejor entre mis piernas y me apegó más contra él, contra su cuerpo duro y varonil, mordió mi labio haciendo que yo abriera los míos y de inmediato introdujo su lengua y sentí su piercing —¡Dios! Al fin después de tanto fantasear con eso—. Noté cómo su lengua se adueñó de mi boca jugando con ella cual serpiente sedienta. Rodeé su cuello para mantenerlo fijo, para que no se le ocurriera separarse de mí por ningún motivo y me abandoné a aquel frenesí improvisado y desenfrenado que su arrebato me provocaba; por momentos su beso era brusco, pero delicioso y con cada embestida que su lengua daba a mi boca sentía un delicioso cosquilleo en mi vientre, el placer que me producía junto con el dolor de su brutal boca provocaba una tensión que hacía que se me contrajeran los músculos de mi pelvis.

El éxtasis de ese beso era irracional y en cada momento que imaginé cómo sería ser besada por él, nunca le hice justicia a tan magnífica boca; sus manos hacían su trabajo al no quedarse quietas y trazar cada parte de mi cuerpo con caricias exigentes. Mis piernas se enrollaban en su cintura y con los talones de mis pies hice presión en su trasero y lo uní más a mí, sentí su erección rozar mi ya húmedo sexo y jadeé cuando lo sentí a la vez que tomé una bocanada de aire para aguantar su arrebatador beso. Sus manos hallaron su camino debajo de mi camisa y acariciaron mi abdomen. Mi mente se nubló ante tal placer y mi cuerpo adquirió vida propia cuando mi cerebro decidió dejar de funcionar, alcé un poco mis caderas y me restregué con toda la intención en su pelvis haciendo que gruñera en mi boca y llevara sus manos a mis caderas para hacer que volviese a hacer lo mismo.

—Sé mía Isabella —rogó cuando se separó unos segundos de mí y en esos momentos sólo fui capaz de verlo —te prometo que tu placer será mi único placer —susurró con voz sensual y después de ese beso, escucharlo solo hizo que mi corazón se acelerara cuando creí que más, ya no era posible.

¿Recuerdas cuando dijiste que esperabas a un hombre que te llevara al cielo?

Sí, a la perfección.

Pues tenías que decirle que sí Isa, si con ese beso te dejó idiota imagínate cuando te hiciera suya.

Negué ante mis pensamientos y me obligué a pensar mejor las cosas, Elliot acababa de dejarme por lo que sospechó que sucedía entre su primo y yo. Yo había pasado todas esas semanas triste y llamándolo porque en verdad me dolía que las cosas hubiesen acabado de aquella forma, pero cuando LuzBel volvió a atacar mi boca, me olvidé hasta de cómo me llamaba y era una sensación demasiado excitante, embriagadora y adictiva. Sus besos eran duros, pero a la vez dulces y tortuosos, me hacían querer cada vez más y él lo sabía, lo sentía, lo notaba.

Corazón de Hielo ® (18+)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora